El Papa dice que los desafíos del 2005 son la vida, pan, paz y libertad
El Papa afirmó que el desafío que la comunidad internacional tiene que afrontar en 2005 es garantizar la vida, el alimento, la paz y la libertad. Juan Pablo II recibió a los 174 representantes del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, ante quienes hizo un balance de 2004 y enunció algunas líneas de actuación para el año recién empezado
El Papa afirmó que el desafío que la comunidad internacional tiene que afrontar en 2005 es garantizar la vida, el alimento, la paz y la libertad. Juan Pablo II recibió a los 174 representantes del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, ante quienes hizo un balance de 2004 y enunció algunas líneas de actuación para el año recién empezado. En su discurso, el Pontífice aludió a algunas de las grandes tragedias que han tenido lugar el año pasado, como el terremoto del 26 de diciembre que ha causado decenas de miles de muertos en varias naciones del sudeste asiático, así como las acciones terroristas en Madrid, Irak, Beslán (Osetia del norte) y las atrocidades en diferentes países de la región africana de los Grandes Lagos. "Nuestro corazón se siente turbado y angustiado por todo ello", dijo el Papa, quien hizo un llamamiento a "no dejarnos desanimar nunca, sino a superar las dificultades, por muy grandes que sean, reforzando y haciendo prevalecer los vínculos comunes de humanidad por encima de cualquier otra consideración". Afirmó que en un panorama de graves problemas la Iglesia católica, "universal por naturaleza, está siempre implicada directamente y no se siente extranjera entre ningún pueblo". Hizo hincapié en que "sólo el amor, que tiene la fuerza positiva de un don generoso y desinteresado hasta el propio sacrificio, puede vencer al mal". Juan Pablo II aseguró a los diplomáticos que la humanidad tiene ante si varios desafíos, entre los cuales figura el de la vida, "la primera riqueza de la que puede gozar el hombre". Manifestó que la tarea primordial del Estado es la tutela y la promoción de la vida humana y reconoció que "concepciones opuestas se enfrentan sobre temas como el aborto, la procreación asistida, el uso de células madres embrionarias humanas con finalidades científicas y la clonación". El Pontífice recordó que la Iglesia defiende que el embrión humano es un sujeto idéntico al niño que va a nacer y al que ha nacido a partir de ese embrión, por lo cual "nada que viole su integridad y dignidad es éticamente admisible". Aceptó la investigación científica en el campo genético pero siempre con atención a los imperativos morales mientras que, en relación también con la vida, añadió que su "santuario" es la familia, "amenazada por factores sociales y culturales que hacen difícil su estabilidad". Puso énfasis en que algunas legislaciones "atentan directamente" contra la familia, "la cual es y sólo puede ser la de la unión entre un hombre y una mujer, fundada en el matrimonio", de manera que "no se pueden admitir leyes dictadas por una visión restrictiva y antinatural". Otro desafío es el del pan, en un momento en el que millones de seres humanos pasan hambre y los esfuerzos de muchos se demuestran todavía insuficientes, por lo cual "se requiere una vasta movilización moral de la opinión pública y, más aún, de los políticos, sobre todo en aquellos Países que han alcanzado un nivel de vida satisfactorio y próspero". Subrayó "el principio del destino universal de los bienes de la tierra, que no justifica ciertas formas colectivistas de política económica, sino que debe motivar un compromiso radical para la justicia y un esfuerzo de solidaridad más atento y determinado". Sobre la paz - "bien supremo"-, apuntó que es el sueño de todas las generaciones, pero se mantienen guerras que causan innumerables víctimas inocentes y fomentan más odio. En ese contexto, invitó a recorrer la vía de la paz "con valentía y paciencia. A la prepotencia se debe oponer la razón, al enfrentamiento de la fuerza el enfrentamiento del diálogo, a las armas apuntadas la mano tendida". Constató que en Oriente Próximo "parece atenuarse el cruel enfrentamiento de las armas y abrirse una salida política hacia el diálogo y la negociación", mientras se da el caso ejemplar de Europa, donde "naciones que un tiempo eran cruelmente enemigas están hoy juntas en la Unión Europea" El cuarto reto es el de la libertad, que "es ante todo un derecho del individuo. Es la luz, porque permite al hombre elegir sus metas y la vía para alcanzarlas", según el Papa, quien pidió a los Gobiernos que tutelen la libertad religiosa, "un anhelo siempre vivo que en numerosos Estados es un derecho no reconocido de manera suficiente".




