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Epstein y Pelicot: El horror que nadie quiso ver

Expertos analizaron lo que revela a la sociedad dos casos en los que el silencio, la búsqueda de justicia y las víctimas están marcadas por el horro de la violencia sexual.

Epstein y Pelicot: El horror que nadie quiso ver

En Hora20 un programa especial para entender dos hechos monstruosos y horrorosos que han sacudido al mundo en los últimos meses: el caso de Giselle Pelicot, víctima de violencia sexual por parte de su esposo y el caso de Jeffrey Epstein, el multimillonario pedófilo que montó una red de explotación sexual y pedofilia que salpica hoy al poder global. El análisis a las implicaciones, las causas, sobre qué estaríamos hablando y la dimensión psicológica detrás de estas mentes perversas.

Lo que dicen los panelistas

Catalina Botero, abogada, experta en derecho constitucional, profesora universitaria y exrelatora para la libertad de expresión de la OEA, comentó que los casos Pelicot y Epstein tienen enormes similitudes y diferencias, “una similitud es que hay una violencia estructural contra la mujer y estos casos lo revelan”, además, comentó que estas redes de personas se sentían impunes porque hay un sector que considera que es legítimo, “en un caso como el de Pelicot, durante una década hay 50 personas condenadas y 70 hombres involucrados y la otra es una red global de personas que sentían impunes y cometían crímenes que se han considerado crímenes contra humanidad por violencia sexual o esclavitud”. En ese sentido, comentó que los dos casos sí reflejan una violencia estructural, “en eso se asimilan estos dos casos, pero se separan en que la justicia europea funcionó en el caso Pelicot porque fue la Policía la que encuentra la evidencia y la manera como entendía la violación y el cambio sobre el consentimiento, lo que llevó a una condena de 51 personas. Sin embargo, detalla que en el caso Epstein son periodistas y víctimas las que revelan qué ocurrió y la justicia no actúa, incluso, considera que hay encubrimiento de los actores involucrados.

Claudia Palacios, periodista, columnista, experta en asuntos de género y escritora de “HEMbrujas”, comentó que la manera de contar este hecho debe ser al ritmo de las víctimas, “en el caso de Epstein aplica el no querer exposición, pero muchas recibieron una doble victimización”, sin embargo, en el caso Pelicot recuerda que ella, después de varios años elige dar la cara y hablar del tema de la vergüenza, “lo que debemos considerar es que quieren y necesitan las víctimas y que la justicia no termine estropeada por la forma como los periodistas contamos lo que ocurre”.

En otro frente, dijo que estos dos casos revelan lo que muchas mujeres advierten, pero que son llamadas radicales por buena parte del mundo, “una parte del mundo poderoso está construido por hombres sobre la victimización de las mujeres, en el caso Epstein muestra que los poderosos buscaban el poder que les daba relacionarse con pares masculinos a pesar de que no necesitaban más poder del que ya tenían, pero necesitaban ese pacto masculino para sentirse más poderosos sin reparar que esto incidía en la vida de muchas mujeres”. Advirtió que este caso que ocurrió en Estados Unidos se repite en todas las escalas de la sociedad, “proxenetas hay de toda clase social y en todas partes del mundo porque en todas partes del mundo hay hombres dispuestos a pagar por prostitución y no importa si es con menores de edad”. Finalmente dijo que es tratar a las mujeres como un objeto para ponerle la cereza al pastel del poder masculino, “de eso hay que hablar, de cuáles son los momentos de la vida de los hombres cuando se permite un pacto masculino para ganar poder a costa de victimizar mujeres”,

Iker Seisdedos, periodista de El País en Estados Unidos, recordó que el caso Epstein viene desde 1996 cuando se conoció la primer denuncia contra este hombre al haber robado las fotos de unas hermanas menores de edad y las ofrecía a cambio de dinero, “ sobre este caso ha rondando la discusión si cierta gente cercada del poder tenía conocimiento de los delitos, desde la primera condena y posterior detención y el procesamiento de 2019, esas denuncias han generado intereses sobre quienes estaban enel círculo de amistades y quienes participaron en delitos”. Detalló que los documentos revelados a finales de enero son millones de páginas, registros de vuelos, correos, visitas a las islas privadas que fueron objeto de encubrimiento por parte de las autoridades, “la última desclasificación revela conexiones en Estados Unidos y más allá de fronteras como Noruega, Reino Unido, Francia, Lituania es una red global tal como se sospechaba”.

