"La soberbia, el poder y el dinero hacen al hombre inmundo", dijo el Papa en la tradicional misa del Jueves Santo
Benedicto XVI recuperó hoy, Jueves Santos, la tradición de celebrar en la basílica de San Juan de Letrán la Misa de la Ultima Cena, durante la que lavó los pies a doce hombres y en la que dijo que al hombre le vuelve inmundo la soberbia de creer que no necesita a Dios, el poder y el dinero
Benedicto XVI recuperó hoy, Jueves Santos, la tradición de celebrar en la basílica de San Juan de Letrán la Misa de la Ultima Cena, durante la que lavó los pies a doce hombres y en la que dijo que al hombre le vuelve inmundo la soberbia de creer que no necesita a Dios, el poder y el dinero. Debido a la enfermedad de Juan Pablo II y para evitarle fatigas, en los últimos años los Oficios de este día se celebraron en la basílica de San Pedro, ahora Ratzinger, como obispo de Roma, ha vuelto a su catedral para conmemorar la Ultima Cena, en la que Jesús instituyó los sacramentos de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal. El Pontífice pronunció una homilía en la que resaltó el amor infinito de Dios hacia al hombre, "su creación, al que ama incluso en la caída y al que no abandona a su suerte". Joseph Ratzinger resaltó que Dios por el hombre depuso su gloria divina y vistió las ropas del esclavo "y se arrodilló ante él, como el esclavo, y le lavó sus pies sucios para que pudiera ser admitido a la mesa del Señor". El Pontífice manifestó que el lavatorio significa su disposición a afrontar la muerte por la redención de los hombres. Sólo el amor -agregó- tiene esa fuerza purificadora "que nos quita la suciedad y nos eleva a la altura de Dios". Ratzinger subrayó que el amor de Dios por el hombre no tiene límites, pero que el hombre si los pone. ¿Que es lo que hace al hombre inmundo?, se preguntó el Papa, que contestó que le hace sucio el rechazo del amor, el no querer se amado y el no amar. "Es la soberbia de creer que no necesita purificación, el cerrarse a la voluntad salvadora de Dios. Es la soberbia. En Judas vemos ese rechazo con más claridad. Valora a Jesús según las categorías del poder y del éxito. Para él, sólo el poder y el éxito son realidad, el amor no cuenta. Tiene avidez de dinero, que es más importante que Dios y su amor", afirmó el Papa. Benedicto XVI agregó que así el hombre se vuelve mentiroso, vive en la mentira, pierde el sentido de la Verdad Suprema, es incapaz de la conversión y destruye su vida. Jesucristo, añadió el Papa, advierte contra esa autosuficiencia e invita a los hombres a imitar su humildad. Durante la ceremonia se cumplió el rito del lavatorio de los pies de doce presbíteros. El Papa dijo que el lavarse los pies, unos a otros, significa perdonarse incansablemente, comenzar de nuevo, soportarse recíprocamente y entregarse. La palabra que pronunció más veces durante la ceremonia fue "amor", sobre todo el de Dios, que dijo, "no se agota nunca". Por decisión del Papa, el dinero que se recogió durante la misase destinará al proyecto de reconstrucción de casas para las víctimas del alud de barro que afectó a la zona de Maasin, en Filipinas, Asía, continente que está siempre en su pensamiento. Mañana, Viernes Santo, conmemorará en la basílica de San Pedro la Pasión del Señor y por la noche acudirá al Coliseo de Roma, en el centro de la Ciudad Eterna, para presidir en ese lugar, que simboliza el martirio de muchos cristianos, el tradicional Vía Crucis. Juan Pablo II solía bajar el Viernes Santo a San Pedro para confesar como un cura más. De momento, se desconoce si Benedicto XVI mantendrá esa tradición. Hoy ya dejó a un lado otra costumbre consolidada por Juan Pablo II y no ha escrito la tradicional carta que todos los años enviaba Karol Wojtyla a los sacerdotes del mundo por el Jueves Santo.




