50 años del asesinato de Martin Luther King y una lucha que sigue vigente

El mundo conmemora al hombre que buscó la igualdad racial y el progreso económico en Estados Unidos.

El 4 de abril de 1968, el asesinato de Martin Luther King conmocionó a Estados Unidos y a un amplio sector de la población mundial que seguía la lucha no violenta que el líder y activista estaba dando para reivindicar los derechos civiles y la igualdad de la comunidad afroamericana en su país.

Su muerte ocurrió en la ciudad de Memphis, Tennessee en donde horas antes había pronunciado el último de más de 2.500 discursos. En esa intervención se refirió a su posible fallecimiento, señaló que Dios ya le había permitido “subir a la cima de la montaña y desde allí ver la tierra prometida”, pero dejó abierto el riesgo de no poder llegar hasta esta junto a su público.

En ese momento se encontraba acompañando una protesta de trabajadores negros de una compañía de basura que no podían cobrar lo mismo que sus compañeros blancos. A sus 39 años llevaba casi 10 liderando manifestaciones, plantones y actos en los que destacaba el derecho a la igualdad, proponía soluciones a la pobreza y llamaba la atención de los gobernantes para implementar los derechos humanos.

Comenzó su activismo muy joven, cuando en su natal Georgia estuvo al frente de una iglesia baptista en donde sus discursos empezaron a tener eco en la sociedad. Organizó boicots al sistema de buses en donde estaban separadas las áreas para negros y blancos e hizo campañas por el sur de Estados Unidos.

Su legado se hizo mayor cuando participó en la gran marcha de Washington conformada por seis organizaciones civiles. En una tarima y frente a miles de personas pronunció su famoso discurso “I have a dream”, que hoy es recordado por reflejar los sueños de toda una sociedad que sentía oprimida.

Martin Luther King se opuso a la guerra de Vietnam, pidió el fin de la segregación en los colegios, de la desigualdad salarial en los empleos y de las agresiones de la policía a los activistas. En 1964 se convirtió en la persona más joven en ganar un Premio Nobel de Paz y obtuvo otros reconocimientos póstumos y en vida.

Se comprobó que era víctima de espionaje y de intentos de conspiración. Su asesinato se dio en manos de un hombre identificado como James Earl Ray, quien durante un tiempo estuvo huyendo de la justicia hasta que fue capturado en junio en el aeropuerto Heathrow de Londres, varios meses después de que el asesinato generara una ola de protestas en Estados Unidos.

Actualmente es recordado en su país en donde comunidades afroamericanas, latinas y de inmigrantes sienten que han comenzado una nueva lucha en medio de actos de discriminación. Su figura y sus discursos han sido evocados en protestas por la violencia policial contra personas negras, en manifestaciones para que inmigrantes puedan permanecer en Estados Unidos y en movilizaciones en contra de grupos supremacistas que en los últimos meses han tomado protagonismo. 

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