La exguerrillera que trabaja con el procurador
Durante años cargó un fusil; ahora carga parte de la correspondencia del Ministerio Público.

(Colprensa.)

Bogotá
Hace varios años y sin que nadie se percate, por los pasillos de la Procuraduría General se pasea una ex guerrilla de las Farc. Ella dejó de cargar un fusil y ahora carga la correspondencia de este organismo de control.
Pero, ¿Cómo una ex insurgente termina trabajando con el principal opositor de este grupo armado ilegal?.
Sus caminos se cruzaron un día, hace tres años. El Procurador estaba en la Plaza Bolívar en una maratón radial sobre desmovilizados, en donde Esperanza* lo esperaba para entrevistarlo, pero para su sorpresa, fue Ordóñez quien terminó entrevistándola y al final del encuentro ya tenía trabajo en el Ministerio Público.
Ella, una mujer simple, sencilla desapercibida; pareciera que se viste solo de su carácter, ese con el que se pasea por todo Bogotá. Tiene recuerdos, como muchos que han vivido en un país que ha estado en guerra durante más de 50 años, recuerdos de momentos muy tristes, pero quizá el que más la ha marcado fue cuando a sus 11 años miembros de las Farc la secuestraron y la obligaron a ser parte de las filas de ese grupo armado ilegal. Había sido reclutada por el bloque del Magdalena Medio al mando de Pastor Alape, hoy negociador de paz en la Habana.
Relata cómo aquel día salió de su casa a comprar el desayuno para ir al colegio, y mientras caminaba fue sorprendida por dos personas, quienes bruscamente la hicieron subir a un camión en cuyo interior se encontraban otros niños y niñas; algunos, cuenta, eran menores que ella.
“Ese día nos dijeron que no podíamos llorar y que si lo hacíamos nuestras familias eran las que iban a pagar; en ese momento el miedo se apoderó de mí y guarde silencio. Luego nos llevaron a la montaña y ahí empezó mi odisea, un recorrido de 11 años durante los cuales aguanté hambre, maltrato, violaciones”, cuenta Esperanza evocando con tristeza esos días.
Desde muy joven fue víctima de los vejámenes de la guerra, fue arrebatada del seno de su hogar, no tuvo la oportunidad de vivir su niñez al lado de su madre ni de ver crecer a sus hermanos, por el contrario, fue obligada a ver el horror de la guerra, a vivir en medio de los combates y con sus manos a sostener un fusil.
Sin embargo, en medio de todo esto, su gran facilidad con la lectura y su capacidad para expresarse la llevó a tener un poco de suerte, si es que así se le puede llamar; sus habilidades le sirvieron para que pronto fuera apartada del combate y asignada a la emisora de las Farc, “Voz de la resistencia”.
“Yo siempre he sido una pelada de leer y eso me ayudó y empecé hacer trabajo político, eso sí, nos tocaba obligados, ninguno hace las cosas porque quiere sino porque nos obligan, duré mucho tiempo en la parte política hasta que empecé a trabajar en la emisora de las Farc, se llama “Voz de la resistencia, Magdalena Medio”, y empecé hacer mis pinitos sin saber nada de radio, primero hacía locuciones hasta que llegué a ser la directora de la emisora y esa fue una forma de escape al conflicto, escapé a los maltratos, a que fuera vulnerada constantemente”, cuenta.
Así dejó la guerrilla
Es el 20 de julio del 2007, Esperanza, como todos los días, se encuentra en la emisora. Sin previo aviso llega su comandante e intenta abusar sexualmente de ella una vez más, pero esta vez la mujer decide que ya no será lo mismo, se resiste y en medio del forcejeo le dispara al hombre en una pierna… Esperanza sabe que va ser fusilada por esta acción, razón por la que a plena luz del día sale huyendo y con ella se lleva un niño de 13 años.
“Ese día se celebraba la Independencia de nuestro país, y ese día me independicé de las Farc y conmigo traje a un menor de 13 años; fueron tres días en medio del monte en los cuales tuve que combatir, me hirieron una pierna y una mano mientras nos estaban persiguiendo, nos cogieron a plomo; pero para mí valían más las ganas de vivir, de salir de allí. Además yo pensaba: “o salgo del monte o me muero”, pero no podía seguir en esa situación”.
Tres días después Esperanza y el adolescente logran salir de la selva del Magdalena Medio, cuenta, y luego de llegar a su casa y reencontrarse con su familia, y sabiendo que corría peligro, fue llevada a Bucaramanga en donde se entregó a las autoridades y empezó un proceso de reinserción.
“Desde ese momento las cosas fueron diferentes, pero no mejores. Acá, en la selva de cemento, la gente es muy dura, solo señalan y no escuchan, acusan pero no se dan cuenta cómo una menor llegó a parar a manos de la guerrilla, la gente no sabe lo que es estar dentro de una organización armada, las cosas que tuve que vivir, los crímenes que me tocó ver y tampoco saben a qué te someten y te obligan".
Hoy, a sus 29 años y desde que esta mujer se desmovilizó, su único propósito ha sido contar la verdad de las Farc. "Quería que todos supieran la farsa que son” y fue precisamente ese objetivo el que la condujo directo al procurador general.
"Un día, hace tres años estaba en la Plaza Bolívar en una maratón radial sobre desmovilizados, a ese evento llegó el Procurador, entonces yo fui a entrevistarlo y resulta que él terminó entrevistándome a mí, y después de mucho compartir me dijo que si quería un trabajo digno y me ofreció hacer parte del equipo de la Procuraduría", cuenta Esperanza con evidente agradecimiento.
Desde hace tres años y sin que nadie lo supiera la excombatiente es citadora en el Ministerio Público, es decir, es una de las encargadas de manejar la correspondía interna y externa.
Con el Procurador parece mantener una relación cercana pues cuando pidió el permiso para esta entrevista, Ordóñez la recibió con un abrazo y mientras la escuchaba sostenía una sonrisa en el rostro.
Claramente Esperanza es una excepción. No todos los desmovilizados cuentan con esta clase de oportunidades, pero para su fortuna esta vez es ella la beneficiada.
Ahora sus días son diferentes, vive tranquila, es madre soltera y ya no corre entre el monte, sus nuevos días le permiten llegar a su casa, en el sur de Bogotá, y sentarse a ver noticias. Y es por lo anterior que cuando oye hablar sobre el proceso de paz en la Habana su postura es contundente.
"Viví 11 años con las Farc y por eso puedo decir que el presidente Santos le está entregando el país a la guerrilla en bandeja de plata, y eso ya está pasando, mire no más ellos vienen y van de Colombia a Cuba de Cuba a Colombia", dice.
"Además antes de hablar de justicia pues primero deberían decir cuánta gente han matado, secuestrado, violentado , desplazado, a cuántos niños han secuestrado y los han hecho parte de sus filas. Todo eso tiene que contarse, eso es historia, es realidad, es verdad y eso no se puede quedar como si nada", finaliza.




