El detalle que salvó a Federer
Roger Federer se convirtió en el mejor tenista de la historia, lo ha ganado todo, supero los records existentes, pero estuvo a punto de ver su carrera derrumbada. Llegó a pensar que el fin había llegado. <br />
Roger Federer, hoy el mejor tenista de todos los tiempos después de ganar brillantemente Wimbledon, estuvo a punto de sucumbir en su gloria y fracasar en sus propósitos más anhelados: ganar Roland Garros y obtener 15 títulos de Grand Slam. El 2008 y el inicio del 2009 fueron de tragedia para el suizo. Apareció Rafael Nadal y le quito el trono, lo venció cada que lo enfrentó y lo sumió en una inmensa desconfianza. No creía ni en su tenis, ni en su físico, ni en sus posibilidades. Federer era un jugador señalado para triunfar y para hacer historia, ganaba fácil, no había un rival que lo inquietara y cuando tenía 25 años parecía insuperable. Solo le costaba el abierto francés que se juega en canchas de polvo de ladrillo como las nuestras, que son lentas, exigen un juego de fondo, mucha paciencia y gran consistencia. Las estrellas del césped y las canchas rápidas sufren en Francia. Pete Sampras nunca lo pudo obtener y solo 6 jugadores en la historia han ganado los 4 torneos grandes en todas las superficies. Nadal tiene la intención de atravesársele a la gloria y a los records. Se interpuso en el camino de Federer y lo condenó a una inseguridad en si mismo que tumbó su tenis, lo volvió sentimental, lo alejó del triunfo y lo puso a pensar que ya no podría ser el mismo de antes. Desde octubre del 2008 cuando venció en Basilea, pasaron 7 meses sin ganar, metido en la incertidumbre, sufriendo la realidad de no ser el número uno del mundo cuando parecía un lugar hipotecado a su talento y creyendo que su carrera de éxitos había terminado. Pero un hecho cambio el mal rato y enderezó la historia. Como pasa en las películas con finales felices, Federer venció a Nadal en el Máster de Madrid, en su propia casa, ante su público, cortó una racha de 5 triunfos consecutivos del español y acabó con el fucú. Habían quedado atrás 210 días desde Basilea llenos de dudas, con la mente débil y entregada ante las derrotas. Madrid fue el resurgir del Ave Fénix. En febrero del 2008 Federer dijo: “no sé qué me pasa, a veces me siento impotente y siento que mi tenis no es el mismo”. Era el presagio de lo peor, del derrumbe de un imperio de conquistas. Sin embargo el suizo sacó su último aliento, la reserva de los grandes y con un doble 6/4 puso la primera piedra en la casa destruida para reconstruir su gloria. Este triunfo lo convenció de que si podía en cancha de arcilla y que Roland Garros estaba a su alcance. Aunque este año en París no se encontró a Nadal en el camino, venció en la final al verdugo del español, el sueco Robin Soderling que había sido tocado por los dioses blancos. En Wimbledon tampoco estuvo Nadal por una lesión, pero su fantasma rondó siempre. La final ante Andy Roddyck fue dramática y espectacular. El último set 16/14 jamás se olvidará porque el mundo sufrió a favor del suizo, pues casi todos queríamos ser testigos de una hazaña que jamás volveremos a ver. Esto demuestra que la vida siempre te da una posibilidad, que la oscuridad siempre tiene una pequeña luz y que la desgracia puede cambiar de rumbo con un detalle. Federer lo encontró y aunque su juego parecía derrumbarse definitivamente, hoy es un hombre nuevo y el mejor de la historia.

César Augusto Londoño
Periodista deportivo con 40 años de experiencia en radio, televisión y prensa. Riguroso con los datos....




