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EEUU apuesta a su peso militar para asfixiar narcotráfico y precipitar la paz

Estados Unidos niega que la ayuda militar masiva que aportará a Colombia conduzca a un "nuevo Vietnam" y espera que permita a las fuerzas de seguridad colombianas lanzar una ofensiva decisiva contra la droga en el sur del país, obligando a la guerrilla, financiada en parte por el narcotráfico, a negociar la paz.

WASHINGTON, Ago 27 (AFP) - Estados Unidos niega que la ayuda militar masiva que aportará a Colombia conduzca a un "nuevo Vietnam" y espera que permita a las fuerzas de seguridad colombianas lanzar una ofensiva decisiva contra la droga en el sur del país, obligando a la guerrilla, financiada en parte por el narcotráfico, a negociar la paz.
Un total de 60 helicópteros -18 Blackhwak y 42 Hueys- y 500 instructores militares o de inteligencia: Estados Unidos pone el peso de su poder bélico en Colombia esperando provocar un desequilibrio de fuerzas decisivo a favor del gobierno de Andrés Pastrana.
La apuesta militar antidrogas excluye tropas para combatir y representa tres cuartas partes de la contribución norteamericana de 1.300 millones de dólares al "Plan Colombia" de Pastrana, cuya aplicación lanzará simbólicamente el presidente Bill Clinton durante su visita este miércoles al puerto colombiano de Cartagena.
"La teoría que fundamenta el plan Colombia es que, al ejercer toda la presión en el flanco del narcotráfico, se podrá presionar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a sentarse a negociar", explicó Lowell Fleischer, del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) con sede en Washington.
La estrategia lleva el respaldo de una ley votada por el Congreso norteamericano, controlado por la oposición republicana, pero suscita escepticismo en Estados Unidos, en Colombia y en el resto de América Latina.
Las FARC afirman que la ayuda norteamericana supone la "punta de lanza" de una intervención militar directa de Washington y agitan desde Colombia el espectro de "un nuevo Vietnam".
"No existe ningún plan, ni propuesta, ni idea de comprometer fuerzas norteamericanas en Colombia más que en cantidad limitada y regidas por una legislación", aseguró el subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, Thomas Pickering. "Estados Unidos no puede involucrar tropas en combate" y "lo de Vietnam es una idea falsa", insistió.
Samuel Berger, consejero de Clinton para Asuntos de Seguridad Nacional, explicó que Washington no cree en "una solución militar" al problema de la guerrilla. La estrategia, dijo Berger, "no está destinada a respaldar una ofensiva contra la insurgencia", sino que "se trata de un plan a favor de la paz y contra la droga".
Los responsables norteamericanos insisten en que el Plan Colombia, mientras ejerce la presión militar sobre el narcotráfico, también contempla otros aspectos de la problemática colombiana, incluyendo el diálogo de paz con la guerrilla y una ayuda a la recuperación de la economía.
"La eficacia del Gobierno colombiano para afrontar todos los aspectos del problema es su carta más fuerte en el proceso de paz", explicó Pickering. "Pensamos que una ejecución exitosa del Plan Colombia -agregó-, conducirá a ese proceso más cerca de la solución".
El plan suscita particular inquietud entre los países vecinos, en especial Ecuador, Perú, Venezuela y Brasil, que tomaron medidas para fortalecer militarmente sus fronteras por temor a que un conflicto agudizado en Colombia se extienda a sus territorios.
Estados Unidos invoca el éxito obtenido contra la droga en Perú y Bolivia para afirmar que su estrategia puede funcionar en Colombia. Los escépticos destacan que la producción global de cocaína de la región andina no disminuyó durante la última década sino que simplemente se trasladó de un país a otro.
"Como quedó demostrado en el pasado, los narcotraficantes en América Latina pueden moverse de un país a otro, y si tenemos éxito en Colombia, lo que probablemente sucederá es que el negocio de la droga irá a Ecuador, volverá a Perú o incluso se trasladará a Brasil", comentó Fleischer.
Las organizaciones de defensa de derechos humanos consideran un error ayudar a los militares colombianos cuyos vínculos con las unidades paramilitares responsables de los peores abusos están demostrados.
Clinton dijo esta semana confiar en que Pastrana tomará las medidas necesarias para controlar a las Fuerzas Armadas y asegura que Estados Unidos seguirá monitoreando su desempeño en materia de derechos humanos.
Ante las críticas, Washington reconoce que el plan puede tardar en dar resultados, pero advierte que la inacción es aún más peligrosa para los países de la región.
"Aquellos que hablan en contra no han ofrecido ninguna solución alternativa, más que la de dejar que el problema destruya a Colombia, con la esperanza de que no se extenderá a otra parte", dijo Pickering. "Quien crea que eso va a suceder se está haciendo muchas ilusiones", advirtió el responsable, uno de los principales estrategas de la política hacia Colombia en el departamento de Estado.
En Colombia se origina el 90% de la cocaína que entra a Estados Unidos, donde el flagelo de las drogas deja anualmente 52.000 muertos y cuesta 110 mil millones de dólares a la sociedad, según estadísticas oficiales.

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