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Misión en Córdoba: médicos en tierra y 60 animalitos rumbo a una nueva vida

Mientras 500 personas recibían atención médica gratuita, 62 perros y gatos sobrevivientes fueron trasladados a Bogotá para recibir tratamiento y encontrar un hogar.

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No se trataba de un vuelo comercial ni de una operación rutinaria. Sobre la pista se alineaban cajas de medicamentos, equipos médicos especializados y un grupo de profesionales voluntarios que se preparaban para despegar hacia Montelíbano, en el departamento de Córdoba, donde las inundaciones dejaron comunidades enteras bajo el agua y al sistema de salud local desbordado.

La misión original de la brigada médica estaba programada para otro departamento. Sin embargo, ante la magnitud de la emergencia en Córdoba, la decisión fue cambiar el rumbo y priorizar la atención.

“Decidimos venir y apoyar a esta zona con el tema de los damnificados. Para nosotros esta jornada tiene un plus adicional: traer salud especializada y medicamentos a personas que lo perdieron todo, además de ayudar a los animales que pueden tener una segunda oportunidad”, afirmó Enrique Martín, director de operaciones de la Patrulla Aérea Civil Colombiana, desde Montelíbano.

Ayuda Humanitaria Patrulla Aerea Civil Colombiana

Ayuda Humanitaria Patrulla Aerea Civil Colombiana

Durante estos días, el equipo médico —con especialidades en pediatría, ginecología, dermatología y optometría— atenderá cerca de 500 personas. Son pacientes que, además de haber perdido en muchos casos sus viviendas y pertenencias, enfrentan enfermedades crónicas sin seguimiento, infecciones asociadas al agua contaminada y afecciones que no pueden ser tratadas en el hospital local por falta de especialistas.

La operación hace parte del trabajo permanente de la Patrulla Aérea Civil Colombiana, una organización sin ánimo de lucro presidida por Julián Valencia Iragorri, presidente de la Junta Directiva, que desde hace décadas lleva brigadas médicas y médico-quirúrgicas a zonas apartadas del país mediante el apoyo de pilotos voluntarios y aeronaves privadas.

Pero esta vez, la misión tendría un alcance que iría más allá de la atención humana.

De una solicitud puntual a una gran operación

La historia del rescate animal comenzó con una petición pequeña y concreta: trasladar ocho gatitos rescatados de las zonas inundadas. En cuestión de días, esa cifra se transformó en una operación logística que terminó movilizando 62 animalitos entre perros y gatos para recibir ayuda en Bogotá.

Entre ayer y hoy llegaron 60 sobrevivientes. Dos gatitos recién nacidos fallecieron tras el traslado debido a su delicado estado de salud. Los demás inician un proceso veterinario integral en fundaciones de Bogotá y Medellín que abrieron cupos para recibirlos, para iniciar su proceso de adopción.

“Íbamos a traer ocho gatos y terminamos trayendo 60 perros y gatos entre ayer y hoy. Los refugios en Córdoba están colapsados; algunos superan los 600 animales. Era imposible mirar hacia otro lado”, explicó Elena, voluntaria temporal de la Patrulla Aérea y mente detrás del rescate, quien coordinó parte de la articulación.

Perritos Rescatados Cordoba

Perritos Rescatados Cordoba

En el terreno, el panorama era crítico. No solo familias fueron desplazadas por el agua. Cientos de animales quedaron atrapados en viviendas inundadas o vagando sin alimento ni refugio.

“Lo que se ve en las noticias es grave, pero la realidad es peor”, relató Maira, fundadora de Huellitas Callejeras Barranquilla. “Muchos animales se ahogaron: caballos, gallinas, ganado, perros y gatos. Los que estamos trayendo son sobrevivientes. Muchos estaban y estan desnutridos, enfermos o abandonados porque sus familias tuvieron que huir” explicó.

Una logística aérea milimétrica

El traslado no fue improvisado. En aviación privada de voluntarios junto a la Patrulla Aerea, cada kilogramo y cada modificación en cabina debe calcularse con precisión. Varias aeronaves fueron adecuadas retirando sillas para ampliar la capacidad de carga y permitir el ingreso de guacales con animales.

Veterinarias viajaron previamente a Montería para realizar selección clínica, inventarios, pesaje y organización de los animales. Cada guacal fue identificado y registrado para cumplir con protocolos de seguridad aérea.

