Cúcuta, seis meses sin Venezuela…
El comercio está paralizado, el desempleo está latente y los habitantes se sienten abandonados por el Gobierno.

Paso fronterizo(Foto: Colprensa)

Cúcuta
Han transcurrido 180 días sin que colombianos y venezolanos se puedan mover por los pasos fronterizos, mientras la crisis social y económica se agudiza, en una región que sigue sin oportunidades por falta de empleo y abandono del gobierno.
En las calles ya no hay compradores, no hay intercambio de la moneda venezolana, el costo de vida se ha elevado por la carencia de productos de primera necesidad que antes se adquirían a muy bajos costos. A esto se suma la inactividad del comercio y las casas de cambio que hoy no realizan una sola transacción. A esta se suma que en otras zonas limítrofes no muy lejanas, el contrabando no ha sido totalmente erradicado.
Y es que este panorama se traduce en más de 1.500 negocios cerrados, un desempleo que alcanza el 13.2% y los brotes de inseguridad que reflejan a un alto número de personas sin oficio y que solo en el rebusque o en la comisión de delitos han encontrado subsistencia.
Los empresarios cuestionan cómo el paso del tiempo refleja un congelamiento de las relaciones entre los dos países. Para el director de la Cámara de Comercio de Cúcuta, Carlos Luna, es “lamentable que esto se haya extendido tanto tiempo, las medidas que se tomaron fueron coyunturales y no estructurales, la situación sigue muy complicada y miles y miles de personas que vivían de ese intercambio siguen perjudicadas”.
Para el alcalde de Cúcuta, Cesar Rojas, existen mecanismos para empezar a dinamizar la frontera, como la propuesta de “abrirle la puerta a los empresarios del Táchira para que vengan e instalen sus empresas acá y nos ayuden en la generación de empleo; creo que alcanzaríamos más de cinco mil oportunidades para nuestros ciudadanos que quieren trabajar y que están en condiciones lamentables”.
El mandatario fue mucho más allá y advirtió que para esto necesitamos el apoyo del gobierno, tener una mecánica de diálogo permanente entre las autoridades de los dos países y que en realidad existan mecanismos de cooperación comercial en las fronteras con Venezuela, para contribuir a un menor bienestar entre los habitantes de estas zonas.
Los ciudadanos que derivan su sustento de las actividades informales en la zona limítrofe hoy lamentan la indiferencia del gobierno. “Traen puros paños de agua tibia, anuncios, promesas, de vez en cuando vienen los ministros a tomarse fotos, pero lo que estamos sufriendo es de hambre", dijo Carlos Peñaranda, un vendedor de bolívares, que ya no tiene que cambiar en los puentes, porque los clientes desaparecieron como por arte de magia.
En los pasos fronterizos después de seis meses “no hay vida”, la dinámica de la informalidad se acabó, la desolación, el cierre de negocios y actividades que generaban ingresos para colombianos y venezolanos no existe. Solo hay una esperanza que la propuesta reciente del gobernador del Táchira, Vielma Mora, de reabrir la frontera diurna, tenga el guiño del presidente de los venezolanos, pero esta iniciativa en el Palacio de Miraflores aún no tiene respuesta.




