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Salud Rural para la Paz: el modelo que fortalece el acceso al sector en el campo colombiano

Implementada en el marco del posconflicto, en los municipios de Chaparral e Icononzo, esta iniciativa liderada por dos universidades colombianas y una noruega, dota a sus participantes con herramientas para cuidar mejor su salud.

En campo se encuentran investigadores participantes del programa en el marco del proyecto “Caracterización de las inequidades en salud rural en dos municipios del Tolima: bases para un modelo demostrativo congruente con las necesidades de las comunidades"| Foto: Salud Rural para la Paz

Por: Sara Alejandra Medellin

Desde 2017 Salud Rural para la Paz busca garantizar el acceso a ese derecho de forma integral en el campo colombiano a través del fortalecimiento de redes de conocimiento que articulan a comunidades, autoridades territoriales y profesionales de la salud.

Su apuesta es construir capacidades locales con sentido de pertenencia y sostenibilidad, especialmente en territorios históricamente afectados por el conflicto armado colombiano.

Valga decir que, en Colombia, más del 30 % del territorio es rural y rural disperso, habitado por al menos 12,22 millones de personas, según proyecciones del DANE. Desde muchas de las veredas de estos municipios, acceder a una cita médica puede implicar horas de desplazamiento, impacto en la cotidianidad por dificultades económicas, familiares y laborales; y disponibilidad limitada de servicios hospitalarios.

Chaparral, por ejemplo, tiene 37 barrios urbanos, 5 corregimientos y 151 veredas; mientras que Icononzo cuenta con 14 barrios urbanos y 30 veredas, de acuerdo con el Instituto de Desarrollo Regional de la Universidad de Ibagué. Es allí donde se implementa el programa con el objetivo de reducir inequidades territoriales de forma sostenible y efectiva.

Con su implementación en el sur del Tolima, la apuesta es consolidar una experiencia replicable en otras regiones rurales, capaz de reducir inequidades y mejorar las condiciones de vida, tal como se plantea en la Metodología General Ajustada (MGA) del programa.

Salud vs. atención de la enfermedad

IPS del Tolima, a la derecha Cristina Lombo, enfermera de la Universidad Nacional e investigadora del modelo. |Foto: Salud Rural para la Paz.

Pensar en salud rural implica salir del hospital y entender el cuidado desde las condiciones de vida. No se trata únicamente de la presencia de hospitales o médicos, sino de los determinantes sociales en la cotidianidad, como el acceso al agua, las vías, la alimentación, el transporte o la educación.

En zonas rurales dispersas, donde las viviendas están alejadas y los servicios son limitados, estas condiciones se convierten en barreras estructurales aún más complejas, explica el equipo del proyecto.

Francisco Lemus, director de Salud Rural para la Paz, explica que, hoy, “la salud está construida para las zonas urbanas, creada en los escritorios en las ciudades, puede que las personas estén cubiertas en el sistema, pero es muy diferente el acceso”.

Por eso la intención del proyecto es llenar los vacíos del cuidado de la salud en la vida cotidiana de las comunidades y en fortalecer al personal de salud. Se proponen más líderes formados, se reconocen los saberes medicinales tradicionales de las personas y se busca la vinculación real con las instituciones para cubrir las necesidades desde la comunidad.

Para ser más específica, Rosa Margarita Durán Sabogal, profesora e investigadora del Departamento de Medicina Familiar y Salud Pública de la Universidad de La Sabana, explica que se forman promotores veredales para orientar, acompañar y detectar problemas de salud, se hacen procesos de capacitación dirigidas a cuidadores, líderes y personal local para fortalecer conocimientos en prevención y autocuidado.

Todo esto se vincula con la atención primaria en salud, que es el primer nivel del sistema, enfocado en prevenir enfermedades, promover hábitos saludables y resolver necesidades básicas antes de que se agraven, permitiendo que el cuidado de la salud ocurra directamente en el territorio y no dependa únicamente de la atención hospitalaria.

