Transformar el sistema educativo en Colombia: dos casos de innovación que demuestran cómo lograrlo
El sistema de evaluación en las instituciones y la creación de espacios que contribuyan al desarrollo integral del estudiante se han consolidado como los pilares de innovación para el futuro de la educación.
El futuro del sistema educativo en Colombia apuesta por un análisis del aprendizaje más recurrente y humano, dejando atrás los modelos de evaluación tradicionales. | Foto: Sara Medellín
Por: Sofía González
El paso de los años, los cambios sociales y las decisiones culturales —donde la tecnología actúa como mediador constante— han transformado profundamente el entorno y la forma de ver la vida, tanto en el ámbito laboral como en la educación.
En el contexto académico, expertos coinciden en que seguir los procesos y lineamientos tradicionales ya no funciona. Ante este panorama, diversas instituciones y entidades comienzan a implementar medidas, primero como planes piloto y luego definitivas, basadas en las necesidades reales de los estudiantes que ya muestran resultados de alto impacto.
El Futuro de la Educación conoció algunas de estas experiencias, y el contexto en el que surgen, en el marco del Foro Internacional de Alta Dirección y Excelencia Educativa, convocado por Colombia Excelente y Santillana.
Una cifra, un cambio
El reto actual de las instituciones no es solo retener al estudiante, sino evolucionar a la misma velocidad que sus intereses para evitar que el sistema educativo se vuelva irrelevante frente a los nuevos modelos de aprendizaje. | Foto: Sara Medellín
Según el último reporte del Ministerio de Educación, a febrero de 2026 la matrícula total en instituciones de educación básica se sitúa en 8,35 millones de estudiantes, de los cuales el 81 % llegan al sector oficial; el 19 % restante al sector privado.
La reducción en el número de alumnos, aseguran expertos, es una consecuencia directa del descenso en la natalidad. Cifras del DANE revelan que el país pasó de más de 600.000 nacimientos anuales desde el año 2016 a solo 433.678 en 2025. Esta tendencia llevó a que, en los últimos seis años, un total de 6.263 sedes educativas cerraran sus puertas; de estas, 3.817, el 60,9 %, corresponden a instituciones publicas y 2.446, o el 39,1 % son privadas.
Según el informe de análisis estadístico de la Universidad Javeriana, se estima que para 2070 los menores en edad escolar representarán apenas el 13,9 % de la población total. Este escenario obliga a las instituciones a pasar de un modelo de “cantidad” a uno de “calidad e innovación” para asegurar su sostenibilidad.
Las cifras parecen corroborar ese postulado. Informes del Laboratorio de Economía de la Educación de la Javeriana y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos señalan que Colombia mantiene tasas de reprobación elevadas. Mientras el sector público presenta niveles de pérdida de año cercanos al 9,2 %, el sector privado presenta una cifra menor, en torno al 1,5 %.
Todo lo anterior, sin contar el reto de la deserción en los escenarios tradicionales a causa del surgimiento de modelos alternativos de aprendizaje.
Dicho de otra forma, los expertos asocian la pérdida de materias con la brecha en innovación. La falta de metodologías dinámicas y el desfase entre el currículo escolar y las demandas del siglo XXI son citados como factores que disminuyen el interés del estudiante, afectando su desempeño y permanencia el sistema.
“La evaluación tradicional ya no funciona”
La transición de la evaluación tradicional hacia un modelo de diagnóstico preventivo que utiliza el Big Data permite mejorar el desempeño académico en diversos niveles socioeconómicos. | Foto: Sara Medellín
En el marco del encuentro, varios participantes señalaron que la evaluación tradicional, tanto para maestros como para estudiantes, ya no es efectiva. Carlos Amaya, director de Innovación y Desarrollo Educativo de Santillana, explicó que aunque los colegios realizan sus propias evaluaciones internas, a menudo no se sabe qué ocurre con esa información.
El experto enfatiza que la cultura de la evaluación no debe ser un mecanismo para castigar o “satanizar”, sino un proceso recurrente que genere ciclos de mejora. Si la evaluación se hace de forma escalonada, por ejemplo, cada dos meses, se pueden tomar decisiones oportunas sobre datos actualizados.
Dicho esto, Amaya, que lidera el programa iM-PROVE, una iniciativa que busca cambiar el enfoque donde la evaluación parece reducirse únicamente a las pruebas de Estado como Icfes Saber 11 o Saber Pro, cita tecnologías como el Big Data, que permite procesar grandes volúmenes de datos para convertirlos en herramientas de desarrollo, como una ruta para lograr justo ese objetivo.
