“Pablo, yo te perdono”
Con 75 años de edad, Danilo Jiménez, director de la Banda Marco Fidel Suárez, recuerda aquel 16 de febrero de 1991.

“¿Que si lo perdono?... yo lo perdonaría”, dice Danilo Jiménez con los ojos llenos de lágrimas, cuando se le pregunta si perdonaría a Pablo Escobar
Con 75 años de edad y 68 años en la música, Danilo Jiménez, director de la Banda Marco Fidel Suárez, recuerda aquel 16 de febrero de 1991: el día que marcó su vida para siempre, y que partió en dos la historia de una de las agrupaciones musicales más tradicionales del Valle de Aburrá
Cuando el reloj de la Plaza de Toros la Macarena marcó la 6:15 de la tarde, y la gente se disponía a seguir la celebración de la corrida de la tarde, un automóvil Renault 9 con 150 kilos de carga explosiva, estalló bajo el puente de San Juan a 50 metros de la plaza de toros
“Me dijeron que se veían los muertos esparcidos por las calles, más de cincuenta, y centenares de heridos. Algunos se murieron luego, en cambio a otros, nos comenzó el calvario, nos empezó el Cristo a Padecer”, comenta el músico con acento nostálgico. Ese atentado que se llevó la vida de una veintena de personas, y que dejó a otras sesenta en estado crítico, causó en Danilo secuelas físicas irreparables. Siete años le tomó recuperar las actividades humanas más básicas: leer, escribir, hablar con fluidez, sumar, restar…, en fin como él mismo lo dice le tocó “volver a nacer”
“La pierna derecha me quedó colgando de un hilito, y se me abrió la cabeza…, perdí la conciencia y vine a despertar tres días después del bombazo”
16 DE FEBRERO DE 1991A Danilo, recordar ese episodio no sólo le causa la tristeza de evocar esas secuelas, sino también las de su esposa Gabriela, quien sufrió graves heridas en el atentado y que falleció dieciséis años después postrada en una silla de ruedas y atrapada por la depresión. Ese fatídico día, la banda perdió a tres de sus compañeros: Absalón Alzate (trompeta), Bertulfo Rincón (trompeta) y Arturo Tobón (Tuba). “Para las corridas contratábamos 30 músicos, nos dividíamos en cuatro grupos, y nos repartíamos por toda la plaza para que toda la gente tuviera la oportunidad de escucharnos…, ese sábado estábamos en una de las tribunas…, y ya no recuerdo más, todo fue confusión”
Años atrás de aquel sábado de corrida de La Candelaria, la Banda del Marco Fidel le amenizaba a Pablo Escobar cientos de fiestas, obras de caridad, inauguraciones y parrandas de amigos en Envigado. “A doña Hermilda Gaviria la vimos cuando Pablo le puso iglesia al barrio de donde ellos eran, era una señora muy devota”. Pablo le quedó debiendo a Danilo cien mil pesos de una parranda que se les alargó días antes del 16 de febrero. Dinero que hoy, según Danilo, “no le caería nada mal”
EL PERDÓNLuego de 20 años de la muerte del capo, Danilo, con dificultad, recuerda uno a uno los encuentros con ese personaje que paradójicamente, le había cambiado la vida para mal. Hoy tiene problemas de audición y de memoria reciente, lo cual le impide sostener el hilo de una conversación y le produce una impotencia que se traduce en tristeza. Aunque no se alejó de la música, ni ya toque su tambor en la banda, la música a Danilo lo ayudó a salir de esa tragedia. “Sí lo perdono. No le guardo ningún rencor, porque sé que ese atentado iba para la Policía y no para nosotros, y menos mal, el carro estaba afuera, sino hubiera matado a miles de personas que estábamos adentro... Pero el perdón que vale es el Perdón de Dios, que es quien decide a dónde van las almas…, mi vida ya no es la misma, pero no lo culpo, a él lo mató la política”, confiesa.



