Internacional

Canadá “acoge con satisfacción” la ambición de convertirse en “miembro asociado” de la UE

El primer ministro canadiense advirtió que esta alianza “no busca el poder para dominar a los demás”, sino “la resiliencia, para que nadie pueda controlar los mercados abiertos, menoscabar la soberanía, amenazar la integridad territorial o socavar las libertades”.

Imagen de referencia de banderas de Canadá. | Foto: Getty Images. / Craig Hastings

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, dijo este jueves ante la Eurocámara que “acoge con satisfacción” la ambición de convertir a Canadá en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea (UE), y señaló que esa futura alianza tendrá “un enfoque único y positivo” que ambas partes definirán.

“Canadá y la UE son fuertes por separado”, dijo Carney, quien añadió que Ottawa y los Veintisiete “son más fuertes juntos”, en su intervención ante el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia), tras asistir en la víspera al discurso sobre el Estado de la Unión que pronunció la jefa del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen.

En ese discurso, al que Carney asistió como invitado de honor (el primer líder de un país no miembro de la UE en hacerlo), Von der Leyen abrió la puerta a que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión, un estatus inédito y que supondría estrechar la cooperación en diversos ámbitos.

Carney dio la bienvenida a esa propuesta y dijo que la mayor cooperación se definirá por ambas partes, “aprovechando nuestras fortalezas comunes y basándonos en valores compartidos”.

Definió a continuación su visión para esa nueva categoría de colaboración entre ambas partes, que iría más allá del Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) sellado por Bruselas y Ottawa y aplicado de forma sólo provisional desde 2017.

El nuevo estatus, en su opinión, debería servir para “asegurar la autonomía estratégica” de ambas partes reforzando la cooperación en “minerales críticos, capacidad industrial de defensa, IA y computación, seguridad energética, espacio y pagos”.

Apostó en este sentido por “avanzar hacia un comercio digital fluido de bienes no agrícolas y una amplia gama de servicios”, y por “profundizar nuestros vínculos entre pueblos, permitiendo que nuestros jóvenes vivan, trabajen y estudien donde quieran a ambos lados del Atlántico”.

Carney se refirió en particular a la inclusión de Canadá en el programa de intercambio de estudiantes Erasmus+ y a su participación en la próxima generación del programa de financiación científica Horizon, y ofreció las contribuciones “a gran escala” del país norteamericano al suministro de gas e hidrógeno de la UE, entre otras áreas con mayor potencial de cooperación.

Alusiones indirectas a EE.UU.

“Debemos reconocer que el ecosistema que hemos construido aún no está a la altura de la ferocidad del clima cambiante, ni avanza con la rapidez suficiente para seguir el ritmo de esta convulsión”, dijo Carney, en lo que podría interpretarse como repetidas alusiones indirectas a las políticas y amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump.

“Hoy en día, nuestra sociedad no está a salvo de nuevas tormentas”, esbozó, ya sea por “el uso del comercio como arma”, instituciones multilaterales “que han sido debilitadas”, aranceles y mecanismos financieros utilizados para “ejercer presión” o cadenas de suministro que “constituyen puntos débiles que pueden ser aprovechados”.

En este contexto, abogó por “afianzar nuestros cimientos para defender nuestros valores”, al tiempo que se crea “un techo protector bajo el cual nuestros ciudadanos puedan prosperar”.

Carney también advirtió que Canadá y la UE “no buscan el poder para dominar a los demás” a través de esta alianza, sino “la resiliencia, para que nadie, absolutamente nadie, pueda controlar nuestros mercados abiertos, menoscabar nuestra soberanía, amenazar nuestra integridad territorial o socavar nuestras libertades, nuestras democracias y nuestro Estado de derecho”.

Su discurso ante la Eurocámara se produjo horas después de que Trump dijera que el mayor acercamiento de Canadá a la UE podría ser considerado un “acto hostil”, y amenazara con “serios aranceles” para frenar a Europa.

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