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Los retos que tendrán que afrontar Benedicto XVI

Benedicto XVI, elegido Papa, tendrá que afrontar importantes retos dentro de la Iglesia católica de Roma y en un mundo cada vez más secularizado y aunque sus movimientos serán comparados con los de Juan Pablo II, deberá "romper" el continuismo y llevar de nuevo la Barca de Pedro al centro

Benedicto XVI, elegido Papa, tendrá que afrontar importantes retos dentro de la Iglesia católica de Roma y en un mundo cada vez más secularizado y aunque sus movimientos serán comparados con los de Juan Pablo II, deberá "romper" el continuismo y llevar de nuevo la Barca de Pedro al centro.
El Papa Ratzinger ha sido durante más de 20 años brazo derecho de Juan Pablo II y era el prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio, desde la que guardaba con mano firme la ortodoxia de la fe.
Aunque en un principio se pueda pensar que hay un "continuismo", religiosos y observadores vaticanos señalan que después de 26 años de Pontificado Wojtyla, marcado por un conservadurismo en materias de ética y moral y de funcionamiento de la Iglesia, Benedicto XVI deberá tomar medidas que hagan que los fieles "vuelvan los ojos de nuevo hacia la Iglesia".
"Es necesaria una figura que asegure una cierta continuidad, pero también una discontinuidad con el pasado", afirmó monseñor Gianfranco Ravasi, prefecto de la Biblioteca Ambrosiana de Milán, sabedor de que los retos para este Papa son muchos.
La Iglesia que pasa a dirigir el 265 sucesor de Pedro tiene pendiente el tema de la colegialidad (gobierno común), es decir la relación entre la Curia y los episcopados nacionales.
En el último sínodo de Obispos celebrado en el 2001 en el Vaticano fue uno de los puntos en los que los prelados pusieron más énfasis.
Numerosos obispos consideran que hay que potenciar el gobierno común de la Iglesia católica y aumentar las atribuciones de las conferencias episcopales, mientras que en la Curia son muchos los piensan que debe prevalecer el Gobierno central de la Iglesia.
En el texto final del Sínodo se precisó que la Iglesia católica no puede ser entendida como una federación de iglesias locales, que la concepción individualista "está superada" y que el obispo no está nunca solo porque siempre está en comunión con los otros obispos y con el Papa.
Otro punto es la escasez de vocaciones, sobre todo en los países desarrollados, y la consiguiente disminución de sacerdotes. Cada día hay más parroquia sin sacerdotes y éstos tienen que multiplicarse para cubrir varios pueblos.
Ante este problema, vuelve a surgir el tema del celibato. Juan Pablo II fue inflexible en este punto, pero cada día son más las voces, también de dentro de la Iglesia, que se alzan para poner fin a esta tradición y permitir que un sacerdote pueda elegir si casarse o no.
De todos modos no parece probable que Benedicto XVI vaya a cambiar en este punto.
El papel de la mujer en la Iglesia es otro tema pendiente. Visto que no parece que los tiempos estén maduros para el sacerdocio femenino, las mujeres exigen una mayor participación en las tareas de la parroquia, al igual que los laicos.
Juan Pablo II ya advirtió que los laicos pueden y deben participar en la vida parroquial, pero que no se puede confundir esa participación con las obligaciones propias del sacerdote, "a quien no pueden sustituir como pastor".
Otro problema que le acecha es la admisión a los sacramentos de los católicos divorciados y vueltos a casar.
Hasta ahora la posición de la Iglesia es que esos católicos no pueden recibir la comunión y jamás podrán hacerlo, a no ser que se abstengan de mantener relaciones sexuales con su nueva pareja y en ese caso deberán comulgar "a escondidas", sin levantar escándalo en su comunidad.
Según el Consejo Pontificio para los Textos Legislativos esa prohibición es "ley divina", es decir que ni siquiera la Iglesia puede modificar.
La moral sexual es otro punto candente. La Iglesia es contraria a las relaciones prematrimoniales, uso de anticonceptivos, etc. También rechaza frontalmente la utilización de preservativos para luchar contra el sida y considera la homosexualidad como una desviación.
Sin embargo, Occidente, cada vez más secularizado, no comparte esa postura y aumentan los fieles que piensan que cada vez es mayor la distancia que separa a la Iglesia de la sociedad.
La "descristianización" de Occidente, sobre todo de Europa, es otro problema sobre la mesa, al que hay que añadir la necesidad de potenciar el ecumenismo, "estancado", según dijo un arzobispo a EFE, y el diálogo interreligioso.
El proceso de globalización, que está haciendo a los países ricos cada vez más ricos y a los pobres más pobres, la paz mundial y la defensa de la dignidad de la personas se unen a los anteriores.

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