Las mujeres celebran un siglo de participación en las Olimpiadas
Hace un siglo en París 18 mujeres participaron por primera vez en unos Juegos Olímpicos. En Sydney, cien años después, la perseverancia del llamado 'sexo débil' se ve recompensada con una participación casi igualitaria entre ambos sexos en la mayoría de las categorías.
SYDNEY - Hace un siglo en París 18 mujeres participaron por primera vez en unos Juegos Olímpicos. En Sydney, cien años después, la perseverancia del llamado 'sexo débil' se ve recompensada con una participación casi igualitaria entre ambos sexos en la mayoría de las categorías.Si hace cuatro años en Atlanta un 36% de los participantes fueron mujeres, las féminas que disputan los Juegos Olímpicos australianos, que reúnen un total de 10.300 atletas, prometen ser más y mejores.Entre sus más recientes conquistas figuran la inclusión en la competición de la halterofilia y el waterpolo femeninos y la admisión en las disciplinas olímpicas del triatlón y el taewkondo para ambos sexos.Atrás quedó la Grecia antigua, cuando las mujeres no podían asistir ni siquiera como público a los Juegos, y la exclusión femenina en el inicio de las Olimpiadas de la era moderna, en 1896."En Cuba tenemos un sistema deportivo privilegiado: los hombres y las mujeres son tratadas igual. Cuando salgo al extranjero todavía tengo que escuchar que soy muy delgada para cargar un rifle de seis kilos, pero es gente que no conoce el deporte", declaró este miércoles a la AFP la tiradora cubana Eunice Caballero, de 27 años.En el año 1900 en París, deportistas de tenis y golf invadieron el Olimpo de los hombres y la inglesa Charlotte Cooper y la estadounidense Margaret Abott fueron las primeras campeonas olímpicas en tenis y golf, respectivamente, aunque no recibieron medalla. Las mujeres tuvieron que esperar hasta 1912 para subir al podio como el resto de los atletas."En América Latina sigue resultando difícil vivir del deporte. En Venezuela por ejemplo las disciplinas más importantes, el béisbol y el boxeo, son masculinas. Todavía existe una pequeña discriminación en las competiciones internacionales en las que los premios para las mujeres son menores", explican Luisana Pérez y Fabiola Ramos, jugadoras venezolanas de tenis de mesa.A pesar de las asignaturas todavía pendientes, las mujeres tienen razones para celebrar un siglo de Olimpiadas, ya que conquistaron rápidamente una gran parte del terreno deportivo que les correspondía sin pretender competir absurdamente con los hombres en fuerza o resistencia."Cuando me dicen que tengo un cuerpo de hombre, prefiero decir que poseo un físico de atleta", presume Michele Timms, jugadora australiana de básquet de 35 años, que se prepara para disputar sus últimos Juegos Olímpicos, después de participar en los de 1988 y 1996 y conseguir la medalla de bronce en estos últimos.Si para esta australiana "vivir significa jugar al baloncesto", lo mismo ocurre con las estadounidenses Lisa Leslie y Sheryl Swoopes, que supieron además sacarle partido a su condición femenina y a sus cuerpos espectaculares para hacer publicidad, posar para Vogue o desfilar vestidos de Armani. "Adoro lo que hago y doy el máximo de mí", señaló Swoopes este miércoles, recordando que ya jugó un uno contra uno con Michael Jordan.Hace siglos, una griega llamada Ferenice entró disfrazada de hombre a ver luchar a su hijo Diágoras en la Olimpiada. Su osadía no fue castigada con la muerte como estaba previsto pero obligó a los organizadores a exigir que espectadores y atletas acudieran desnudos a las pruebas.Hoy en día, las asignaturas pendientes de las mujeres son conquistar una mayor importancia en los órganos directivos deportivos y hacerse un lugar en algunos feudos masculinos como la lucha grecorromana y el boxeo.




