El parto de la princesa Kiko pone al rojo el debate de la sucesión al Trono japonés
Japón espera con expectación el nacimiento este miércoles del tercer descendiente de la princesa Kiko, que, de ser varón, aspiraría a la sucesión al Trono tras su padre, el príncipe Akishino, y el hermano de éste, el príncipe heredero Naruhito
Japón espera con expectación el nacimiento este miércoles del tercer descendiente de la princesa Kiko, que, de ser varón, aspiraría a la sucesión al Trono tras su padre, el príncipe Akishino, y el hermano de éste, el príncipe heredero Naruhito. Todas las miradas están ya atentas a las noticias que puedan llegar de la clínica "Aiiku", en el distrito tokiota de Minato, donde se encuentra ingresada Kiko desde mediados de agosto, cuando le detectaron la complicación placentaria que motiva la cesárea que le practicarán mañana. Los últimos datos médicos facilitados por el supervisor médico de la Casa Imperial, el doctor Ichiro Kanazawa, apuntan a que Kiko, que puede convertirse en madre de un futuro emperador, se encuentra en buenas condiciones y que el bebé se mueve "con normalidad" en el vientre principesco. "Es un buen augurio. Espero que de a luz a un bebé saludable", decía el primer ministro nipón, Junichiro Koizumi, sin entrar en el debate que ha puesto al rojo este embarazo en el seno de la monarquía reinante más antigua del planeta. Kiko y Akishino son padres ya de dos niñas, Mako y Kako, de 14 y 11 años, respectivamente, por lo que no son pocos los que en Japón cuestionan la "oportunidad" del embarazo de la princesa una década después de haber dado a luz por última vez y justo cuando se impulsaba el cambio de la Ley de Sucesión. Si el bebé es un niño, el nacimiento de mañana pondrá fin, al menos de momento, a la controversia sucesoria, pues se convertirá en tercero en la línea de ascensión al trono, tras el actual heredero, el príncipe Naruhito, y el hermano de éste y padre de la criatura, Akishino. Toda cambia si nace una niña, pues en tal caso se reanudará el debate y volverá a la palestra de la vida pública y política japonesa la necesidad de cambiar la actual ley sálica. La Ley de Sucesión Imperial, de 1947, establece que sólo pueden heredar el Trono del Crisantemo los varones descendientes por línea directa del emperador. Sin embargo, desde hace casi 41 años (el príncipe Akishino tiene 40) no ha nacido ningún varón en la familia real nipona. El príncipe heredero Naruhito, de 46 años, y su esposa, la princesa Masako, de 40, tienen una hija, Aiko, de 4 años, por lo que antes de que se conociera en enero el embarazo de su cuñada Kiko se había planteado la reforma de la Ley de Sucesión para posibilitar la ascensión al Trono de esta niña. En noviembre pasado, un comité gubernamental recomendó cambiar la Ley de Sucesión para garantizar que el primogénito de los príncipes herederos pudiera convertirse en monarca, fuera cual fuera su sexo. Koizumi se comprometió a llevar ese cambio legal al Parlamento, donde la aprobación de la reforma habría despejado el futuro ascenso al Trono de Aiko. Sin embargo, el embarazo de Kiko dio a las facciones más conservadoras de la Administración Koizumi el instrumento ideal para detener los planes de reforma y apostar por una oportunidad más de mantener la sucesión patrilineal. Los tradicionalistas temen que una emperatriz pueda casarse con un plebeyo y que, de esa forma, se imponga la "línea femenina" en la sucesión. Los más ortodoxos contemplan horrorizados la posibilidad de que una eventual heredera al trono pudiera casarse con un extranjero que introdujera sangre foránea en la "pureza milenaria" de la monarquía nipona. Curiosamente, las encuestas realizadas apenas un día después de conocerse el embarazo de la princesa Kiko apuntaban a que un 64,1 por ciento de los japoneses era favorable a tener monarcas femeninos y a que sus descendientes heredaran también el Trono. Si es niña la criatura que nazca mañana, el inconcluso problema de la sucesión al Trono Imperial japonés será uno más de los desafíos con los que se encontrará el nuevo primer ministro que el próximo 20 de septiembre sustituya a Koizumi. Casi con toda probabilidad, el nuevo jefe de Gobierno será el actual ministro portavoz, Shinzo Abe, quien ya ha dado muestras de un exacerbado conservadurismo en materias como la seguridad y el imparable avance del nacionalismo en la sociedad japonesa. No sería de extrañar en tal caso, que con Abe al frente del Ejecutivo, se impusieran en el debate sucesorio las posturas de tradicionalistas como el primo del emperador, el príncipe Tomohito Mikasa. Este aristócrata no contempla otra posibilidad que preservar la línea de sucesión patrilineal, para lo cual sería aceptable incluso la adopción "imperial" de algún miembro de la nobleza ligada por sangre al emperador, cuyas ramas fueron abolidas tras la Segunda Guerra Mundial.




