Cruzada de la Iglesia contra píldora abortiva
El llamado a la "objeción de conciencia" lanzado la víspera por la Iglesia católica contra la "píldora del día después", provocó este miércoles un debate político en Italia, donde la injerencia del Vaticano en los asuntos de Estado es cada vez más evidente.
ROMA - El llamado a la "objeción de conciencia" lanzado la víspera por la Iglesia católica contra la "píldora del día después", provocó este miércoles un debate político en Italia, donde la injerencia del Vaticano en los asuntos de Estado es cada vez más evidente."Exhortamos enérgicamente a todos los operadores del mundo de la salud a una objeción de conciencia moral que atestigue con coraje el valor inalienable de la vida humana, especialmente frente a las nuevas formas ocultas de agresión contra los individuos más débiles y sin defensa, como es el caso del embrión", escribía el martes la Academia Pontificia para la Vida, en un llamado dirigido a médicos y farmacéuticos.La imprecación del Vaticano apunta a la "píldora del día después", que comenzó a venderse el lunes en las farmacias de Italia, sólo bajo prescripción médica. La "píldora del día después" cuesta unas 20.000 liras (unos nueve dólares) y no es reembolsada por la seguridad social.Según estadísticas oficiales, en Italia se registran unos 10.000 embarazos no deseados cada año entre menores, de los cuales 6.700 desembocan en una interrupción voluntaria de embarazo.La "píldora del día después" se asemeja a un anticonceptivo de emergencia. Su eficacia está vinculada con la rapidez con la cual es ingerida.Según la Iglesia, la "píldora del día después" corresponde a un "aborto químico"."La Iglesia tiene derecho a lanzar mensajes para defender su concepción de la vida y llamar a la conciencia de los ciudadanos y del legislador, pero no puede llamar a médicos y farmacéuticos a no respetar la ley, a violar una norma europea", afirmó este miércoles la ministra italiana de Solidaridad Social, Livia Turco.La "cruzada" del Vaticano, tal como la calificó el diario La Repubblica, es un nuevo ejemplo del espacio creciente que desea ocupar la Iglesia en todos los sectores de la vida pública italiana.En la primavera (boreal) pasada, en plena crisis ministerial en Roma, Radio Vaticano, la emisora oficial de la Santa Sede, llamaba fervientemente a sus oyentes a elegir a un "centrista" para que dirigiera el Consejo.En octubre de 1998, el Vaticano criticó abiertamente el hecho de que el jefe de Estado nombrara al ex comunista Massimo D'Alema como presidente del Consejo.Desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta principios de los 90, Italia fue gobernada por la democracia-cristiana (DC), apoyada abiertamente por los obispos de la península.Antes de la elección de Juan Pablo II en 1978, como primer Papa no nacido en Italia después de más de cuatro siglos, muchos responsables italianos esperaban que la Iglesia pondría punto final a su intervencionismo en los asuntos de Estado. La desaparición en 1992 de la DC alentó esas esperanzas, que finalmente se desvanecieron.Juan Pablo II, que deseó una "nueva evangelización" se colocó en primera línea en determinados y candentes asuntos. Así, llamó a los católicos a comprometerse activamente a favor de una revisión de la legislación sobre el aborto. Dirigiéndose a un centenar de parlamentarios italianos condenó por adelantado cualquier ley que reconociera las uniones fuera del matrimonio.La fecundación artificial o la financiación de las escuelas privadas también son áreas en los que la Iglesia quiere tener algo que decir, y no se priva de hacerlo."En el Parlamento, el jefe de la oposición de derecha, Silvio Berlusconi, respaldó todas las causas del Vaticano", destacó el experto en el Vaticano de La Repubblica, Marco Politi. "Nada ha enriquecido más mi función de alcalde (de Roma) que las reuniones con el formidable Juan Pablo II", aseguró Francesco Rutelli, candidato de la coalición de centro-izquierda para las legislativas de la primavera (boreal) del año entrante.En cambio, la ex comisaria europea Emma Bonino, denunció la "guerra santa" del Vaticano y condenó "la tendencia intolerante" de la Iglesia católica.




