¿San López Trujillo?
Como somos melancólicos y solapados; como somos hipócritas y cargamos sin decencia un espíritu funerario, ahora se han publicando opiniones y editoriales y lamentos. Están diciendo que monseñor Alfonso López Trujillo era un pastor ejemplar. Un hombre humilde. Un prelado ecuánime e inteligente y sobrio. Un apóstol de los buenos están diciendo que era López Trujillo. Y suenan lágrimas y se le hacen despedidas.
Como somos melancólicos y solapados; como somos hipócritas y cargamos sin decencia un espíritu funerario, ahora se han publicando opiniones y editoriales y lamentos. Están diciendo que monseñor Alfonso López Trujillo era un pastor ejemplar. Un hombre humilde. Un prelado ecuánime e inteligente y sobrio. Un apóstol de los buenos están diciendo que era López Trujillo. Y suenan lágrimas y se le hacen despedidas. Una farsa. Alfonso Cardenal López Trujillo era en realidad un monseñor prepotente, un hombre sectario, un arzobispo arbitrario. En Medellín, en donde ejerció parte de su poder, se dedicó a perseguir a cuanto sacerdote no le rindiera honores y no se plegara a su ideología. Desterró a muchos párracos de sus iglesias y dejó a numerosas comunidades sin sus orientadores, a la deriva, en poder de los gatilleros que por esa época florecían. López Trujillo saboteó hasta el final la teología de la liberación que le imponía a la iglesia un mayor compromiso con los pobres y para los pobres. Me consta. Que no vengan a vendernos ahora a monseñor López Trujillo como un alma bendita. Que no lo era. El hecho de que esté muerto no lo hace un ser humano bueno.




