El Papa dice que las debilidades del hombre y el pecado impiden la plena unidad de los cristianos
El papa Benedicto XVI hizo hoy un nuevo llamamiento en aras de la unidad de los cristianos y dijo que las debilidades del hombre y el pecado impiden la plena comunión de los seguidores de Cristo.
El papa Benedicto XVI hizo hoy un nuevo llamamiento en aras de la unidad de los cristianos y dijo que las debilidades del hombre y el pecado impiden la plena comunión de los seguidores de Cristo. El Pontífice hizo estas manifestaciones en la basílica romana de San Pablo Extramuros, donde acudió para clausurar la semana de rezos para la unidad de los cristianos, que todos los años celebra la Iglesia Católica en estas fechas. En la jornada en la que la Iglesia celebra la Conversión de San Pablo, el Obispo de Roma resaltó la figura de Saulo de Tarso y su conversión, así como los llamamientos del Apóstol de los Gentiles a los cristianos para que rezasen continuamente. Siguiendo esa línea, Benedicto XVI dijo que la recomposición de la unidad, rota con el Cisma que separó a Oriente de Occidente en 1054, exige "todos los esfuerzos y energías" de los cristianos. El Papa reconoció que no es facultad de los cristianos decidir cuando y como se realizará esa unidad, "sólo Dios lo sabe", aseguró. Añadió Benedicto XVI que los seguidores de Cristo no pueden perder la esperanza y deben implorarla con la plegaria "para que sea El quien nos ilumine y nos apoye en la constante búsqueda de la unidad". "La unidad con Dios y con los otros hermanos se construye mediante una vida de plegarias", subrayó el Papa, que denunció que "las debilidades del hombre y el pecado impiden todavía la plena comunión" e insistió en la necesidad de "rezar continuamente". Benedicto XVI resaltó el movimiento ecuménico y añadió que ha sido "el camino de la plegaria el que ha abierto el camino al movimiento ecuménico tal y como lo conocemos hoy". El Papa Ratzinger agregó que el ecumenismo necesita, "hoy como ayer", de los rezos de los religiosos de vida consagradas. A la ceremonia asistieron varios miles de católicos, así como representantes de la iglesia ortodoxa (el arzobispo Gennadio del patriarcado ecuménico de Constantinopla) y de la comunión anglicana (el obispo John Flack). Oriente y Occidente se separaron con el cisma de 1054, con las excomuniones del papa León IX y del patriarca Miguel Celurario. Les separan razones teológicas, como el rechazo de los ortodoxos al primado de la Iglesia de Roma y la negativa de la infalibilidad del Papa. Los ortodoxos no reconocen la validez de los sacramentos católicos, al contrario que la Iglesia católica que sí admite, desde el Vaticano II, los de la Iglesia ortodoxa. Además, los ortodoxos culpan a Roma de proselitismo y de intentar expandirse en territorios hasta ahora bajo su control. Visto que el primado de Pedro es uno de los escollos, el fallecido Juan Pablo II dijo en varias ocasiones que estaba dispuesto a que teólogos y expertos discutieran ese tema para buscar una solución que fuera aceptada por todos. Benedicto XVI considera la unidad de los cristianos uno de los ejes de su pontificado y ha dicho estar dispuesto a dar pasos efectivos para lograrla.




