Corozal, un patrimonio arquitectónico ignorado
Grandes casonas que datan incluso de más de 250 años, tristemente van perdiendo su encanto por la modernización

Corozal, un patrimonio arquitectónico ignorado(Caracol Radio)
Sucre
En el corazón de la sabana sucreña está Corozal, un pueblo de unos 60.000 habitantes y cuya fundación data de 1.775. Seguramente en el país es conocido por su gastronomía, los famosos pasteles y el manjar de yuca denominado ‘diabolín’, también por haber sido el escenario de una telenovela, ‘Las Juanas’. Sin embargo, Corozal es más que eso, es una historia viva en sí mismo, que tristemente está sucumbiendo a la modernidad.
Alrededor de la plaza de Corozal, se erigieron desde el siglo XIX enormes casonas españolas que, bien conservadas, harían de esta zona del municipio un rincón mágico y encantador. Sin embargo, asegura Jorge Barona, gestor cultural de Corozal, que las autoridades no le han prestado atención a esta riqueza cultural, y nunca se tomaron medidas para prevenir que las hermosas fachadas fueran demolidas y convertidas en moles con marcos de aluminio.
“Aquí pudimos seguir el ejemplo de Cartagena, de Lorica, en donde las administraciones pusieron los puntos sobre las íes y se trabajó por conservar el patrimonio. Aquí demolieron las terrazas para hacer autoservicios con grandes ventanales, hicieron un hotel de 4 pisos en una casona antigua, y los negocios ubican grandes pendones llenos de colores que contaminan la bella visual”, dice Barona.
Razón no le falta, en esta plaza se conservan sólo 3 casas en perfecto estado, y es gracias a los dueños que no han querido reformar las bellas fachadas. Una de ellas es la casa Viveriana, llamada así porque la construyó, por allá en 1.850 un delegado de la corona española apellido Viveros para que allí funcionara una sede de la Inquisición.
Remberto Amador, es un inquieto arquitecto que realizó una investigación del patrimonio arquitectónico de Corozal, sobre la casa Viveriana dice que “es una obra de arte, con detalles en su construcción españoles y árabes. Tiene un área de 2.100 m2, con dos patios y un pozo central, que recoge las aguas pluviales y las vierte por un sofisticado sistema de canales dentro del pozo”.
Esta casa es propiedad de una familia de la capital de la República y con mucho esfuerzo mantienen incluso parte del mobiliario que ha quedado como herencia desde 1.910, año en que fue adquirida por la familia. Sin embargo es costoso mantenerla, y se estudia su venta según aseguró Jorge Barona. “No queremos que eso pase con las pocas casonas que se conservan, al concejo municipal se le pide, de rodillas si quieren, que dejen de pensar en sus bolsillos, y piensen en la imagen del pueblo”.



