Parteras, Sobadores y Curanderos, las IPS ancestrales
Estos oficios mantienen vivos los saberes ancestrales en los Montes de María y las Sabanas, donde siguen siendo la primera opción de atención en salud ante la ausencia del Estado.
Parteras, sobadores y cuarenderos, las IPS ancestrales/ Griselda García Díaz , partera /caracol Radio
Sincelejo
PARTERAS, SOBADORES Y CURANDEROS, LAS IPS ANCESTRALES
La Niña “Gricho”, la Cigueña de Colosó
Enfundada en su vestido de luto, con el que manifiesta el dolor por la muerte reciente de su esposo, Griselda García Díaz de 81 años de edad y conocida en su comunidad como la Niña “Gricho”, mantiene vivo el oficio de partería en Colosó, una población donde el conflicto armado empezó a poner sus nefastos huevos de guerra que luego se extendió por toda la región de Los Montes de María (Sucre-Bolívar).
Su vida transcurre entre el silencio de su patio, que es un cementerio de placentas y, a la espera de poner nuevamente sus manos a la primera embarazada que se presente a consulta previa o lista para alumbrar de forma natural bajo las técnicas y saberes ancestrales de “La Niña Gricho”.
Su clínica es su casa, una pequeña vivienda de paredes de madera, techo de zinc, pisos rotos y con apenas dos habitaciones por cuyas paredes se introducen los rayos solares y lunares.
Un par de guantes, un catre, una bacinilla de peltre, una tijera, una hebra de hilo para amarrar el ombligo del recién nacido y una pócima de menjunje, son suficientes para traer al mundo una nueva vida, tal como lo ha repetido en más de 680 partos que ha atendido.
El oficio de partería lo ha llevado hasta lugares inhóspitos donde la marginalidad tapiza sus comunidades, algunas veces en medio del conflicto armado y la falta de infraestructura, “yo no preguntaba si la mujer era guerrillera, paramilitar o de la comunidad, solo que fuera mujer parturienta a la que debía prestarle mis servicios, era mi deber”, dice mientras reitera que su labor era la única opción de atención en salud en zonas apartadas.
La niña “Gricho” lleva más de 65 años asistiendo parto para salvar vidas de las madres y recibiendo un nuevo ser sin importar que no tenga remuneración, su pago es opcional, porque para ella su misión es contribuir a reducir la mortalidad materna y neonatal de su pueblo en la parte urbana y rural.
LUIS EL CURANDERO
A pocos kilómetros de la niña “Gricho”, en el corregimiento El Tolima, Morroa, vive José Ríos Martínez, un campesino de 76 años quien presta sus servicios como curandero a quien sufra mordedura de culebras, con plantas que nacen silvestres en la zona.
Aunque su oficio no está avalado por la ciencia, es a sus conocimientos y practicas a las que acuden los que sufren accidentes ofídicos o picaos de culebra de esa comarca y, en algunos casos llegan procedentes de otras regiones.
Ríos explica que cuando llegan los pacientes, los primero que hace es cerciorase si el pulso del afectado esta arisco, si es positivo, inicialmente le suministra café macho (sin azúcar) y luego le prepara una pócima de contra, una especie de suero antiofídico preparado con retazos de madera, hojas, raíces y ron, luego el paciente es sometido a un aislamiento donde no pueden acercarse las mujeres embarazadas, ni con menstruación, tampoco pueden tomar leche “podrían emborrachar la herida y agravar al picao”, asegura.
Su consultorio es ambulante, en su mochila de fique carga la botella de la contra, compuesta por las raíces de anamú, toronjil, alita de obejón, capitana de gajitos, entre otras. La tarifa por prestar sus servicios también es opcional, en algunos casos le entregan, una arroba de yuca o ñame, gallinas, patos, pavos, otras veces solo recibe las gracias, “igual me queda la satisfacción de haber salvado una vida”, dice mientras ríe a carcajada.
Los curanderos son las primeras IPS a los que acuden los campesinos que han sufrido mordeduras de serpiente, creen más en los brebajes sacados de las plantas y mezclados con ron y alcanfor que en los sueros antiofídicos que aplican en los hospitales, siempre ha sido así. Estos saludadores están regados por todas las zonas rurales de la región, pero no están avalados por el sistema de salud oficial.
El LARGO SOBIJO DE MONTESINO
En el barrio Vallejo, al noreste de Sincelejo, Sucre, vive Juan Montesino Mercado, quien lleva más de 50 años dando sobijos sobre el cuerpo de hombres y mujeres. La sala de su casa, es su consultorio dotado de algunas sillas donde coloca a sus pacientes para buscarle la dislocación de huesos, músculos, cuerdas encaramadas, zafaduras y tejidos.
Sus origen es campesino, sus manos son ásperas, pero se sienten como sedosas dicen sus pacientes como Éver Meriño Contreras, quien se sometió a un largo sobijo en una de sus manos adolorida por el amontonamiento de tejidos.
Utiliza métodos de distracción para la relajación del afectado, cuenta chistes, habla de política, historia local y de su vida familiar, mientras hace movimientos de tacto en la parte afectada. En medio de la conversación, inesperadamente hala un dedo, el brazo u otra extremidad y cuando el paciente grita, montesino dice: “¡ya cayo!” y ríe mientras el paciente sigue quejándose de dolor.
Así, lleva más de 50 años atendiendo a deportistas, obreros, empleados, empresarios y hasta algunos médicos que confían en sus técnicas para aliviar alguna luxación. El pago por su oficio también es opcional, “eche ahí en la mochila lo que usted considere” dice mientras frota sobre la mano del ya sosegado paciente una pomada verde que denomina la milagrosa.
Las parteras, curanderos y sobadores son como las IPS de las zonas rurales y barrios populares de los centros poblados de la región Sabanas (Sucre-Córdoba) y, a pesar de su aporte a la salud a través de sus conocimientos ancestrales, no son tenidos en cuenta por el sistema de salud oficial.
Ellos no saben de Ministerio de Salud, muchos menos de la Superintendencia de Salud, EPS, IPS, Adres, UPC, Cres y dispensadores de medicamentos que conforman el actual sistema de salud en Colombia, solo saben que hay que atender sin cita previa a las parturientas, los picados de culebra y los pacientes con problemas de luxación sin esperar los aportes de las EPS o el giro de la Adres.
Es pura filantropía y tradición que remplazan la ausencia del Estado en lugares apartados.
Según la Organización Mundial de la Salud OMS, el 40 por ciento de la población en Colombia, continúa utilizando la medicina tradicional, en Sucre, cada vereda, caserío y hasta en los centros urbanos, son los sabedores tradicionales las IPS que siguen atendiendo a muchas personas a través de sus conocimientos empíricos y prácticas herbolarias.
En el 2023, La Partería fue declarada por la Unesco Patrimonio inmaterial de la Humanidad por su aporte a la salud en las comunidades rurales.