Homosexuales dan gran paso en Argentina con unión civil
Cada mañana, Federico plancha la camisa de Marcos cuando parte hacia la oficina, le cocina algo para que lleve de almuerzo y lo despide con un beso.
BUENOS AIRES.---- Cada mañana, Federico plancha la camisa de Marcos cuando parte hacia la oficina, le cocina algo para que lleve de almuerzo y lo despide con un beso.Son pareja desde hace tres años, hace uno y medio que viven juntos y en seis meses podrán ser reconocidos legalmente como pareja en la ciudad de Buenos Aires.Pese a la fidelidad y el amor que se profesan, del mismo modo que puede ocurrir en cualquier matrimonio, su unión no significaba nada para las leyes.Pero la Legislatura de la ciudad aprobó a mediados de diciembre una ley que reconoce a las parejas de personas del mismo sexo y les otorga los mismos derechos y obligaciones que a las uniones heterosexuales que conviven sin haberse casado.Buenos Aires se convirtió en la primera ciudad latinoamericana en tener una legislación de ese tipo, en un país profundamente "machista" y en el que según distintos sondeos el 90 por ciento de la población es católica."Chicas, preparen el vestido de novia", bromea Federico, un moreno alto y fornido con unos penetrantes ojos claros.Está feliz, exultante y desbordado por la alegría mientras se apresta a descorchar una botella de champaña para brindar con sus amigos en una especie de fiesta de compromiso porque finalmente podrá "casarse" con Marcos, el amor de su vida."La búsqueda de la pareja la puedo separar de mi orientación sexual. Tengo las mismas fantasías que cualquiera. Tengo los mismos sueños que cualquier persona y creo que tengo derecho a reclamar lo mismo ¿Tan difícil de comprender es?", dice Federico, mientras toma con fuerza la mano de Marcos.La ley sancionada por la Legislatura y que entraría en vigencia en marzo otorga a las parejas una serie de derechos, como la licencia en caso de enfermedad o muerte del cónyugey la extensión a la pareja de la cobertura de seguro médico.La iniciativa no permite a los homosexuales casarse, adoptar, heredar ni recibir una pensión si muere alguno de los miembros de la pareja. Pero a ellos no les importa, por ahora. Están felices por lo que lograron y aseguran que van por más."Lo más importante es que el Estado reconoce por primera vez la existencia de una pareja de dos personas del mismo sexo, y eso implica que reconoce el vínculo, que es el afecto, el amor", dijo a Reuters Marcelo Suntheim, secretario de la Comunidad Homosexual Argentina, casi sin voz tras haber festejado durante toda una noche la sanción de la norma."Cuando uno nace sabiendo que tiene toda un serie de derechos, estos te parecen pocos, pero nosotros no teníamos ninguno para nuestras parejas y, entonces, estos son muy importantes para nosotros", agregó Suntheim."Vamos a buscar toda nuestra vida el mismo derecho de las otras personas y de las otras parejas", aseguró el activista.Suntheim aseguró que ya se presentaron proyectos similares al aprobado en la capital en las populosas provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza.Según cálculos no oficiales, en la Ciudad de Buenos Aires habitan cerca de 300.000 homosexuales, mientras que en toda Argentina debe haber cerca de 3,6 millones.Sin embargo, según explican en las organizaciones de la comunidad homosexual, la mayoría lo oculta por temor a ser discriminados. REPRESIONFederico se crió en una pequeña localidad de una pequeña provincia del interior del país y en el seno de una familia en la que le enseñaron que el amor era entre hombres y mujeres. Cuando a los 9 años advirtió que le gustaba un compañero de colegio supo también que estaba en problemas.Se reprimió. Tuvo novias, varias, y recién 15 años después -a los 24 años- se permitió amar a otro hombre. Le costó mucho, muchísimo asumirse como homosexual. Y sufrió la discriminación y las burlas de una sociedad que no lo respetaba."La ley va a influir en que la gente se pueda mostrar públicamente como gay. Es más la gente que se va a mostrar como gay, lesbiana o travesti. Va a servir para que perdamos el temor a mostrarnos", dijo Suntheim.Mantener relaciones sexuales con una persona del mismo sexo es en muchos países de Africa, Asia, Oriente Medio y el Caribe un delito que se castiga con latigazos, cárcel o hasta la muerte por lapidación.En Latinoamérica, sólo Argentina, Brasil y Ecuador penan la discriminación por orientación sexual y en el mundo únicamente 10 naciones regulan las parejas de homosexuales.En Estados Unidos, "el paraíso de la libertad", algo más de una veintena de sus estados considera ilegales las relaciones homosexuales, entre ellos, el de Texas.Proyectos similares al sancionado en Argentina se están tratando en Brasil y Colombia, mientras que en marzo se presentaría una iniciativa ante el parlamento chileno. EN PIE DE GUERRALa Iglesia Católica, que en el mundo sufre una profunda crisis que llevó a renunciar a varios prelados por las denuncias de abusos sexuales contra menores, criticó la ley aprobada en la capital argentina, a la que calificó de atentar contra los evangelios y la tradición cristiana."Estamos cambiando los parámetros naturales. En los 70 contaminamos los ríos y el medio ambiente y ahora la salud reproductiva y la familia. La naturaleza esto lo cobra", afirmó el padre Alberto Bochatey, director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina.La reacción de la Iglesia, que en la legislatura encontró férreos defensores que intentaron bloquear la sanción de la norma, es repudiada dentro de la comunidad homosexual."Encarcelaron a Galileo Galilei por decir que la Tierra giraba alrededor del Sol y su teoría era contraria al ideal de que el hombre era el centro del universo. Se equivocaron y pidieron perdón 350 años después. Con esto va a pasar lo mismo, en 200 años van a pedir perdón", se quejó Juan, un activista. LA PUNTA DEL ICEBERGLos grupos de homosexuales sostienen que el próximo paso es llevar el debate al ámbito nacional para intentar que el Congreso sancione una ley que extienda estos derechos a todos los ciudadanos y amplíe el debate a temas vedados y que generan una gran resistencia como el matrimonio y la adopción.Según estudios privados, cerca de la mitad de los argentinos cree que las homosexuales merecen los mismos derechos civiles que las parejas heterosexuales. Pero también una amplia mayoría se resiste a que críen y eduquen a niños.Por esto, más allá de la lucha que emprenderán, los homosexuales reconocen que la iniciativa llevará años porque "todavía debe darse el debate a nivel social".En los hechos, la redactora de la ley, la jueza Graciela Medina, heterosexual, casada, madre y católica, sufrió la discriminación en carne propia por hacer suyas las banderas de los derechos de los homosexuales."La gente tiene miedo a lo desconocido. Homosexual se confunde con degenerado. Y eso no es así. Homosexual se confunde con depravado y eso no es así", se enoja Medina.La jueza señaló que se necesita que la sociedad entienda y adopte a los homosexuales como parte intrínseca de sí misma para que estas leyes y reformas tengan sentido.




