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¿Cómo Iván Argote se convirtió en uno de los artistas colombianos más influyentes del mundo?

Con esculturas hiperrealistas urbanas, su obra transforma espacios públicos y conquista escenarios globales.

Iván Argote: el artista que conquistó los monumentos alrededor del mundo. | Foto: Getty Images

Durante la Bienal de Arte de Bogotá, Iván Argote sorprendió con una intervención que convirtió la plaza de la Universidad del Rosario en un escenario de afecto colectivo: una gran estructura amorfa recibió el primer beso del propio artista, dándole inicio a una “besatón” que invitaba a reconectar con la otredad. Esto resume el espíritu de su obra: crítica social, humor y una apuesta por la participación ciudadana.

Este bogotano estudió Diseño Gráfico en la Universidad Nacional y terminó en la Escuela de Bellas Artes de París, una de las instituciones más exigentes de Europa. Allí empezó a consolidar su corriente: arte urbano, videos con desconocidos y acciones que cuestionaban la desigualdad desde el juego y la ironía.

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Su carrera despegó cuando el galerista Emmanuel Perrotin, uno de los más influyentes del mundo, lo incorporó a su galería. A partir de ese momento, Argote pasó del video experimental a las esculturas monumentales y a intervenciones públicas que hoy se exhiben en museos de referencia global como la Bienal de Venecia, el Museo Guggenheim, el Palais de Tokyo y el Centro Pompidou.

De videos callejeros a esculturas gigantes: la evolución de un artista que incomoda con cariño

Antes de dedicarse a las esculturas colosales, Argote grabó videos pidiendo a desconocidos que le cantaran el cumpleaños o que aceptaran monedas que él les daba, cuestionando el valor simbólico del intercambio. Luego, ganó un concurso para exponer en el Palais de Tokyo. Ahí nació su interés por lo monumental.

Años más tarde apareció su pieza más reconocida: Dinosaurio, una paloma hiperrealista de seis metros y una tonelada instalada en el High Line de Manhattan. La obra, monumental y tierna a la vez, cuestiona la forma en que tratamos a “los indeseados” y propone un monumento a lo marginal.

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La pieza viajará próximamente a Viena como parte de una colección privada, y el artista planea una pequeña gira internacional antes de su instalación definitiva.

Hoy, además de sus trabajos en Tokio, Dallas, Taiwán y Berlín, Argote presenta una nueva exposición en Madrid con la galería Albarrán Bourdais. Allí, usando cemento de colores, reparó fisuras en las calles cercanas para crear pequeños “mini monumentos” urbanos con frases empáticas, una acción de reparación social que documentó en video.

Un creador que mezcla juego, política y calidez humana

Aunque ha trabajado con esculturas gigantes, instalaciones inmensas y piezas de video internacionales, la esencia de Iván Argote se mantiene.

Cuando le preguntan por qué le interesa el arte, responde con ironía y claridad: “Es como hacer filosofía sin tener que escribir”. Y eso, convertir ideas profundas en experiencias palpables, es justamente lo que hace que la obra de Iván Argote conecte con miles de personas en todo el mundo.

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