Cien años de Armando Villegas en el MAMBO: el hombre que veía arte en la cotidianidad
Se inauguró una exposición dedicada al homenaje del artista Armando Villegas en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. En el centenario de su nacimiento, la exposición celebra su legado y abre con una colección de más de 150 obras.
En 1955, un joven Gabriel García Márquez, que empezaba a hacerse un nombre a través del periodismo, visitó una exposición de pintura no impresionista de Armando Villegas en las emblemáticas Galerías de Arte “El Callejón” en Bogotá, y escribió para el Espectador: “Conocí estos cuadros de Armando Villegas, y súbitamente tuve la sensación de haber penetrado sin permiso su vida privada (...) Tengo la satisfactoria impresión de estar asistiendo al principio de una obra pictórica asombrosa.”
En el contexto del que sería su cumpleaños número 100, el pasado 3 de septiembre, el Museo de Arte Moderno de Bogotá inauguró la exposición “Villegas 100 años. Retrospectiva”, que busca rendir homenaje a la vida y legado del artista colombo - peruano Armando Villegas. La exposición abre sus puertas con una colección de más de 150 obras que abarcan un periodo desde 1950 hasta 2013 y construye un recorrido que da cuenta de la incansable capacidad de reinvención del artista a lo largo de su carrera: como pintor, escultor y promotor cultural.
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Cómo García Márquez pudo anticipar, Armando Villegas fue un artista pionero para el desarrollo del arte moderno en Colombia, ampliamente comentado y sobre todo, fue un artista que consolidó la modernidad en el país con una mirada que no tuvo miedo de dialogar con corrientes internacionales, pero nunca perdió de vista la importancia de lo propio.
La exposición
La obra de Villegas estará expuesta en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) hasta enero del próximo año.
El visitante accede y se encuentra en el primer piso del museo con el “laberinto barroco”. Valentina Gutiérrez Turbay, curadora de la exposición, compartió con Caracol Radio que “las obras de Villegas son de un formato muy grande, pero tienen muchísimo detalle.” Por esto, las obras están dispuestas cómo flotantes en el espacio, y el visitante puede caminar entre ellas mientras se acerca y detalla no sólo el cuadro, si no también su parte de atrás, que en esta sección es particularmente interesante, pues Villegas escribió dedicatorias en varios de ellos. Son obras principalmente de los años ochentas y corresponden, para iniciar, al “Villegas que esperamos encontrar cuando vamos a esta exposición.”
Llegando hacia las escaleras del museo, están expuestas las obras que corresponden al periodo abstracto. Comienzan a aparecer retratos experimentales y también la exploración con distintos materiales. En un juego de dimensiones, las obras están expuestas de tal manera que el visitante obtiene una experiencia distinta dependiendo del punto de la escalera del que se les mire.
Ya en el tercer piso del museo, se ofrece una mirada no lineal de Villegas. Se encuentran obras que corresponden a sus inicios, retratos académicos más tradicionales, nuevamente obras del laberinto barroco y una sección dedicada completamente a la experimentación.
Hay esculturas grandes y pequeñas, colores vibrantes, obras hechas con cuchillas, zapatos y chaquetas intervenidos e incluso una última obra, realizada solo 10 días antes de morir en el 2013, pintada sobre una toalla. Finalmente, en la mitad de la sala, un espejo intervenido con un guerrero pretende además
“invitar al visitante a verse al espejo y encontrarse en esa historia de mezclas que propone Villegas.”
En suma, la exposición busca poder ofrecer un acercamiento contemporáneo a Villegas. Más que buscar la construcción de un recorrido lineal, expone las diferentes facetas de un Villegas muy prolífico, que revela un gusto particular por lo fantástico y la figuración mientras se muestra cómo un ejemplo del hacer constante y de su capacidad para reinventarse dentro del oficio del artista.
La invitación a la ciudadanía es entonces a visitar la exposición y conocer la obra de un artista que creía firmemente, en sus propias palabras, que “uno nunca debe permitir que se le encasille en una única categoría.”
¿Quién fue Armando Villegas?
Volviendo a las palabras que García Márquez escribió para el Espectador en 1955, el haber asistido a la exposición de la obra de Villegas cambió por completo su percepción del artista. En el escrito, lo califica cómo un hombre impecable y correcto, sencillo, cordial y no muy llamativo. Sin embargo, después de conocer su obra, García Márquez escribió:
“Comprendí que durante todo este tiempo había sido un incauto, enredado en la delicada trama de su discreción.”
