Orden Público

Informe confidencial advierte sobre plan para deslegitimar Gobierno de Abelardo De la Espriella

En ese escenario, actores violentos podrían usar movilizaciones como cobertura para bloquear corredores estratégicos, atacar infraestructura, provocar confrontaciones.

Bogotá, Junio 25 de 2026.El Consejo Nacional Electoral (CNE) realizó el acto oficial de entrega de credenciales a Abelardo De La Espriella y José Manuel Restrepo Abondano, quienes fueron acreditados como presidente y vicepresidente de la República de Colombia para el periodo constitucional 2026–2030. (Colprensa - Catalina Olaya) / Catalina Olaya

Un informe confidencial conocido por Caracol Radio advierte que Colombia podría entrar en una fase de alta sensibilidad política, social, informativa y de seguridad tras la segunda vuelta presidencial, por el riesgo de una estrategia orientada a erosionar la legitimidad del gobierno electo desde el inicio de su mandato.

El documento, marcado como “confidential” y presentado como una evaluación estratégica especial de una denominada “Colombia Observation Station”, plantea un horizonte de monitoreo de 90 a 180 días, con nivel de alerta elevado, prioridad analítica alta y riesgo estratégico alto.

Según el informe, el riesgo central no estaría en la validez formal de la elección, sino en que la disputa electoral sea trasladada al terreno de la gobernabilidad.

El análisis advierte que sectores de la administración saliente, actores políticos alineados, redes digitales, plataformas de información, movilización social, actores territoriales y estructuras ilegales podrían converger para presentar al nuevo gobierno como “débil”, “ilegítimo”, “condicionado”, sin suficiente respaldo popular o incapaz de ejercer control efectivo sobre el territorio.

El documento sostiene que el objetivo no sería necesariamente impedir la posesión, sino reducir la legitimidad operativa del gobierno antes de su consolidación. Para ello, la estrategia buscaría afectar su margen de maniobra, condicionar su agenda de seguridad y defensa, tensionar su relación con las Fuerzas Armadas y proyectar ante audiencias nacionales e internacionales la imagen de una crisis temprana de gobernabilidad.

Uno de los puntos más fuertes del informe es que describe esa lógica como una presión política indirecta: no habría una ruptura abierta del orden constitucional, pero sí una acumulación de narrativas, controversias, movilizaciones, denuncias, bloqueos, hechos violentos y campañas digitales orientadas a instalar la percepción de que el gobierno electo nace debilitado”.

Entre las narrativas que podrían impulsarse, el documento menciona que se instale la idea de que “el resultado electoral no fue transparente”, que “el gobierno nace ilegítimo”, que “la victoria fue formal, pero no legítima”, que “la transición está bloqueada, incompleta o viciada”, que “la nueva administración no representa al país real”, que “se desconoció la voluntad popular”, que “hay persecución política contra sectores salientes”.

Además que “las Fuerzas Armadas serán usadas para la represión”, que “la protesta es el único camino de defensa democrática”, que “el país entra en una fase de resistencia ciudadana”, que “el nuevo gobierno no tiene capacidad para controlar el territorio”, que “la crisis de seguridad demuestra que el gobierno llega debilitado”, que “la comunidad internacional debe monitorear la transición colombiana” y que “las instituciones electorales favorecieron a un sector político”.

La estrategia, según el documento, tendría una secuencia escalonada: “primero, mantener viva la duda sobre el resultado electoral; luego, convertir esa duda en narrativa política; después, usar la transición como campo de disputa; activar presión social y territorial; amplificar hechos de violencia o desinformación; escalar acciones armadas focalizadas; y finalmente instalar la idea de una crisis de gobernabilidad”.

En esa ruta, el informe menciona denuncias de irregularidades, acusaciones contra autoridades electorales, circulación de audios, videos o documentos no verificados, comparaciones manipuladas entre preconteo y escrutinio oficial, uso de etiquetas digitales asociadas a fraude o ilegitimidad, controversias sobre información recibida en el empalme, señalamientos por crisis heredadas, disputas por nombramientos y presiones para condicionar decisiones del gobierno entrante.

El informe advierte sobre el riesgo de convergencia entre protesta legítima, insatisfacción política, presión social inducida, infiltración violenta y aprovechamiento por parte de estructuras criminales o grupos armados ilegales.

En ese escenario, actores violentos podrían usar movilizaciones como cobertura para bloquear corredores estratégicos, atacar infraestructura, provocar confrontaciones con la Fuerza Pública, crear imágenes de victimización, obstruir operaciones militares, reforzar control social en territorios y proyectar la idea de que el gobierno electo no controla el país.

En materia territorial, el documento señala que el mayor impacto podría darse en zonas donde confluyen conflicto armado, debilidad institucional, economías ilícitas y comunidades vulnerables.

También se menciona como áreas de mayor sensibilidad Cauca, Nariño, Valle del Cauca, Catatumbo, Arauca, norte y Bajo Cauca antioqueño, Caquetá, Meta, Guaviare, Chocó y Putumayo.

“Cualquier vacío informativo podría ser ocupado por rumores o desinformación, y que decisiones de seguridad podrían ser presentadas como represión, militarización, debilidad o improvisación”.

Frente a las Fuerzas Armadas, el documento señala que podrían convertirse en blanco de campañas de deslegitimación si deben intervenir ante bloqueos, disturbios, ataques contra infraestructura o acciones armadas ilegales.

Entre los riesgos menciona acusaciones de uso excesivo de la fuerza, denuncias por omisión, señalamientos de intervención política, manipulación de videos o fotografías, judicialización de decisiones operacionales, ataques reputacionales contra comandantes e intentos de fracturar la confianza entre el gobierno electo y la Fuerza Pública.

Entre los indicadores de alerta temprana, el documento pide monitorear narrativas de fraude, ilegitimidad o desconocimiento del resultado; declaraciones ambiguas de actores salientes; uso coordinado de etiquetas digitales; quejas sin soporte probatorio; circulación de audios anónimos; llamados a desconocer o condicionar al gobierno electo; movilizaciones simultáneas; bloqueos en vías nacionales; ataques a infraestructura; hostigamientos contra la Fuerza Pública.

“Mantener coordinación interinstitucional durante la transición, la posesión y los primeros 100 días de gobierno, preparar líneas de comunicación estratégica, diferenciar protesta pacífica de infiltración violenta e instrumentalización criminal, documentar incidentes sensibles con soporte audiovisual, georreferenciación, cadena de custodia y trazabilidad de decisiones, evitar respuestas desproporcionadas u omisiones operacionales, reforzar la neutralidad de las Fuerzas Armadas y monitorear vínculos entre economías ilícitas, movilización territorial y presión política”.

La conclusión del documento sostiene que la segunda vuelta cerró el ciclo electoral formal, pero abrió una disputa por la legitimidad del gobierno electo, la narrativa pública, el control territorial y la gobernabilidad temprana.

De acuerdo con el informe, el “centro de gravedad” será la legitimidad institucional del gobierno electo. El factor crítico de éxito estará en el control narrativo, la neutralización de la desinformación, la coordinación interinstitucional, la respuesta proporcional y la preservación del orden constitucional.