Decenas de miles de personas aclaman a "Juan Pablo II el Grande"
Más de 120.000 personas aclamaron al Papa Wojtila, fallecido tras 26 años de pontificado, en una misa solemne celebrada en la Plaza de San Pedro del Vaticano, durante la que el cardenal Angelo Sodano le llamó "Juan Pablo II el Grande"
Más de 120.000 personas aclamaron al Papa Wojtila, fallecido tras 26 años de pontificado, en una misa solemne celebrada en la Plaza de San Pedro del Vaticano, durante la que el cardenal Angelo Sodano le llamó "Juan Pablo II el Grande". Los fieles, ubicados en la explanada vaticana y en la Vía de la Conciliazione, que lleva al río Tiber, aplaudieron repetidamente cada vez que se nombraba al Papa durante el rito religioso. Esos aplausos se convirtieron en aclamación cuando el arzobispo argentino Leonardo Sandri leyó, tras el rezo del Regina Coeli con el que concluyó la ceremonia, un texto del propio Juan Pablo II escrito para la festividad de hoy. Ese texto guarda relación con la celebración este domingo de la Divina Misericordia, instituida por Juan Pablo II para honrar el culto impulsado por la santa polaca Faustina Kowalska, de la que se consideraba un discípulo. En uno de sus pasajes se puede leer que "el amor convierte a los corazones y da la paz a una humanidad que parece perdida y dominada por el poder del mal, el egoísmo y el miedo". Las decenas de miles de asistentes a la primera misa por el alma de Juan Pablo II, muerto a los 84 años tras 48 horas de agonía, siguieron el rito religioso con emoción y fervor, en una mañana de cielos cubiertos en Roma. En esa solemne ceremonia, el cardenal Angelo Sodano le llamó "Juan Pablo II el Grande", haciéndose eco de los elogios interminables que desde todas las partes del mundo ha recibido el papa polaco. "Juan Pablo II, o mejor dicho, Juan Pablo el Grande se ha convertido en el cantor de la civilización del amor, viendo en ese término una de las definiciones más bellas de la civilización cristiana", dijo Sodano. "La civilización cristiana -subrayó- es la civilización del amor, a diferencia de aquella civilización del odio que fueron propuestas del nazismo y el comunismo". El cardenal, que ya no es Secretario de Estado, al haber cesado automáticamente en su cargo, como la mayoría de los miembros de la Curia, resaltó en su homilía los 26 años de pontificado de Juan Pablo II, sus enseñanzas y sus logros. El fallecido Obispo de Roma, dijo, "nos enseñó que la muerte es el paso hacia la patria del cielo y que mientras se llora su partida hay que abrir el corazón hacia la visión de nuestro eterno destino". Tras la misa solemne, los miembros de la Curia, encabezados por el cardenal camarlengo, el español Eduardo Martínez Somalo - que en este período se encarga de la custodia y gestión de los bienes de la Sede Vacante-, se dirigieron a la Sala Clementina del Vaticano. En esas dependencias estaba situado, sobre un catafalco, el cadáver del Papa Wojtila para que los purpurados y las principales autoridades italianas le rindieran tributo. El Pontífice fallecido aparecía postrado, con la cabeza reposada en tres almohadones dorados, vestido con la casulla roja que simboliza el luto y tocado con la característica mitra blanca. Escoltado por dos miembros de la guardia suiza con traje de gala y con un crucifijo negro en su cabecera, el Papa que vino del Este tenía las manos juntas sobre el pecho y sujetaba bajo el brazo izquierdo el característico báculo. Los cardenales, dirigidos por Angelo Sodano, cantaron y rezaron a coro un responso, al final del cual el camarlengo bendijo con el hisopo los restos mortales del Papa. El portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, informaba, entre tanto, de que la capilla ardiente con los restos mortales de Juan Pablo II se abrirá mañana, lunes, a las 17.00 hora local (15.00 GMT) en la Basílica de San Pedro. Los fieles le podrán rendir su último homenaje durante los tres días en los que permanecerá expuesto su cadáver, antes de que se celebren los funerales, que no tendrán lugar antes del jueves. Para mañana lunes está convocada la primera reunión del colegio cardenalicio para decidir los detalles del funeral y preparar el cónclave, que no comenzará antes de quince días, tal y como está establecido. A las exequias de Juan Pablo II, que está previsto que se celebren en la Plaza de San Pedro del Vaticano, se prevé que asistirán reyes, presidentes y personalidades de todo el mundo.