Territorios que explican el problema

Ramal en vereda del Tolima. Algunas personas en zonas rurales dispersas suelen requerir horas de desplazamiento hasta llegar a una cabecera municipal, significa caminar por horas, uso de acémilas, o ayuda de terceros. | Foto: Salud Rural Para la Paz

Municipios como Chaparral e Icononzo permiten entender la dimensión del desafío: son territorios marcados por el conflicto armado, la dispersión geográfica y las limitaciones en infraestructura. En muchas veredas, una persona puede estar a cinco, seis o incluso siete horas de un centro poblado. Allí, el acceso a la salud es una carrera contra el tiempo.

Según Lamus, que es médico y salubrista, el problema no es solo de cobertura, sino de enfoque: la estructura del sistema y su aproximación a las comunidades no responden a sus particularidades. La salud, insiste, no puede pensarse únicamente desde la atención primaria reactiva; implica comprender la cultura, el territorio y las dinámicas propias de cada comunidad.

La preocupación nace de la justicia social. Estas comunidades están rodeadas de inequidad que retorna constantemente.

Jadith Cristina Lombo Caicedo, profesora de enfermería en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad del Tolima, lo conecta con un problema mayor: “las personas que trabajan en los sectores rurales son los que garantizan la seguridad alimentaria… si no tienen condiciones de salud y educación, se pone en juego la soberanía alimentaria”.

Además, advierte sobre la migración campesina a las ciudades, impulsada por la pobreza y la falta de oportunidades. En Colombia, según el DANE, en 2019 la población campesina representaba el 28,4 % del país, para 2024 bajó al 25.4 %. Proyectos como el de Salud Rural pretendenque permanezcan en sus territorios, pero con una vida digna.

Los saberes de la comunidad

Capacitaciones y liderazgo de la comunidad en el Tolima. Compartir conocimientos entre actores es clave para dar cuidados preventivos y herramientas que soporten la salud propia y de nuestro entorno. | Foto: Salud Rural Para la Paz

En ausencia de servicios, las comunidades han desarrollado sus propias formas de cuidado. Muchas veces, un miembro de la familia asume el rol de cuidador sin formación formal.

De ahí que el proyecto ha desarrollar cursos y procesos de formación para fortalecer esas capacidades. No se trata solo de enseñar, sino de reconocer saberes previos y construir sobre ellos.

Lombo, coinvestigadora del proyecto, lo describe como un proceso en tres momentos: “reconocer los saberes, aprender nuevas capacidades y aplicarlas en el contexto”.

Implementación de nuevas tecnologías

Flor, es una herramienta de Inteligencia Artificial que hace accesible la información para la comunidad incluido personal de salud, usuarios de la zona y cualquier internauta en www.saludrural.site | Foto: Salud Rural para la Paz. / Sara Alejandra Medellín

A esos esfuerzos se suma FLOR, una herramienta de inteligencia artificial desarrollada dentro del proyecto para acercar información en salud a comunidades rurales de manera accesible y permanente.

Funciona como un asistente disponible a toda hora, que orienta tanto a usuarios como a personal de salud sobre rutas de atención, derechos en el sistema, cuidado de enfermedades y toma de decisiones en contextos donde el acceso institucional es limitado.

Su valor radica en traducir información técnica a un lenguaje claro y útil para la vida cotidiana, convirtiéndose en una extensión del modelo comunitario de salud. Es que, aseguran los investigadores, incluso los profesionales del sector enfrentan barreras para comprender la normatividad, por lo que esta herramienta facilita su labor en el territorio.

Sin embargo, su implementación está atravesada por la brecha digital en zonas rurales. En Colombia, el acceso a tecnologías y las habilidades para usarlas siguen siendo limitados, conforme el MinTIC. Ello implica que la alfabetización digital, desde saber manejar dispositivos, interpretar información y acceder a contenidos confiables, debe ser una condición clave para que estas soluciones funcionen.

