Salud en el Atlántico arranca 2026 entre déficit hospitalario y pérdida de alta complejidad
La crisis financiera de la ESE UNA, los atrasos en pagos y la reducción de servicios de alta complejidad marcan los principales retos.
Fachada de una de las sedes de la ESE Universitaria. / Cortesía Gobernación
El sistema de salud del Atlántico inicia el 2026 con serios retos estructurales que ponen en riesgo la atención oportuna y especializada de miles de usuarios. La situación de la Empresa Social del Estado (ESE) UNA, eje fundamental de la red pública departamental, refleja las dificultades financieras, operativas y asistenciales que marcarán la agenda sanitaria durante este año.
Así lo advirtió Guido Santander, representante de la Asociación de Usuarios del Hospital ESE UNA, quien alertó sobre un déficit creciente, atrasos en el pago del personal y la pérdida paulatina de servicios de alta complejidad que históricamente caracterizaron al antiguo CARI, hoy transformado en UNA.
Déficit financiero y atraso en pagos
Uno de los principales desafíos para este año es la profunda crisis financiera que atraviesa la ESE UNA. Aunque recientemente se logró cancelar el salario del personal de planta, la situación sigue siendo crítica para más de mil trabajadores contratistas, vinculados a través de cooperativas y órdenes de prestación de servicios (OPS). De acuerdo con Santander, estos trabajadores acumulan entre dos y hasta cinco meses sin recibir pagos.
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“La situación de los pagos es desordenada. Hay trabajadores que se retiraron con deudas acumuladas de cuatro o cinco meses, otros que aún permanecen con retrasos de tres o cuatro meses y algunos con dos meses pendientes, dependiendo de cómo se hayan hecho los desembolsos. No existe una programación clara y equitativa de pagos. Este panorama se refleja en la prestación del servicio. En sedes como Juan Domínguez Romero, en Soledad, la atención es prácticamente inexistente: no hay consulta externa, lo mismo ocurre en los servicios de alta complejidad y en el hospital pediátrico, donde la consulta externa está prácticamente paralizada. Esto genera un problema serio, porque no se cuenta con la capacidad para resolver casos complejos. A esta situación se suma el desbalance financiero. Mientras los gastos mensuales oscilan entre 12.000 y 14.000 millones de pesos, la facturación no supera los 10.000 o 12.000 millones, y el recaudo efectivo apenas alcanza entre 4.000 y 5.000 millones. Como resultado, el hospital arrastra un déficit permanente que, a septiembre, ya alcanzaba cerca de 9.000 millones de pesos en déficit operacional”, sostuvo.
Esta problemática ha generado manifestaciones y ceses escalonados de actividades, que comenzaron en la sede de Sabanalarga y se han extendido a otras instalaciones del departamento. Especialidades como anestesiología, cirugía pediátrica y otros servicios médicos han reducido su operación debido a la falta de recursos para el pago del talento humano.
Alta complejidad en retroceso
Otro de los grandes retos para la salud en el Atlántico durante el 2026 es la pérdida de servicios de alta complejidad, lo que ha debilitado el rol de la ESE UNA como hospital de referencia para municipios como Soledad, Sabanalarga y para centros especializados en salud mental y pediatría.
Según Santander, varios servicios estratégicos que posicionaron al antiguo CARI como un referente regional ya no están disponibles, afectando la capacidad de respuesta del sistema público de salud.
“La situación económica del hospital es crítica. La ESE UNA ya no está facturando lo que debería y el antiguo CARI dejó de ser un hospital de alta complejidad, porque perdió servicios fundamentales. Hoy no existe la unidad hematoncológica, no hay hemodinamia, no se realizan cirugías de corazón abierto y ya no se cuenta con los equipos ni con especialistas como cirujanos cardiovasculares, vasculares, ni con servicios de neurocirugía o neurología. Esto afecta gravemente el funcionamiento de la red hospitalaria, ya que la alta complejidad era el centro receptor de otros hospitales como el de salud mental, el pediátrico, Sabanalarga y Soledad. Los pacientes llegan buscando atención especializada y no hay capacidad para resolver sus casos, lo que obliga a remitirlos a otras instituciones. Para los usuarios esto se convierte en un proceso muy difícil, pues las remisiones dependen de la EPS y la disponibilidad en otras clínicas. Muchos pacientes permanecen hospitalizados durante semanas o incluso meses, con un progresivo deterioro de su condición, debido a la falta de atención especializada oportuna”, explicó.
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Hasta septiembre de 2025, el hospital registraba un déficit operacional cercano a los 9.000 millones de pesos, una cifra que anticipa un 2026 complejo si no se adoptan medidas estructurales que permitan garantizar la sostenibilidad financiera y la recuperación de los servicios especializados en el departamento.