Murió Saúl, el hombre con alma de disco
Murió Saúl Álvarez, que vendió discos, arte y pasión por la música.
Si algo tiene padeciendo hoy a la industria del disco es que, en un momento tecnológicamente tentador, tomó con demasiada prisa y sin seguro alguno, el camino fácil del CD. Cuando la industria abrazó al disco compacto, cantó victoria: ahora, atraídos por la tentación del sonido perfecto, todos los melómanos tendrían que rehacer sus colecciones de vinilo en el nuevo formato y el dinero entraría a raudales. Así fue, pero con las ganancias llegaba también la debacle: por un lado, el CD se convirtió, en sí mismo, en un original de fácil copiado que abrió de par en par las puertas a la piratería, y, por otro, se alejó del encanto natural del LP, siempre atractivo, con carátulas generosas, afiches insertos, cuadernillos de fotos y, en fin, arte. Por ese camino hemos llegado a una generación que disfruta de la música sin idolatrar el formato, y que, más allá de disfrutar la belleza del disco, se conforma con tener más y más canciones en archivos cada vez más comprimidos y apretados… pero, en ese triste panorama del desinterés por las formas, subsisten hombres y mujeres que aman los discos. Uno de ellos se llamaba Saúl Alvarez, quien hace tres décadas se dedicaba a vendernos discos con la condición de que debíamos amarlos, respetarlos y cuidarlos toda la vida. Desde su Musiteca, en el centro de Bogotá, Saúl fue el proveedor de discos más querido de esta ciudad, y lo fue porque no era del todo cierto que vendiera discos: vendía música, vendía placer, venía formas, vendía estética. Murió Saúl, con lo que nos deja a todos los que amamos la música en un duelo inocultable. Puede sonar a disco rayado, pero qué falta nos va a hacer a todos esta especie de dealer de lo noble y sublime. A su familia, que es la de la música, un abrazo sentido y sonado desde aquí. Posdata: De antemano agradecimientos a vive.in porque ilustramos esta nota con la única foto de Saúl que existe en Internet y que les pertenece a ellos.