“En este tipo de aeronaves no es posible equivocarse con el peso ni con las medidas. Todo debe estar perfectamente coordinado porque la seguridad del vuelo es lo primero”, explicó uno de los coordinadores técnicos de la operación.

Los vuelos se realizaron bajo los protocolos regulares de aviación privada: radicación de plan de vuelo ante la Aeronáutica Civil, especificación de rutas, horarios y puntos de aterrizaje. Según explicó el director de Operaciones Enrique Martin, no hubo restricciones adicionales para el traslado, más allá del cumplimiento estricto de las normas aeronáuticas.

La diferencia estuvo en la voluntad de convertir vuelos que normalmente regresaban vacíos tras dejar a los médicos en verdaderos puentes de rescate.


Llegar en una hora puede salvar una vida

Para muchos de los animales rescatados, el tiempo era determinante. Trasladarlos por tierra implicaba recorridos de ocho a diez horas, trayectos que, en condiciones de desnutrición o enfermedad, podían resultar fatales.

“El tiempo define si un animal sobrevive o no. En avión es poco más de una hora. Esa diferencia es crucial para muchos de ellos, pues podemos atenderlos mucho más rapido y no enfrentan a tantos riesgos”, explicó Mariana Casa, médica veterinaria y voluntaria de la Fundación Gora, una de las organizaciones que articuló la recepción en Bogotá.

La situación es critica para ellos. Los animales llegan con cuadros de anemia, infestaciones por parásitos, deshidratación y enfermedades infecciosas. El proceso ahora incluye exámenes virales, desparasitación, recuperación nutricional y tratamientos específicos antes de ser dados en adopción.

Una de las historias más simbólicas ocurrió apenas aterrizaron: una cachorra ciega y sorda fue adoptada por una persona vinculada a la organización, iniciando de inmediato su nueva vida.

“Queríamos que todos sobrevivieran. Perdimos dos gatitos recién nacidos y duele mucho, pero sabemos que los que llegaron aquí tienen una oportunidad real que allá no existía”, agregó Mariana.

Una articulación ciudadana sin precedentes

La operación fue posible gracias a la Patrulla Aerea Civil Colombiana y a la coordinación de más de 20 fundaciones y colectivos animalistas, entre ellos Fundación Gora, Lazo Animal, Fundación Bulls Colombia, Huella Amiga, Fuerza Animal, Second Chances y otros grupos que abrieron cupos en hogares de paso.

Muchos de los voluntarios no se conocían antes de la emergencia. Se encontraron en medio de la inundación y organizaron redes de apoyo a través de grupos de mensajería para distribuir animales, coordinar transporte y gestionar recursos para poderlos salvar.

“Todos dejamos cosas de lado para estar aquí. Cuando ves esto de frente, no puedes quedarte quieto”, afirmó Maira.

Un doble propósito que marca precedente

Para la Patrulla Aérea Civil Colombiana, acostumbrada a llevar brigadas médicas a territorios apartados, esta fue la primera vez que en retorno trasladaron animales rescatados de una emergencia.

“Esta misión refleja lo que somos: una organización que entiende que la acción humanitaria no tiene fronteras y que la compasión tampoco distingue especies”, señaló Pamela Estrada, directora general de la Patrulla Aérea Civil Colombiana. “Cuando decimos que servimos a la vida, lo decimos en serio”.

Mientras en Montelíbano continúan las consultas médicas y las comunidades intentan reconstruir lo perdido, en Bogotá los 60 sobrevivientes inician un proceso de recuperación que podría culminar en adopciones responsables, cuya adopción esta abierta a todos los ciudadanos.

La emergencia no termina cuando baja el nivel del agua. Las necesidades persisten, tanto en las personas como en los animales que quedaron desprotegidos.

Esta vez, un cambio de rumbo marcó la diferencia.

Mientras los médicos permanecen en territorio atendiendo pacientes, los aviones regresaron a Bogotá con guacales en lugar de asientos.

En la pista, voluntarios esperaban. Algunos lloraban. Otros ya preguntaban por procesos de adopción.

Porque si algo dejó esta emergencia es una lección incómoda: cuando el agua baja, la crisis no termina.

Las comunidades siguen necesitando atención médica. Los refugios siguen colapsados y cientos de animales siguen esperando.

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