Lo anterior entendiendo que la falta de cobertura a lo largo del ciclo escolar es uno de los grandes retos del sistema: aunque iniciativas de evaluación estandarizada han beneficiado a más de 690.000 estudiantes a nivel nacional, el directivo resalta que el enfoque no debe estar solo en los resultados finales de las pruebas Saber.
“El grado segundo, por ejemplo, es un momento crítico donde el niño debe decodificar y leer correctamente. Si no se logra en esta etapa, el estudiante arrastrará rezagos permanentes, ya que la lectura es fundamental para cualquier aprendizaje posterior", ejemplifica.
De ahí que iM-PROVE busque que el docente no se limite a señalar una respuesta incorrecta, sino que pregunte al estudiante cómo se sintió y busque actividades de apoyo. “No hacer evaluación es como si un médico operara sin hacer exámenes previos”, asegura Amaya, como antesala para explicar los tres frentes de acción de la iniciativa:
- Analizar y tomar decisiones informadas, basadas en datos reales para saber qué camino tomar.
- Priorizar y segmentar grupos de estudiantes con necesidades específicas.
- Recuperar y acelerar el aprendizaje, como un mecanismo de intervención ante la pérdida de ritmo académico cuando los procesos no avanzan.
En estos frentes, la tecnología y particularmente la inteligencia artificial son herramientas esenciales que pueden ayudar sin reemplazar al docente. De hecho, Santillana ya implementa esquemas de analítica con 100 mil estudiantes en colegios privados, que buscan probar ese punto.
Casos como el Colegio de la Policía y diversas instituciones de estratos dos y tres, como el Colegio Dirigentes del Futuro en Soacha, demuestran que este enfoque eleva el puntaje en las pruebas de Estado.
La visión ofrecida por Amaya se complementa con el testimonio de Rodrigo de la Ossa, director general de Sistemas Educativos de Santillana para Colombia, quien advierte que en un entorno de incertidumbre, la sostenibilidad educativa requiere responder a las necesidades de estudiantes, docentes y padres por igual.
A través de la Fundación Santillana, añadió se busca que la investigación y el conocimiento tecnológico estén al servicio público, colaborando con entidades públicas de todos los niveles para fortalecer el sistema educativo. Actualmente, por ejemplo, sostienen convenios con la Secretaría de Educación de Bogotá que benefician a más de 78.000 estudiantes del Distrito en términos de calidad.
Formación integral y enfoque STEAM
El modelo STEAM, implementando en el Colegio San Tarsicio, permite que los estudiantes desarrollen sus habilidades por medio de retos reales, demostrando su potencial. | Foto: Sara Medellín
Por su parte, Juan Antonio Rodríguez, rector del Colegio San Tarsicio, destacó que la formación humana debe ir por delante de la instrucción académica. Esto, con el objetivo de formar, ante todo, buenas personas, con valores sólidos, que les permitan adaptarse al cambio.
Valga recordar que el San Tarsicio, se ubica en los primeros 30 puestos de las pruebas Saber a nivel nacional, entre otras cosas gracias a su apuesta por el modelo STEAM (que del inglés traduce ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas) con enfoque práctico. Este busca que los estudiantes dejen de ser receptores pasivos y aprendan a resolver problemas reales mediante la creatividad y la experimentación. Para ello se apalancan en tres pilares.
- Personalización: para desarrollar las habilidades de cada niño de acuerdo a su potencial.
- Herramientas modernas: que promueven el uso consciente de inteligencia artifical, bilingüismo y educación ambiental a través de una granja experimental propia.
- Nuevos espacios: como la construcción de un nuevo edificio dedicado exclusivamente al modelo STEAM para fomentar retos integrados.
Rodríguez sostiene que, en diez años, y aunque la tecnología siga avanzando, lo fundamental será que los estudiantes mantengan su sentido social, fraternidad y unión. El sistema educativo, insiste, debe migrar hacia la personalización de los gustos y prioridades de las naciones, las familias y, sobre todo, del estudiante.
Para él, la educación fundada en el respeto a la dignidad humana es el camino para que todos cumplan sus sueños. "Lo que se haga hoy, desde el amor, el compañerismo y el servicio a la sociedad, es lo que cambiará el futuro de los estudiantes en Colombia", concluye.