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TUMULTO Y ATASCOS PARA VER LAS EXPLOSIONES DEL TUNGURAHUA

Unas dos mil personas y más de 300 vehículos provocan a diario tumultos y atascos en una angosta calle que bordea un cerro aledaño al volcán ecuatoriano Tungurahua, que desde hace diez días no ha dejado de deslumbrar a sus visitantes con bocanadas de fuego y ceniza.

Unas dos mil personas y más de 300 vehículos provocan a diario tumultos y atascos en una angosta calle que bordea un cerro aledaño al volcán ecuatoriano Tungurahua, que desde hace diez días no ha dejado de deslumbrar a sus visitantes con bocanadas de fuego y ceniza.

Los 30 militares y 15 policías que vigilan el lugar son superados por la multitud que permanentemente rompe los cercos de seguridad y se acerca, lo más que puede, al volcán.

En una planicie del cerro Cotaló, 10 kilómetros en línea aérea al frente de esta montaña de 5.016 metros sobre el nivel del mar, se ha instalado un mirador, al que concurren en las madrugadas miles de visitantes que no quieren perderse las explosiones.

El Tunguarahua, ubicado en el centro andino de Ecuador, unos 180 kilómetros al sur de Quito y 40 kilómetros al sureste de Ambato, se ha convertido en uno de los sitios turísticos de mayor concurrencia en los últimos días, pese al peligro que genera.

El Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional calcula que una gran explosión del Tungurahua es cuestión de días o pocas semanas con una intensidad de "grado tres", en una escala internacional de medición que va de uno a siete, que supone bocanadas de lava, ceniza, vapor de agua y dióxido de azufre.

En las planicies de Cotaló sólo se espera la gran explosión, pues el atractivo de las pequeñas explosiones de flujos piroclásticos, rocas de fuego, son tan constantes que, para los asiduos vigilantes de la montaña, ya son rutinarias.

Esas explosiones, denominadas por los vulcanólogos "estrombolianas" (por su similitud con las del Stromboli en Italia), no sólo son motivo de expectación y admiración para los curiosos. Decenas de parejas van a las cercanías del Tungurahua para afianzar sus sentimientos, pues existe la creencia entre los campesinos de la zona de que un juramento ante la montaña es más fuerte que las simples palabras.

También decenas de ancianos van a esos sitios para declarar sus pesares a la montaña, con el objetivo de que ésta los escuche y pueda aliviarles sus problemas.

Las decenas de niños que acuden a Cotaló también se quedan maravillados con el espectáculo y con las historias que sobre el volcán cuentan sus mayores.

Según una leyenda, el Tungurahua es un ser vivo, con sentimientos y ahora ha reaccionado con furia al ver que en sus pies, justamente en la ciudad turística de Baños, los miles de turistas extranjeros que recibía hasta antes de la actividad volcánica, han prostituido la tranquila vida de esta villa evacuada por completo.

Otros aseguran, que el Tungurahua está enojado por los malos gobiernos y sus explosiones son un aviso para que la situación mejore.

Varios ancianos afirman que el volcán ha despertado para recordarles a sus hijos la muerte del último emperador inca, Atahualpa, y que es la causa de que los indígenas de una localidad cercana, Salasaca, vistan con ponchos negros en señal de luto.

La serie de leyendas que se han tejido sobre el Tungurahua también han cautivado a los periodistas, varios de los cuales, con mucha imaginación, han podido observar en las fotografías de las explosiones una encarnada lucha entre el demonio y la virgen de Agua Santa, la patrona de Baños.

No obstante, los habitantes de las zonas de bajo riesgo que no han sido evacuadas se las tienen que ingeniar para lograr subsistir tras la bajada del flujo turístico, que en meses pasados era la principal actividad de la zona.

En Penipe, una localidad ubicada unos 20 kilómetros al norte de Cotaló, el comercio se ha dedicado a la venta de objetos relacionados con el Tungurahua, aunque la actividad no les representa tantos ingresos como el beneficio que antes obtenían del turismo extranjero, que ha mermado.

"Si sigue así, no vamos a tener más remedio que ir a vivir a otra ciudad para poder trabajar", aseguró uno de los comerciantes que desde que se comenzó la actividad del volcán, hace un par de meses, ha visto reducirse sus ingresos en más de un 50 por ciento

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