Fidel Castro dirige a los jóvenes cubanos una serie sobre la política anexionista EE.UU.
El convaleciente líder cubano, Fidel Castro, publicó una nueva entrega de una serie especial de "reflexiones", especialmente dirigida a los jóvenes, para denunciar los intentos anexionistas de Estados Unidos y su política contra la isla.
El convaleciente líder cubano, Fidel Castro, publicó una nueva entrega de una serie especial de "reflexiones", especialmente dirigida a los jóvenes, para denunciar los intentos anexionistas de Estados Unidos y su política contra la isla. Redactada con un estilo impersonal, la serie comenzó el miércoles bajo el título "El Imperio y la Isla Independiente" con el recuento de las acciones de EE.UU. para utilizar territorio cubano tras la independencia de la isla y prosiguió hoy con el relato de la creación de la base naval de Guantánamo. La serie, según medios oficiales, puede prolongarse hasta el sábado y va dirigida especialmente a las nuevas generaciones, con el objetivo de que conozcan "hechos muy importantes y decisivos" para el destino de Cuba. Castro, de 81 años, alejado del poder desde hace un año por una grave enfermedad intestinal, sigue presente en la vida del país a través de las "reflexiones" que empezó a publicar en marzo, en las que ha criticado con insistencia a Estados Unidos, su principal enemigo desde el triunfo de la revolución, en enero de 1959. Durante casi cinco décadas, las tensas relaciones entre Cuba y EE.UU han sido un elemento determinante en la política de la isla, aunque ambos países mantienen un canal de comunicación a través de las Secciones de Intereses abiertas en sus capitales en 1977. El apoyo estadounidense a tropas anticastristas en la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, la crisis de los misiles (1962) y el bloqueo económico y comercial impuesto por Washington contra la isla, marcaron desde el primer momento las relaciones de la revolución con el "imperio". Superados los conflictos violentos, las actividades del exilio radical afincado en Miami, las migraciones y los efectos del embargo han sido los elementos angulares de las relaciones bilaterales. La Habana cifra en más de 80.000 millones de dólares las pérdidas por el bloqueo, endurecido durante los años 90 con las leyes "Torricelli" y "Helms-Burton", que prevé sanciones a empresas que negocien con Cuba. La autorización del gobierno de EE.UU a empresarios de su país vender alimentos y medicinas a Cuba cambio de pago en efectivo -que permitió el comercio de productos agrícolas desde finales de 2001- y la visita del ex presidente Jimmy Carter, en 2002, rebajaron ligeramente la tensión. Sin embargo, las relaciones volvieron a complicarse durante el gobierno del republicano George W. Bush, que restringió los viajes de cubano-americanos a Cuba y aprobó un plan de transición denunciado reiteradamente por La Habana. El enfrentamiento por temas migratorios ha sido una constante entre ambos países durante décadas. Cuba acusa a Washington de alentar la emigración ilegal y fomentar migraciones masivas mediante leyes que permiten a los cubanos legalizar su situación tras pisar territorio estadounidense. En 1980, durante el éxodo de Mariel, 125.000 cubanos llegaron a Florida y, en 1994, otros 35.000 alcanzaron las costas de Miami tras la "crisis de los balseros", que llevó a ambos gobiernos a suscribir los acuerdos migratorios vigentes. En virtud de estos acuerdos, EE.UU debe conceder un cupo de 20.000 visas anuales para cubanos, pero los convenios no han frenado las salidas ilegales, y en 2006, más de 2.800 balseros, la cifra más alta desde 1994, se echaron al mar. Además, Castro acusa a EE.UU de proteger a terroristas "de la mafia cubana de Miami" y estar detrás de unos 600 intentos de asesinato en su contra.




