Cielo brilla como la única niña arquera de un equipo de fútbol mixto en Nuevo Chambacú
Este esenario se ha convertido en el lugar donde nacen y crecen los sueños de la niñez cartagenera
Cielo Suárez. // Alcaldía de Cartagena
A los ocho años, Cielo Suárez todavía no sabía que el arco sería el lugar donde encontraría su mayor fortaleza. En ese momento jugaba como defensa, pero durante un partido su anterior entrenador, el profe Jimmy, descubrió en ella algo diferente: reflejos, agilidad y unas condiciones especiales para defender una portería. Entonces, puso a prueba su talento, cambiándola de posición.
Ingresa al grupo de alertas de Caracol Radio Cartagena
En un partido contra Dínamo, el equipo donde jugaba Cielo, su actual entrenador, Juan Ortiz, técnico del club Nuevo Bosque, se sorprendió al ver su talento. Desde ese momento quiso reclutarla y tenerla en su equipo como portera.
“Yo la vi jugar en un partido, me di cuenta de que tenía muchas habilidades y quise tenerla en mi equipo. Hicimos el contacto y desde ahí empezó este proceso con nosotros. Desde ese momento ha sido nuestro salvavidas”, recuerda su entrenador.
Hoy, cuatro años después, Cielo es la única niña de un equipo conformado por niños y se ha ganado un lugar a punta de talento, disciplina y compromiso. Sus compañeros la admiran, reconocen sus habilidades bajo los tres palos y destacan el papel fundamental que cumple dentro del equipo. Para ellos, Cielo no es solo la arquera. Es una pieza clave en cada partido.
“Me llevo muy bien con todos mis compañeros. Me siento bien siendo la única niña”, cuenta Cielo, quien asegura que, aunque algunas personas todavía creen que las niñas no pueden jugar fútbol con hombres, ella prefiere responder en la cancha.
“Hay gente que me juzga porque dicen que las niñas no pueden jugar con hombres, pero no le paro bola”, añade Cielo.
Su pasión por el fútbol la ha llevado a cosechar importantes reconocimientos. Cielo ya suma nueve trofeos, varios de ellos por destacarse como arquera menos vencida, pero su mayor motivación sigue siendo continuar creciendo y acercarse cada día a su gran sueño: convertirse en futbolista profesional.
En ese camino, su familia ha sido fundamental. Desde las graderías, su mamá la acompaña en cada partido junto a sus seres queridos, orgullosa de verla defender el arco y disfrutar un deporte que hace parte de la historia familiar.
Su mamá, Elena Señas, también conoce de fútbol. En su juventud jugó como central y el papá de la joven estrella fue portero. El fútbol siempre ha estado presente en sus vidas. Por eso entiende la disciplina, el esfuerzo y la pasión que hay detrás de cada entrenamiento de su hija.
“Para mí, es un orgullo que ella esté jugando en un equipo de niños. Es la única niña y es muy destacada ahí en el arco”, asegura Elena.
Hoy, Cielo cuenta con un escenario que acompaña ese proceso deportivo: el Nuevo Chambacú, un espacio creado para que los niños y jóvenes de Cartagena puedan entrenar, competir y desarrollar su talento en condiciones dignas.
Para la joven arquera, esta cancha representa una oportunidad para seguir avanzando.
“Esta cancha, este lugar, está todo espectacular. Antes no había tantas canchas para jugar y ya nos abrieron un espacio. Me gusta porque están los parques, las canchas y todo está muy bonito”, expresa Cielo.
Cada semana, el Nuevo Chambacú recibe a cientos de niños que llegan con la misma ilusión: mejorar sus habilidades, competir y perseguir sus sueños. En estas canchas se desarrollan torneos de fútbol menor, la Liga de Bolívar, donde participa el equipo de Cielo, y procesos de formación deportiva, donde entrenadores, familias y jugadores trabajan juntos para construir nuevas historias.
Allí, el deporte también se convierte en un punto de encuentro familiar. Padres, madres, abuelos y amigos llegan a las graderías para acompañar a sus hijos, celebrar cada gol, cada atajada y cada avance de quienes sueñan con llegar más lejos.
Para la mamá de Cielo, estos espacios son fundamentales porque permiten que más niños encuentren oportunidades a través del deporte:
“Con todas estas canchas que el alcalde Dumek está haciendo, está apoyando el fútbol y está sacando a muchos niños de la calle”, destaca Elena.
Lo mismo opina el técnico Juan Ortiz, quien recuerda cuando lo que hoy es el Nuevo Chambacú y la segunda fase intervenida, que está por terminar, eran un potrero donde les tocaba jugar a muchos niños y jóvenes en esas condiciones.
“Nada de lo que vemos hoy estaba así. A mí y a otros jóvenes nos tocaba jugar en el potrero que estaba aquí al frente, y los pelaos siempre ponían mala cara por las condiciones del espacio. Esta recuperación y creación de estos escenarios es importantísima para estos niños. Se está desarrollando un fútbol extraordinario aquí; además, los niños dejan de andar por ahí en malos pasos, ven estos escenarios y se motivan.”
El Nuevo Chambacú representa mucho más que una infraestructura deportiva. Es un escenario público y gratuito que permite que los talentos cartageneros tengan espacios adecuados para crecer, que los clubes desarrollen sus procesos y que más familias puedan disfrutar del deporte.
Porque detrás de cada cancha hay historias que merecen ser contadas. Historias como la de Cielo, una niña que desde el arco demuestra que los sueños no tienen límites y que, con disciplina, acompañamiento y oportunidades, es posible imaginar un futuro en grande.
Mientras ella sigue atajando goles, también sigue construyendo el camino hacia su sueño de vestir algún día la camiseta de la Selección Colombia femenina y demostrar que el fútbol también tiene un lugar para todas las niñas cartageneras.