Los habitantes de Pisco se refugian en la fe para sobrellevar su tragedia
El fervor y la religiosidad parecen ser las únicas fuentes de alivio para los más de 90 mil habitantes de la ciudad porteña de Pisco, devastada por el temblor del pasado miércoles. Desde el sábado se han oficiado ocho misas en la Plaza de Armas de la ciudad, ubicada a pocos metros de la destruida parroquia de San Clemente.
Por: Ricardo Ospina enviado especial de Caracol RadioEl fervor y la religiosidad parecen ser las únicas fuentes de alivio para los más de 90 mil habitantes de la ciudad porteña de Pisco, devastada por el temblor del pasado miércoles.Desde el sábado se han oficiado ocho misas en la Plaza de Armas de la ciudad, ubicada a pocos metros de la destruida parroquia de San Clemente, y también en barrios alejados como San Andrés y en el estadio del municipio.El impulsor de ese fervor que parece contagiar a todos los pisqueños es Alfonso Berrade, un sacerdotes español que desde hace un año comparte alegrías y tristezas con los habitantes de la ciudad peruana."La iglesia somos personas, no las paredes. Con unión podemos llegar a la salvación, aún en medio del dolor y la muerte. Yo he llorado mucho estos días pero hay que seguir adelante", dice el religioso, mientras a lleva a su vivienda temporal su inseparable crucifijo que fue recuperado intacto en medio de toneladas de escombros en la dicha parroquia.El padre Berrade es otro de los sobrevivientes de la tragedia de Pisco: El día del devastador terremoto decidió no oficiar la misa de las seis de la tarde y en cambio se dedicó a organizar otros asuntos. Si hubiera estado en el atrio a la hora del temblor muy probablemente habría sido una víctima más del desastre natural.Además del empeño del párroco de la ciudad de Pisco, la fe de los católicos se vio reforzada por la presencia de seis sacerdotes que vinieron desde Lima por el mandato del Cardenal Juan Luis Cipriani.Los religiosos leyeron mensajes de aliento y fortaleza para los pisqueños, y oficiaron misas en distintos escenarios, especialmente en los barrios más pobres de la ciudad a donde solamente han llegado muy pocas ayudas del gobierno del presidente peruano Alán García.El momento más emotivo de las ceremonias religiosas que se realizan es el momento en el que los clérigos piden a los asistentes darse la mano como símbolo de paz.En ese instante los pisqueños se confunden en un gran abrazo, acompañados por lágrimas y gritos de dolor, retrata de manera clara lo que están sintiendo los 90 mil habitantes del puerto luego del terremoto del pasado miercoles.Sin embargo, los sacerdotes católicos no son los únicos que han venido a acompañar en su dolor a los damnificados que dejó el terremoto. En la plaza central un pastor evangélico de manera espontánea leyó en voz alta algunos pasajes de la Biblia, invitando a los transeúntes a recibir a Cristo en su corazón; no fueron pocos los pisqueños que se detuvieron a escuchar su predicación.Berrade improvisó un altar con las estatuas que fueron recuperadas intactas de entre los escombros y prometió en no descansar, ni irse hasta su natal España, hasta que no vea a la parroquia de San Clemente totalmente reconstruida y en pie, como símbolo de la fortaleza de sus ciudadanos, capaces de resurgir sobre sus cenizas.




