Desgraciado Capello
En el banco de Inglaterra hay parado un señor millonario que se viste como un banquero de El Vaticano y que ha logrado un milagro de categoría: que la selección nacional inglesa juegue de manera desastrosa, tan desastrosa que incluso algunos locutores extraviados en conceptos han dicho que la Liga Inglesa debe su brillo exclusivamente a que en ella hay un montón de figuras extranjeras.


En el banco de Inglaterra hay parado un señor millonario que se viste como un banquero de El Vaticano y que ha logrado un milagro de categoría: que la selección nacional inglesa juegue de manera desastrosa, tan desastrosa que incluso algunos locutores extraviados en conceptos han dicho que la Liga Inglesa debe su brillo exclusivamente a que en ella hay un montón de figuras extranjeras
Fabio Capello es un mago. Es el técnico que más cobra (se habla de diez millones de euros y de más por su labor en el Mundial) y es desde esta tarde, tras la amargura del empate ante Argelia, el técnico más detestado y lo será más si logra también la hazaña de que su seleccionado quede eliminado en la primera ronda
Hace meses Capello dio pistas de hacia dónde iba. Se sumó a un escándalo santurrón de infidelidades varias y resolvió que John Terry, el capital del Chelsea y del seleccionado, debía dejar su rango. Lo destituyó en una jugada inédita que mezcló el sexo con el fútbol, pero lo dejó en su puesto aunque sin fajín. Es decir tacó a medias porque la ética no le daba sino para la mitad del movimiento mojigato
De ahí a lo que hizo hoy para desestimular y sembrar desconfianzas no hay un trecho enorme. Es coherente este Capello. Hoy resolvió suprimir de la nómina a Robert Grenn, el portero contra Estados Unidos, aquel rubio a quien el balón se le escurrió entre las manos para la primera pifia ruidosa de un Mundial lleno de ellas como todos los mundiales. Capello no perdonó. Simplemente lo borró de la titularidad cuando un gesto de consideración y de afecto, para Robert Green y para todo el resto, hubiera sido incluso acompañarlo a salir a la cancha y llevarlo a la portería con un abrazo de confianza
La jugada sucia de Capello contra el desdichado portero debió ser una bofetada para todo el vestuario. Porque, de reflejo, el grupo, todo el grupo, debió sentirse debajo de la guillotina en caso de cualquier error. El que se equivoque, sale. Pensaron. Y así jugaron
Capello es un mago, digo. Logró que Steven Gerrard, el mejor de Europa, se equivocara siempre. No dos veces, no cuatro veces. Siempre se equivocó Gerrard quien nunca es errático en el Liverpool. Y nunca se equivoca Frank Lampard, el extraordinario volante del Chelsea que es preciso y que es fino. Y jamás se había visto a Wayne Rooney tan liso, incapaz de controlar el balón que le rebotaba como si fuera un aprendiz
Fabio Capello ha logrado el milagro de sembrar esas incertidumbres en su grupo, que será difícil que se reponga después del desplante de hoy. Ojalá no, pero es difícil que los ingleses recuperen la confianza en ellos, pero, sobre todo, difícil que la recuperen por Capello, quien les endosó a todos sus nervios y sus inelegancias
Puntillazo. Alemania perdió y quedó en entredicho. Pero me gustó mucho este equipo. Más que, incluso, cuando venció a Australia por cuatro a cero. Alegre, paciente, limpio, el equipo alemán sigue siendo el mejor que he visto en este Mundial. Se repondrá y seguirá porque se lo merece y el Mundial lo merece. Aunque el grupo es dificilísimo y habrá que ver el comportamiento de Ghana contra Australia.




