Unos 150 países, entre ellos Colombia, buscan acelerar la destrucción de todas las minas antipersona
Representantes de los 151 países miembros de la Convención de Ottawa se reúnen desde hoy en Ginebra para intentar acelerar la eliminación total de minas antipersonales en el mundo, pese al obstáculo que supone no contar entre sus signatarios con los grandes productores, como Estados Unidos, China o Rusia
Representantes de los 151 países miembros de la Convención de Ottawa se reúnen desde hoy en Ginebra para intentar acelerar la eliminación total de minas antipersonales en el mundo, pese al obstáculo que supone no contar entre sus signatarios con los grandes productores, como Estados Unidos, China o Rusia. "En los últimos años se ha avanzado en la lucha contra las minas antipersonales, pero aún queda mucho por hacer, así que ahora no es el momento de abandonar, sino de intensificar al máximo los esfuerzos y buscar nuevas estrategias", aseguró el subsecretario de Estado suizo de Asuntos Exteriores, Antón Thalmann, en la inauguración de la séptima conferencia de Estados parte de la Convención. Ese texto exige a los países signatarios que dejen de fabricar minas antipersonales, que retiren todas las que haya colocadas en territorios bajo su jurisdicción y ofrezcan la asistencia necesaria a las víctimas. Desde que la Convención fue firmada en 1997 se han destruido 38 millones de minas y está prevista la eliminación de otros 10 millones en los próximos años, al tiempo que 33 de los 50 países que entonces las fabricaban ya no lo hacen. Sin embargo, los signatarios de la Convención ven con impotencia cómo los principales productores no se adhieren al texto y continúan fabricando ese tipo de explosivo, diseñado para matar o mutilar a sus víctimas. Se cree que al menos trece países fabrican minas terrestres o tienen capacidad para hacerlo, entre ellos EEUU, China y Rusia, que, junto a la India, Corea del Sur y Pakistán, tienen almacenados más de 180 millones de esos artefactos explosivos, según los documentos de trabajo de la conferencia que se celebra durante toda la semana en Ginebra. "Seguiremos trabajando y presionando para que esos países se adhieran a la Convención", aseguró la presidenta de la conferencia y secretaria del Parlamento australiano para Asuntos Exteriores, Teresa Gambaro. Respecto a EEUU, defendió que la razón por la que no se suma a la Convención "es un asunto absolutamente suyo", pero observó que es un país "bastante activo en la limpieza de campos", para lo que "ha invertido cerca de mil millones de dólares". A pesar de los avances alcanzados -que han requerido una inversión de unos 3.000 millones de dólares desde 1997-, aún hay 51 países con zonas minadas y sólo el año pasado murieron a causa de las minas 7.328 personas, un 11 por ciento más que en 2004. "Ya se han logrado importantes avances por medio de la Convención de Ottawa, pero aún son necesarios más esfuerzos y más fondos para eliminar las minas y asistir a las víctimas", defendió Gambaro. Durante el año pasado hasta tres gobiernos las utilizaron (Birmania, Rusia y Nepal), así como diez grupos rebeldes, por lo que añadió que "habrá que seguir ejerciendo la presión necesaria para conseguir que renuncien a ello". En cualquier caso, los avances alcanzados en la eliminación de las minas antipersonales están permitiendo que éstas cedan protagonismo ante la opinión pública a las bombas de racimo. "Aunque la Convención de Ottawa no las regula, sí está claro que hay que abordar el problema, prohibiendo su uso en zonas habitadas, estableciendo que el porcentaje de artefactos sin explotar no supere el 2 por ciento y exigiendo que incorporen un mecanismo de autodestrucción", según Thalmann, quien adelantó que durante el la evento que comenzó hoy "habrá reuniones informales" al respecto. La Convención de la ONU que podría regular el uso de las bombas de racimo, utilizadas por Israel en el Líbano, es el de las Armas Convencionales, cuyos estados miembros se reunirán en Ginebra del 6 al 20 de noviembre próximo.




