Si el desarrollo llega por carretera, estamos…
Una vieja premisa asevera que el desarrollo de una comunidad se encuentra estrechamente ligado a su posibilidad de comunicación terrestre y de intercambio con sus semejantes. Por eso, la invención de la rueda le dio un vuelco a la humanidad. Pero la incípida red vial colombiana, que se daña con cada aguacero, nos tiene condenados a vivir en el pasado.
Una vieja premisa asevera que el desarrollo de una comunidad se encuentra estrechamente ligado a su posibilidad de comunicación terrestre y de intercambio con sus semejantes. Por eso, la invención de la rueda le dio un vuelco a la humanidad. A través de los años, muchas zonas marginadas dejaron de serlo cuando lograron abrir caminos, así fueran incipientes, porque pudieron sacar sus cultivos, sus artesanías, sus productos, y por allí llegaron las novedades, las tecnologías, las nuevas formas para vivir. Y pese al desarrollo de las telecomunicaciones, o a que cada vez es más sofisticada y segura la aeronavegación, los pueblos siguen dependiendo de las vías terrestres para salir adelante. Pero con esas carreteras colombianas, estamos condenados a vivir en el pasado. Unas cuantas lluvias son capaces de dejar incomunicadas por días a ciudades “desarrolladas”. Para no ir muy lejos, en menos de tres meses Colombia ha vivido dramas enormes con la carretera Bogotá – Villavicencio. La vía que comunica a la capital del país con Manizales sufre cierres permanentes. El paso por el Alto de la Línea, por donde se mueve buena parte del comercio internacional colombiano, es bloqueado por frecuentes derrumbes. De Manizales a Medellín hay épocas en las que es imposible transitar. Solo he citado unas pocas vías, de las consideradas importantes, que en un país serio no tendrían por qué sufrir tantos problemas. Qué dirán de las vías veredales, las que conducen a los pequeños caseríos, a los municipios menores y, algunas veces, a ciudades intermedias, donde se ubican importantes polos productivos inexplotados, porque nunca ha habido una política vial seria. Cuántas tierras productivas que podrían estar generando alimentos para la humanidad no están abandonadas por falta de caminos. Cuántas otras están en poder de los grupos generadores de violencia que aprovechan este atraso para darle lucro al crimen. Cuántos pueblos abandonados claman por alguna salida para conocerle el rostro a la modernidad. Ya es hora de otro Plan 2500, pero bien hecho, no terminado a medias como sucedió con uno de los programas “bandera” del presidente Alvaro Uribe, del que no se volvió a hablar porque fue ejemplo de improvisación, de mala calidad, de obras inconclusas y de dinero mal utilizado. El país necesita un plan de carreteras serio, técnico, moderno, porque Colombia no se puede seguir paralizando cada vez que llueve. Y ojalá no refuten este artículo poniendo como ejemplo un par de túneles que están en construcción, los cuales presentan como “obras colosales”, pero que si los comparamos con las mega-construcciones viales en otras latitudes, no dejan de ser otro par de caminitos “para descrestar calentanos”. Por: Luis Enrique Rodríguez LópezEditor de regiones




