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Lula da Silva gana presidencia de Brasil

El socialista Luiz Inácio Lula da Silva ganó la presidencia de Brasil con un 60,6 por ciento de los votos, según los primeros resultados oficiales de las elecciones de este domingo difundidos por el Tribunal Supremo Electoral.

BRASILIA.--- El socialista Luiz Inácio Lula da Silva ganó la presidencia de Brasil con un 60,6 por ciento de los votos, según los primeros resultados oficiales de las elecciones de este domingo difundidos por el Tribunal Supremo Electoral.
Lula, del Partido de los Trabajadores (PT), consiguió 17,7 millones de votos y superó holgadamente al oficialista José Serra, quien tenía 11,5 millones de votos (39,3 por ciento), de acuerdo a un boletín oficial emitido cuando había sido contabilizado el 51 por ciento del censo electoral.
La abstención se ubicaba en 20 por ciento, dos puntos por encima de lo registrado el 6 de octubre durante la primera vuelta electoral y ligeramente inferior a la de las elecciones presidenciales de 1998.
En las principales ciudades de Brasil, los seguidores de Lula le dieron nuevo fuego a una celebración que había comenzado por adelantado el sábado, cuando terminaron los últimos actos públicos y el triunfo de Lula parecía inevitable.
Este tornero mecánico se convierte en el primer obrero que llega a la presidencia de Brasil en sus 113 años de vida republicana.
A partir del 1 de enero asumirá como el 39 presidente de su historia, y en el tercero elegido por voto popular desde el regreso de la democracia, en 1985.
Lula recibirá la banda presidencial de manos de Fernando Henrique Cardoso, un sociólogo de fama internacional, que enseñó en la Sorbona de Francia y tiene doctorados honoris causa de 15 universidades del mundo.
Este viraje en las referencias de los electores demuestra la madurez de la democracia brasileña, coincidieron analistas políticos.
La elección de Lula fue recibida con euforia por líderes de la izquierda latinoamericana reunidos en Sao Paulo para la fiesta anticipada, quienes pronosticaron repercusiones políticas y económicas en toda la región.
"Lula puede demostrar que América Latina tiene una alternativa al modelo neoliberal que impera en la región", dijo a EFE el diputado peruano Javier Díez-Canseco, del Partido Unificado Mariateguista.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, se apresuró a felicitar a Lula mucho antes de conocerse los primeros resultados oficiales y le deseó "toda la suerte del mundo" durante un programa radial emitido en Caracas.
"Desde aquí le hago llegar a nombre de todo el pueblo de Venezuela esta mano, este corazón, esta fe", manifestó Chávez.
Pese a las adhesiones incondicionales de la izquierda tradicional, la imagen del Lula como presidente está lejos del líder sindical marxista que en otras tres campañas presidenciales despertó miedos dentro y fuera de Brasil.
Su revolución de "paz y amor" le ha convertido en presidente electo de Brasil en un octubre rojo como la bandera del Partido de los Trabajadores (PT), organización que se ha movido hacia el centro y ha terminado coincidiendo con ideas de partidos socialdemócratas.
Ese pragmatismo mostrado por Lula y su partido serán claves en los próximos cuatro años, cuando deberá lidiar con el que, según la ONU, es el segundo país más desigual del mundo.
La economía brasileña, complicada por el proceso que concluyó hoy con la elección de Lula, podrá comenzar a recuperarse en las próximas semanas, confió hoy el principal asesor económico del presidente electo.
"El triunfo ya había sido asimilado y tomado en serio por los mercados", aseguró Guido Mantega, jefe del equipo económico de Lula.
"Podríamos tener una mejoría más rápido de lo que la gente imaginaba", agregó.
"Lula deberá reiterar los compromisos de mantener la estabilidad de la economía y respetar los acuerdos (de pagos de deuda) firmados por el país", garantizó Mantega.
Brasil, un país de abismales contrastes, es la undécima economía del mundo, pero ocupa el 46 lugar en el índice de calidad humana de la ONU.
Los principales retos de Lula serán satisfacer las demandas de 56 millones de pobres, 12 millones de desempleados, una economía informal mayor que la formal y una deuda pública de casi 300.000 millones de dólares, entre otros dramas urgentes.
Pese al resonante triunfo de su líder, el PT perdió hoy el gobierno del estado de Río Grande del Sur, cuya capital, Porto Alegre, es su bastión histórico desde hace 15 años.
Tampoco consiguió ganar en el estado de Sao Paulo, el más rico e industrializado del país y cuna de los movimientos obreros que hace 20 años dieron nacimiento a esta organización de génesis trostkista.
