Selección Colombia

Una pasión que cura

Sábado en la tarde, llamadas a amigos y familiares para organizar el plan del domingo, un asado, una paella, lo que fuera con tal de reunirse a ver el partido de la selección Colombia.

Una pasión que cura

Por Johana Polanco Sábado en la tarde, llamadas a amigos y familiares para organizar el plan del domingo, un asado, una paella, lo que fuera con tal de reunirse a ver el partido de la selección Colombia. Muchos planes, mucha emoción, mucha esperanza… Sin embargo al llegar la noche, el dolor de garganta se apodera de mí. Una pésima noche y una gran dosis de medicamentos varios se convirtieron en el único plan posible en un domingo que prometía tanto. Empezó la trasmisión y solo escuchar el himno nacional y ver a mi selección con orgullo y compromiso me reconforto. Sonó el pitazo inicial y el partido arrancó lento, deliraba algunas veces por la fiebre y otras porque no encontraban el ritmo, pero no pasaron muchos minutos para que las sociedades empezaran a funcionar, Dayro hace un pase que Falcao aprovecha de la mejor manera para dejar impotente al portero Arias en el minuto 14, mi selección ganaba 1-0. Escuchaba los gritos de los vecinos que si habían logrado concretar el plan y de pronto escuché mi propio grito, minutos antes no tenía voz, estaba absolutamente disfonica y de pronto como por arte de magia, volvió, fuerte, clara, nítida… No tuvo nada que ver el acetaminofen, ni el clorhidrato de fenilefrina y menos con el maleato de clorfeniramina. Pero el encuentro continúo y la selección siguió ahí, frente al cañón, luchando, guerreándosela, metidos en el área de los bolivianos hasta que llegó la falta de Santos contra Armero, el árbitro mexicano sanciona penal, cobra Falcao y anota. Cual amoxicilina!!! No existe, no han inventado un medicamento más efectivo que el triunfo, el orgullo patrio, el latir del corazón del buen hincha. Mi selección ganando por dos goles, asegurando la clasificación como líder del grupo, ¡ahhhh que sensación de alivio! Arranca el segundo tiempo y la selección no cede terreno, Bolillo aprovecha para hacer cambios y probar otras compañías, pero el milagro ya está hecho, y no digo milagro porque la selección ganara o clasificara y menos de primero aunque no sería tan loco afirmarlo si consideramos que hasta el partido contra Argentina no habíamos visto mucho, digo milagro porque me curó, pero me curó en serio y además me revitalizó, no solo me sentía bien, tenía fuerza y ánimo para salir a celebrar, a ver en las calles a miles de colombianos que sonreían olvidando las cosas terribles que ocurrían en ese fin de semana en Colombia, atentados, tomas guerrilleras… A mí me alivió el dolor en la garganta y me devolvió la voz, a muchos les hizo olvidar por noventa minutos su dura realidad y a todos nos devolvió la esperanza. De seguir jugando así, reemplazaré mi dosis de oscillococcinum para subir las defensas y veré sin falta los partidos de mi selección, porque definitivamente nuestro futbol, es una pasión que cura.  

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