Cubanos de Miami celebran la renuncia de Fidel Castro
El exilio cubano de Miami espera escasos cambios con la renuncia de Fidel Castro al poder y, por ello, las reacciones hoy en las calles de la Pequeña Habana se redujeron a expresiones de esperanza, pero carentes de júbilo.
El exilio cubano de Miami espera escasos cambios con la renuncia de Fidel Castro al poder y, por ello, las reacciones hoy en las calles de la Pequeña Habana se redujeron a expresiones de esperanza, pero carentes de júbilo. En el café Versalles, epicentro de la vehemencia patriótica anticastrista, los habituales parroquianos coincidieron hoy en comentar que la jubilación de Castro significa el término de una "era (la de Fidel), pero no el fin del castrismo". "Muy poquito, demasiado tarde", apuntó a Efe el cubano Tony Alfonso, profesor jubilado de 70 años, para quien Raúl Castro, hermano menor de Fidel y actual presidente interino del país, intentará junto con su "camarilla" llevar a cabo "algunos cambios mínimos en la isla para tratar de mantenerse en el poder". El popular Versalles se encuentra prácticamente desbordado de emisoras de televisión, tanto hispanas como de canales en inglés, que han montado sus parabólicas y convertido los alrededores, entre cables y cámaras, en improvisados estudios de televisión. Mientras, un enjambre de periodistas desborda las afueras del local 'disputándose' los pocos parroquianos que comentan con escepticismo y calma desengañada los efectos que pudiera tener en el futuro de Cuba la renuncia de Castro. Castro, de 81 años, anunció hoy que, por razones de salud (que le obligaron a delegar sus cargos en su hermano Raúl el 31 de agosto de 2006), no aceptará el cargo de presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe, tras 49 años en el poder. Para José Luis Prieto, de 45 años y enfermero, la jubilación de Castro no va a suponer el fin del estrangulamiento que sufre desde hace cinco décadas la sociedad cubana. "Todo va a seguir igual. Es lo mismo, ya que Raúl Castro mantendrá" una línea continuista, dijo. En todo caso, precisó, "a lo mejor" Raúl no preserva un sistema unipersonal y no aspira a detentar todos los cargos que asumió Fidel, pero "sólo lo hará para dar una falsa imagen de cambio". La realidad, prosiguió Prieto, es que si se produce un cambio en la isla, "les arrancarían la cabeza" a la cúpula que está en el poder, porque "hay mucha sangre derramada y tiene miedo (la nomenclatura) a la ira de una parte de la población". La ponderada reacción de los cubanos de Miami contrasta hoy con la exaltación y júbilo callejero que se constató hace año y medio, cuando se anunció la grave enfermedad de Fidel Castro y su renuncia temporal al poder. La opinión entre los habituales del local, que degustan el humeante café cubano clásico, es unánime: no se esperan cambios sustanciales en la política cubana. En términos similares a los de Prieto, se expresó Alfonso Osmani, de 36 años e ingeniero civil, quien opinó que "falta mucho tiempo todavía para que desaparezca el castrismo" y se produzca una "transición" hacia la democracia. "Es prematuro todavía para saber si Raúl hará cambios" que beneficien a la población cubana, destacó este joven ingeniero cubanoamericano, quien se mostró también escéptico e insistió en que "falta mucho tiempo para que desaparezca" el castrismo. En sintonía con el sentir de la calle opinó el profesor de la Universidad de Miami Jaime Suchlicki, quien consideró que habrá unas "medidas mínimas" de Rául Castro para calmar a la población, "pero no se pueden esperar cambios reales y estructurales". Experto en la historia de Cuba y autor de varios libros sobre el castrismo, Suchlicki afirmó que, al contrario de esperar una apertura con la asunción plena de Rául Castro, puede producirse una mayor represión para evitar reacciones populares que reclamen un cambio. A juicio de Tony Costa, vicepresidente de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), una de las principales organizaciones del exilio cubano, "o hay cambio o aquello (Cuba) explotará", debido a los "reclamos de la sociedad civil" en la isla. El anuncio de la renuncia del jefe de la revolución al poder, prosiguió, "puede ser una oportunidad para empezar los cambios dentro de Cuba" y aprovechar que "la influencia" de éste "ha disminuido extraordinariamente en los últimos meses y con este cambio aún más". "Esperamos que los reclamos de la sociedad civil se multipliquen", algo que "no deja otra opción a Raúl Castro que hacer cambios", aseguró en declaraciones a Efe. Mientras el exilio cubano baraja diversas conjeturas sobre este nuevo capítulo en la historia de Cuba, los medios de comunicación de Miami mantienen durante todo el día una programación dedicada a analizar las repercusiones de la renuncia de Castro al poder y a la espera de confirmar que su hermano sea quien asuma la presidencia. Tanto en los programas de televisión como radio se destacó la frialdad de la reacción de la comunidad cubana, que en este caso contrastó con el habitual apasionamiento con el que se comenta todo lo relativo a la isla.