Estaban en disputa los gobiernos de 14 de los 27 estados de Brasil y el PT parecía ganar apenas en uno, Mato Grosso do Sul.
El largo y sinuoso camino del PT de Lula al socialismo "ligth"
El Partido de los Trabajadores (PT) de Luiz Inácio Lula da Silva, nacido como fuerza obrera y marxista, llega al poder en Brasil 22 años después de su fundación, escorado ahora hacia un socialismo "ligth".
El triunfo de Lula ha sido considerado por algunos analistas como la más importante victoria electoral de la izquierda latinoamericana desde 1970, cuando Salvador Allende fue elegido presidente de Chile.
Entre Lula y Allende, muerto en medio del cruento golpe del 11 de septiembre de 1973, hay alguna coincidencia. Pero también una clara distancia ideológica que abriría un abismo entre el PT de hoy y la Unidad Popular chilena de entonces.
Antes de llegar al poder, Allende había sido candidato en 1952, 1958 y 1964. Lula, de 57 años, se postuló en 1989, 1994 y 1998, y en las tres ocasiones quedó segundo, igual que el político chileno.
Sin embargo, no parece haber paralelo posible entre lo que se conoció como la "vía chilena al socialismo" o "la revolución de la empanada y el vino tinto", y la moderación que pregona hoy el PT.
Fundado bajo orientación marxista, en sus renovados estatutos el partido de Lula se plantea ahora como objetivo "la construcción del socialismo democrático".
También "luchar" por "democracia, pluralidad, solidaridad y las transformaciones políticas, sociales, institucionales, económicas, jurídicas y culturales para eliminar la explotación, la dominación, la opresión, la desigualdad, la injusticia y la miseria".
El PT nació en 1980 como partido netamente obrero en el cinturón industrial de Sao Paulo, al calor de las luchas sindicales contra la dictadura instaurada en 1964, y se definió como un "adversario" de "banqueros", "latifundistas" y "multinacionales".
Junto a sindicalistas de orientación trostkista, como el Lula de entonces, abrigó al comienzo a católicos de base, sacerdotes de la Teología de la Liberación e intelectuales marxistas opuestos a la hegemonía que la Unión Soviética ejercía sobre la izquierda mundial.
El PT llegó a ser uno de los miembros latinoamericanos de la extinta IV Internacional (trostkista), pero un continuo proceso de depuración eliminó gradualmente todos sus postulados marxistas.
El "partido sin patrones" comenzó a expurgarse en 1989, cuando postuló por primera vez a Lula para la presidencia.
Se suavizaron sus estatutos y un año después fue expulsada la facción trostkista Causa Obrera. A ese primer paso siguió después la sustitución de las referencias a la "dictadura del proletariado" por la "búsqueda de una revolución democrática".
En el camino hacia el "socialismo light" también quedó afuera el grupo marxista Convergencia Socialista, expulsado en 1992.
Sin embargo, aún subyacen radicales que, según el propio partido, representan alrededor del 30 por ciento de la fuerza parlamentaria en la que se deberá apoyar Lula para gobernar.
Esos radicales y viejos aliados, como el combativo Movimiento Sin Tierra (MST), pueden suponer fuertes presiones y dificultades en la gestión del ahora moderado Lula.
Como la mayoría del PT, el ahora presidente electo dejó de hablar de "revolución" hace años, cambió el atuendo de obrero por elegantes trajes y empleó un sobrio discurso que supo ir adaptando a cada público durante su campaña electoral.
Siempre habló de la construcción de un país más justo, pero los matices aparecieron a medida que variaba el auditorio.
Ante militantes del PT parecía el viejo Lula de puño en alto, pero con empresarios hablaba de la necesidad de apoyar a la industria nacional e incrementar las exportaciones, y con los militares de su pasión nacionalista y su admiración por la planificación que imperó en las dictaduras.
Lula y el PT también nadaron contra la corriente "anti-partidos" que ha recorrido América Latina en los últimos años.
Siempre destacó que su candidatura estaba respaldada por el PT y la experiencia de su partido en gobiernos regionales y municipales fue su respuesta cuando se le achacó que nunca ejerció un cargo público.
También le echaron en cara su falta de estudios universitarios. El único título que Lula podrá colgar en su despacho del Palacio de Planalto es el de tornero mecánico.
"Mi experiencia es política y es de lucha. Si los doctores han llevado al país a esta miseria, es hora de darle la oportunidad a un obrero", dijo en la campaña.

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