Madre se infiltró en zona de disidencias Farc para rescatar a su hijo de 14 años reclutado

Desesperadas por la situación, la mamá y la tía del menor tomaron una decisión extrema: internarse en zona.

La mayoría de niños reclutados por la guerrilla serían indígenas. / Colprensa/archivo

Caracol Radio conoció el testimonio de la familia de un niño de 14 años que fue reclutado por las disidencias de las Farc tras ser engañado con promesas de dinero para ayudar a su mamá.

Según relató su tía, al menor “le endulzaron el oído” con la idea de ganar dinero y sacar adelante a su familia. El adolescente aceptó irse con el grupo armado ilusionado, pero pronto entendió que había quedado atrapado en la guerra.

“Se fue ilusionado, pensando que iba a ayudar a la mamá. Cuando ya vio la realidad, lo único que nos decía era: ‘oren por mí, pídanle a Dios por mí, que me ilumine, que me saque de aquí’”, contó la familiar.

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Desesperadas por la situación, la mamá y la tía del menor tomaron una decisión extrema: internarse en zona controlada por las disidencias para suplicar su liberación.

Ambas mujeres llegaron hasta un campamento del grupo armado. Allí, la madre del niño logró quedarse trabajando como cocinera en una vivienda utilizada por integrantes de la estructura, con el objetivo de acercarse al comandante y pedirle que lo dejara salir.

“Nos metimos hasta allá. Mi hermana se quedó trabajando en una casa de ellos mismos para poder hablar con el comandante, para rogarle que nos lo entregara… pero no fue posible”, relató la tía.

Durante ese tiempo, la familia conoció de primera mano la presencia de numerosos menores dentro de la organización armada. Niños y niñas de 11, 12 y 13 años permanecían en campamentos y eran enviados a misiones en medio de enfrentamientos.

“Había muchas niñas, muchos niños. No estaban ni formados. Los mandan a misiones y cuando salen dicen que ya no hay comunicación”, aseguró.

Según el testimonio, varios compañeros del menor habrían sido asesinados o envenenados en medio de la confrontación interna de las disidencias. Incluso, el adolescente estuvo a punto de ser trasladado al Guaviare, una de las zonas más críticas por la disputa entre estructuras armadas.

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“Esos niños que envenenaron allá, que aparecieron con tiro de gracia, eran compañeros de ellos. A él también lo iban a mandar para el Guaviare”, afirmó.

Durante cinco a seis meses la familia no supo si el menor estaba vivo o muerto. Cada combate o reporte de cuerpos sin identificar aumentaba la angustia.

“No sabíamos nada. En la morgue de Santander aparecían niños sin reconocer y mi mamá iba para allá a ver si era él. Era terrible”, dijo.

Hoy, la familia sigue esperando poder recuperarlo. La última frase que recuerdan del niño resume el miedo con el que vivía dentro de la guerra:

“Oren por mí, pídanle a Dios por mí, que me ilumine, que me saque de aquí”.