Un barranquillero se encarga de subir el ánimo de los venezolanos en crisis
La espiritualidad y los negocios esotéricos resisten la crisis con esencias.


Julio de la Oz lleva 20 años en Venezuela, ya perdió su acento costeño, pero aún no alcanza a caraqueño.




Desde que llegó gerencia un nutrido negocio dedicado al esoterismo, a brindar un aliciente a los venezolanos que se empiezan a desesperar con la crisis.
Su negocio es una especie de templo multicultural para judíos, musulmanes, budistas, hinduistas y católicos. En los últimos meses creció en clientes, Julio, el barranquillero, cree saber por qué.




Los venezolanos acuden a su guía espiritual no sólo por la crisis. El amor, la fertilidad, amarrar o alejar, se puede lograr con una buena y acertada dosis de aromas, jabones o aceites.
La tienda tiene una experta del tarot, Almike Riso, otra guía, venezolana, de profundas creencias y asesora espiritual de colombianos. Reconoce que la crisis obligó a los delincuentes a buscar un escudo protector, más ligado a la santería.
Almike y Julio creen que a la oposición y al gobierno de Venezuela, le falta lo que a muchos de sus clientes les sobra. Tolerancia, reconocer una equivocación y un buen baño con la mejor de sus esencias.




