La destrucción de transgénicos dificulta la investigación
La compañía estadounidense Monsanto, dedicada a la investigación y modificación genética de productos agrarios, advirtió que la destrucción de plantas transgénicas dificulta la investigación y es un acto "contrario a derecho".
PARIS.-- La compañía estadounidense Monsanto, dedicada a la investigación y modificación genética de productos agrarios, advirtió que la destrucción de plantas transgénicas dificulta la investigación y es un acto "contrario a derecho".La multinacional reaccionó así a la destrucción de unos mil metros cuadrados de maíz transgénico de su propiedad en Salettes (sureste de Francia) efectuada hoy por un centenar de personas, a iniciativa del sindicato agrario Confederación Campesina del líder antiglobalización francés José Bové.También hoy fueron arrancadas plantas de maíz de la sociedad Biogema en Cleon D'Andran, aunque no estaban etiquetadas como organismos genéticamente modificados (OGM).Frente a la opinión de Monsanto, el sindicato agrario opina que el maíz transgénico sirve para testar la resistencia a los herbicidas y no para buscar aplicaciones en el sector sanitario.La acción de la Confederación Campesina, en la que también participaron miembros de los Verdes y del grupo antiglobalización Attac, también generó las críticas del ministro francés de Investigación, Roger-Gerard Schwartzenberg.El ministro acusó a los militantes en contra de los OGM de no considerar "las perspectivas abiertas" por los cultivos transgénicos, sobre todo para el Tercer Mundo.El miércoles pasado, cultivos de Monsanto en Beaucaire (sureste de Francia) fueron objeto de la primera acción de este tipo, ante lo que la empresa presentó una demanda judicial.Tras esa primera destrucción, la Confederación Campesina anunció un programa de ataques contra cultivos experimentales hasta mediados de septiembre próximo.Estas acciones se enmarcan en la advertencia que este sindicato lanzó a finales de julio pasado de que procedería a destruir campos de ensayos de OGM que no estuvieran aislados, si el Ministerio de Agricultura no ordenaba su desaparición antes del 12 de agosto.Los sindicalistas agrarios pretenden denunciar así los riesgos de que las semillas de OGM se dispersen por el ambiente, como confirmó recientemente la Agencia Sanitaria de los Alimentos, que encontró restos de organismos genéticamente modificados en el 41 por ciento de las muestras analizadas de maíz convencional. EFEacm/ab/cbm




