Cómo Richard Nixon cambió la forma en que hablamos del cáncer
¿Son las metáforas como "batalla" o "lucha" las más apropiadas para referirse a una enfermedad como el cáncer? El intelectual Andrew Graystone cuenta para la BBC el origen de la utilización de estos términos.
Andrew Graystone
Especial para la BBC
En el verano de 1971, el gobierno de Estados Unidos estaba bajo mucha presión. Después de unos costosos 10 años de despliegue en Vietnam, el apetito de guerra del público se estaba evaporando. El entonces presidente Richard Nixon necesitaba otro adversario y otro frente.
Fue en este contexto que, el 23 de diciembre de 1971, Nixon firmó una ley llamada National Cancer Act y destinó US$1.500 millones a lo que se llamó "la guerra contra el cáncer".
Después de haber fracasado en su intento por derrotar al Viet Cong, Nixon tenía la esperanza de alcanzar la victoria más significativa de su presidencia, apuntando sus armas contra un enemigo que tenía un impacto directo en millones de estadounidenses.
Está claro que Nixon tampoco venció el cáncer, pero sí transformó la retórica que utilizamos para hablar al respecto.
Hasta ese momento el cáncer era un vergonzoso secreto en muchas familias. Con frecuencia, los pacientes de cáncer nunca se enteraban que lo sufrían. El actor de cine John Wayne fue quien acuñó la frase "the Big C" (la gran C) para evitar nombrar la enfermedad. Pero en la década de los 70 el cáncer adquirió un nuevo vocabulario.
Y por 40 años ese lenguaje bélico ha dominado el discurso sobre la enfermedad.
Le hemos dado al cáncer una personalidad y lo hemos hecho el enemigo. Hoy en día hablar sobre la lucha contra el cáncer, la batalla e incluso un golpe al cáncer, es lugar común.
Los oncólogos son retratados como guerreros heroicos, como las fuerzas especiales del mundo de la medicina que algunas veces encarnan una pelea cuerpo a cuerpo con escalpelos y otras con láser, pistolas de rayos y armas químicas.
¿Adversario único?
En realidad, el cáncer es una colección de muchas enfermedades distintas, pero lo hemos convertido en un adversario único. Probablemente no es una coincidencia que esto ocurra en una época en que tanto Estados Unidos como el Reino Unido están comprometidos en un combate igualmente abstracto como lo es la llamada "guerra contra el terror".
Este lenguaje bélico puede funcionar bien para organizaciones que hacen campaña e investigan sobre el cáncer. En el competitivo mercado de las fundaciones, necesitan crear mensajes simples de campaña para provocar una respuesta. Natasha Hill, de Cancer Research UK, considera que los donantes responden muy bien a los mensajes que personifican al cáncer y lo tratan como enemigo.
Razón por la cual la agencia de publicidad que diseñó la campaña de Race for Life (la carrera por la vida) quería convertir a sus corredores en "un ejército que corre, baila y canta en la cara estúpida del cáncer con la frase: 'Cáncer, venimos por ti'".
Efectivamente hay dos tipos de cáncer.
El de las campañas y programas de investigación que sólo existen en lo abstracto y ha sido tan imbatible, que tiene un estatus mítico que ofende nuestro optimismo evolucionario, esa sensación de que cualquier cosa mala que haya en el mundo se podrá derrotar con ingenio y habilidad. Quizás no vaya demasiado lejos si digo que la lucha contra el cáncer es en verdad una batalla contra la misma muerte.