En el frente judicial, explicó que la única persona que ha caído ante la justicia es su expareja, Ghislaine Maxwell, “hay daños reputacionales a quienes rodeaban a Epstein después de 2008 cuando él queda en el registro de agresores sexuales, entonces quien sea amigo de él después de eso, sabía que era amigo de una persona condenada por ese delito”. Frente a las víctimas, contó que han tenido gran valentía y que son en parte las responsables de que este proceso salga adelante, así como la desclasificación de los archivos, sin embargo, apunta que se han acumulado una suerte de decepción porque se han revelado las identidades de las víctimas, salen sus nombres, datos y fotografías, además, se denuncia que se ha protegido más la identidad de los agresores que de las víctimas.

Raquel Villaécija, periodista de El País en París, autora del Libro ‘La vergüenza’, una crónica al juicio del caso Pelicot, contó que este caso ha sido uno de los que más ha golpeado a la sociedad europea porque era una sola la víctima y los agresores 51 hombres, uno de ellos su esposo, “estos elementos hacen de este caso que sea aberrante y ha sido importante para todas y para todos el hecho que se comporte diferente a como suelen comportarse las víctimas, ella saca una frase lapidaria cuando dijo que quería exponer su juicio a todo el mundo para que la vergüenza cambiara de bando, eso es revelador porque se ha conseguido que la vergüenza de las víctimas se mueva hacia el otro lado, hacia su exmarido y los otros 50 acusados”.

También apuntó que este caso ha revelado a la sociedad francesa que el agresor sexual o el violador no es un mostruo desconocido, que también son amigos, padres, vecinos o esposos, “entonces esa revelación sacude bastante a la sociedad”.

Finalmente dijo que durante los meses del juicio se contagió a otras víctimas de violencia sexual de la fuerza y dignidad que reflejaba Gisele Pelicot, “creo que les dio fuerza para liberar la palabra y contaran sus historias que no pudieron contar por vergüenza”. Por otro lado, dijo que en términos legales hubo cambios como incorporar el concepto del consentimiento al Código Penal.

Gustavo Perdomo, médico psiquiatra y profesor instructor clínico en la Universidad de los Andes, explicó en el caso de Epstein se puede tratar de un diagnóstico de sociopatía o a un trastorno antisocial de la personalidad, “el cual no es una condición que se considere como enfermedad mental. Un trastorno antisocial de la personalidad es una condición anómala de una estructura de la forma de ser, de los esquemas cognitivos y de la forma de entender el mundo, que se caracteriza por querer pasar por encima de los demás”. Remarcó que en los trastornos de personalidad las personas entienden que lo que están haciendo está mal y por ende, sus conductas son completamente punibles en la mayoría de los países del mundo.

Detalló que las redes poder y de influencia son claves en el caso Epstein, “si este hombre no hubiera tenido este poder, seguramente no se habría dado por tanto tiempo estas conductas que atentaban en contra de los niños. Los demás implicados en estos crímenes también comparten rasgos sociopáticos. El hecho de encubrir, de mentir y de conducir a muchas de estas chicas a ser víctimas de este hombre, son algunos de estos rasgos”.

En cuanto al caso Pelicot, manifestó que allí se pone a una persona en una situación de vulnerabilidad para ser violentada sexualmente, “pero tiene el toque de la parafilia, el cumplimiento de un placer sexual bajo condiciones en específico. Las conductas del esposo de Pelicot son organizadas, planeadas, ahí está la sociopatía. Hay condiciones de disfrute sexual que resultan muy llamativas en este caso”. En ese frente explicó que la conducta sexual es un espectro y que muchas manifestaciones son completamente normales, siempre y cuando exista un consentimiento, “un entendimiento y autodeterminación de los actos de las personas que participan, sin embargo, en el caso de Pelicot hay un disfrute de la otra persona en condición de vulnerabilidad, lo que lo hace anormal y un delito”.