Hay pacientes hospitalizados desde hace más de 30 años en Cúcuta
De las 120 camas que tiene el Hospital Rudesindo Soto en la ciudad de Cúcuta, veintiocho de ellas parecieran tener dueño.


De las 120 camas que tiene el Hospital Rudesindo Soto en la ciudad de Cúcuta, veintiocho de ellas parecieran tener dueño. En este número están las personas que fueron abandonadas por sus familiares hace mas de 30 años bajo diferentes excusas, pero tal vez, el común de las mismas es desprenderse de su ser querido
La situación es insólita, los pacientes son personas desahuciadas, otras con enfermedades terminales, otras que por su avanzada edad se convirtieron en un peso y las dejaron allí
El abandono de ellos compromete a todos los sectores sociales de Cúcuta, mientras el hospital sufre por sobrevivir en medio de una profunda crisis, tiene que atender a esta población que demanda costos diarios por persona de 140 mil pesos y mensualmente genera deudas de 100 millones de pesos
El gerente del centro médico, Jorge Beetar, dijo que a estas personas se les ha catalogado como "pacientes especiales" por toda la problemática social que arrastran y porque definitivamente requieren atención, pese a las adversidades
Los trabajadores del hospital argumentan que dentro “de esos curiosos donantes” se han encontrado con casos de gente que abandona el país y deja allí a los ancianos, como lo revela Arístides Hernández, presidente de Anthoc, "los dejan al libre albedrío, después buscarlos en Cúcuta o Colombia es imposible, están en el exterior y se han desprendido por completo de ellos"
El dirigente sindical narró que otros acuden a la justicia y valiéndose de esto, entran en un conflicto jurídico con tal de no velar por sus seres queridos, donde los jueces terminan conminando al Hospital a atenderlos hasta su definitiva recuperación
Nelson Avendaño es uno de estos hombres que desde hace 13 años no sabe de su familia. Le dijo a Caracol Radio que una hermana lo llevó allí y no supo mas de su paradero y en esa incertidumbre se ha pasado los años
Se desprende a llorar y dice que no sabe nada de ellos, que lo dejaron allí tirado. “Los años, la soledad han sido muy duros, no sé por que me dejaron solo"
Jorge Peñuela, otro de ellos, pese al abandono en que se encuentra, no ha perdido su alegría, es un amante de la salsa y nos recibe con una canción, tal vez la que más le gusta, y que la que ve reflejada en su color de piel: "A mi me llaman el negrito del batey, por que el trabajo para mi es un enemigo"
A él lo encontramos allí, en una de las salas donde todos comparten el día a día en medio de las situaciones particulares que tiene cada uno de ellos
Para las trabajadoras sociales del hospital Rudesindo Soto los casos son reprochables
"Los queremos, su vida nos duele, cuando se enferman, cuando se desesperan, cuando quieren ver a alguien de sus familias, pero nosotras nos hemos convertido en su consuelo y los consentimos", manifestó Ana Moreno
Este centro asistencial no es ajeno a las dificultades hospitalarias, pero sus trabajadores son consientes que la vida de estas personas está en sus manos, como lo manifiesta Mario Rivero, "lo más complicado es cuando se presentan las urgencias, trabajamos con la uñas, y así es muy difícil, son ya personas de la tercera edad"
Estos "eternos pacientes", guardan la esperanza que quienes se desprendieron de ellos reconsideren el abandono al que han estado sometidos y algún día antes de cerrar sus ojos puedan verlos.