Sabiendo ahora que detrás de la aparente sencillez se escondía mucho más, dijo
“Me parece que Armando Villegas está tratando de plantear en estos cuadros, resuelto en formas y colores, un nuevo y muy especial concepto de la realidad.”
Lo anterior se entiende, teniendo en cuenta que en Colombia, la modernidad artística es un poco tardía, empieza en los años 50, impulsada por figuras cómo Fernando Botero, Alejandro Obregón, Enrique Grau, Marta Traba y el mismo Armando Villegas. Durante su desarrollo, en el panorama internacional aparecían vanguardias propias del contexto de la Guerra Fría.
El arte soviético se presentaba cómo una herramienta para el realismo social, cómo instrumento para dejar registro de esos valores naturalmente atados a un proyecto político. En Estados Unidos, en cambio, el arte estaba volcado hacia la abstracción y lo informal. La libertad artística implicaba asumir que el arte no debía ser herramienta para hablar de nada, debía ser arte y ya.
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Ante esas influencias, Armando Villegas parece escoger casi que “un tercer camino”. El artista nació en Perú en 1926 y llega a Bogotá con una beca para estudiar arte en la Universidad Nacional de Colombia. Años después, adquiere la ciudadanía colombiana y experimenta cierta discriminación cómo migrante en el país.
Así las cosas, estaba muy interesado en poder reconocer la realidad latinoamericana en su trabajo, el mestizaje y lo fantástico no solo son un tema recurrente en su obra, según Valentina Gutiérrez, curadora de la exposición, el mestizaje y la fantasía son más bien un método de creación.
El mestizaje, entendido cómo algo híbrido, además de la realidad identitaria en Latinoamérica, le permite a Villegas una forma de crear e interpretar el mundo. La mezcla, le permite incorporar técnicas académicas con métodos artesanales, y así, crear un diálogo entre la historia del arte occidental y patrones geométricos propios de la cultura inca. El mestizaje es entonces una realidad “impura”, en el sentido de que se alimenta de distintos referentes y lugares y esa es precisamente la actitud que Villegas asumía al crear.
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Aparecen en su obra representaciones de guerreros, los conquistadores, pero también los conquistados, exploraciones alrededor de la figura de Bolívar, pero una más real y menos atravesada por el relato histórico tradicional, e incluso representaciones del erotismo y la sensualidad. Según Valentina Gutiérrez, “tradicionalmente, lo bello siempre ha sido asociado a la representación de una mujer pura y blanca. Villegas intenta imaginarse, ¿Cómo puede ser esa Venus mestiza y caribeña? ”
La exposición ofrece entonces una visita única, no solo por la evidente calidad y legado artístico de la obra de Villegas, si no también, porque ofrece un recorrido que permite presenciar una visión de mundo muy particular.
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“Es una figuración fantástica, marcada por la imaginación, y que pretende mostrar que, un arte latinoamericano no necesariamente tiene que estar de espaldas a lo que está pasando en el mundo, pero si es muy importante que contenga mucho de lo propio y que lo haga con orgullo. Yo creo que Villegas era orgullosamente latinoamericano. ” -Valentina Gutiérrez.
¿Qué se lleva el visitante de Villegas?
En suma, la obra de Villegas evidencia un interés por representar la convivencia de mundos distintos. No se necesita ser un experto en arte para poder percibir la calidad de su trabajo, pero quizás vale la pena resaltar que la de Armando Villegas fue una vida entera dedicada al arte, y para su curadora,
“es una obra que busca inspirar mucho y busca despertar la creatividad porque vemos que para Villegas cualquier cosa podía ser el soporte para una obra. ”
Además, Valentina Gutiérrez añade que quizás lo que hace especial a Villegas, es que nunca dejó de crear, y así, el no tener recursos, no tener un soporte, incluso en su momento, el no tener salud, nunca fue un impedimento para seguir pintando, para seguir creando y para seguir “armando estos mundos tan maravillosos” que podemos conocer en la exposición.
“Creo que Villegas es un artista que sorprende por su habilidad técnica, pero también por su versatilidad” y quién asista la exposición tendrá la oportunidad de conocer su obra en un recorrido imperdible para entender a un maestro del arte colombiano.