Editorial
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Atormentados

Estados Unidos experimenta esta tormenta perfecta, padecida y a la vez generada por su presidente

Pescadores pasando necesidades económicas... dos tormentas, una de origen frío y otra caliente... La fusión de ambas en el escenario atmosférico... un barco pesquero pequeño, viejo y endeble... un capitán osado y necesitado... La tormenta perfecta, hace 20 años, cuando podíamos ir a cine, protagonizada por George Clooney.

Hombre intentó arrollar a multitud en protesta por muerte de George Floyd

Un país convertido en epicentro del contagio y la muerte... una dura situación económica para millones de personas... un policía que asesina frente a todo el mundo a un ciudadano negro que acababa de arrestar... unos transeúntes rogando por la vida del detenido... un capitán con enorme lengua, muchos prejuicios y una soberbia king size. Lo decía Daniel Samper Pizano en su columna de Los Danieles: "Si uno mira los valores del actual gobierno de EE. UU. —racista, machista, mendaz, xenófobo, irresponsable—, hallará pocos valores dignos de compartir".

Estados Unidos experimenta esta tormenta perfecta, padecida y a la vez generada por su presidente, el mismo que tuvo que pasar ayer una humillante hora de bunker en su casa, la Casa Blanca, especialmente blanca por estos días, escondiéndose no del terrorismo o el ataque externo.

Anonymous envió fuerte mensaje a la policía, tras muerte de George Floyd

Escondiéndose de su propia gente, indignada por la mano blanda frente a la injusticia por lo sucedido con George Floyd en Minneapolis. América, el país con nombre de continente, demuestra nuevamente que las crisis sociales no han logrado llegar a puerto seguro, y que sigue habiendo al menos un país dentro del país, uno que se siente de segunda categoría, uno que asegura ser medido con diferente racero, uno que no está dispuesto a callar mientras le aprietan el cuello contra el pavimento.

La tormenta perfecta puede surgir en todas partes, en cualquier momento, cuando menos lo pensamos. Donald Trump ya lo sabe. Y su reelección sigue a merced de las inclemencias del clima y de su propia necedad. La tormenta perfecta, tomemos nota, no es algo que solo pueda envolver a Trump, quien eligió el camino fácil de echarle la culpa a la izquierda... porque solo en cuestiones de solidaridad es válido aquello de que la derecha no debe saber qué hace la izquierda.

¿Qué pasó con George Floyd durante los 30 minutos del arresto y su muerte?

El mundo, siempre dividido y en ebullición, finalmente es uno solo, como entienden hoy en Londres, Manchester y Berlín. Y las tormentas no saben de fronteras. Ni respetan los límites de la estupidez.

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