Por eso, el proyecto combina el uso de herramientas tecnológicas con materiales audiovisuales, contenidos físicos y estrategias pedagógicas adaptadas a contextos donde la lectura, la conectividad o el uso de internet no siempre están garantizados, apostando por formas de aprendizaje más visuales, prácticas y culturalmente pertinentes.

La permanencia del personal de salud

Personal de salud del programa en trabajo de campo. Estar y visitar los municipios y sus veredas implica entender las dinámicas socioculturales de los territorios como parte del desarrollo | Foto: Salud Rural Para la Paz

Los educadores en salud explican que muchos profesionales llegan con una preparación centrada en contextos hospitalarios de alta complejidad, y deben adaptarse a escenarios con recursos limitados. Cuando finalmente logran hacerlo, rotan nuevamente, lo que impide la continuidad en los procesos comunitarios.

Frente a este panorama, desde la academia se impulsan herramientas y capacitaciones más pertinentes, integrando estos aprendizajes en los programas de formación. El objetivo es preparar profesionales con capacidades reales para trabajar en contextos rurales, entendiendo sus retos y potencialidades.

Sin embargo, la permanencia del personal depende también de condiciones estructurales. Garantizar vínculos laborales dignos, salarios justos, seguridad y acceso a vivienda adecuada es clave para que estos puedan cumplir su rol en el territorio.

Paralelamente, esta la necesidad de una formación contextualizada, que valore, como pretende la iniciativa, el saber empírico de las comunidades para crear vínculos reales con estas.

Liderazgo y reconstrucción de la confianza

Incentivación de la salud en el Tolima. Comprender la realidad de la comunidad implica escuchar directamente a quienes la viven día a día para lograr garantizar acceso de forma digna y oportuna y a servicios de salud | Foto: Salud Rural Para la Paz

Uno de los mayores retos ha sido recuperar la confianza entre comunidades e instituciones. “Las personas han sido frecuentemente institucionalizadas: llegan, toman la información y se van”, explica Rosa Duran del Departamento de Medicina Familiar y Salud Pública de la Sabana.

Esto genera resistencia, pero también una oportunidad: construir relaciones más horizontales y liderazgos comunitarios, especialmente a través de juntas de acción comunal, ha sido clave para impulsar soluciones desde el territorio.

A partir de este contexto, el programa maneja un enfoque de investigación-acción participativa (IAP), que involucra activamente a las comunidades en la identificación de problemas, la generación de conocimiento y la implementación de soluciones. Así, sus beneficiarios dejan de ser sujetos pasivos para convertirse en coinvestigadores de su propia realidad.

Su objetivo es mejorar las condiciones de vida y promover transformaciones sociales reales, garantizando que el conocimiento producido sea útil, pertinente y aplicable en las propias comunidades. “No solo el sistema baja, también hay que construir de abajo hacia arriba”, afirma el doctor Lamus.

Inversión y alcance

Entrega de resultados en el marco del programa de Salud Rural Para la Paz en la Universidad del Tolima en Ibagué. | Foto: Salud Rural para la Paz

En el marco de la cooperación internacional que acompañó el Proceso de Paz en Colombia, Noruega se consolidó como uno de los garantes del Acuerdo. Desde ese rol, impulsó iniciativas orientadas a la reconstrucción de los territorios más afectados por el conflicto armado.

Salud Rural para la Paz surge entonces de la alianza entre la Universidad de La Sabana, la Universidad del Tolima y la Universidad del Ártico de Noruega.

El proyecto, financiado con recursos de las EICE y SEM, aportes privados y el Sistema General de Regalías, cuenta con una inversión de $3.823.038.076 y ha beneficiado a 62.634 personas.

Un modelo de salud para adaptar como base de la paz

El ideal es que las comunidades se conviertan en gestoras de su propia salud. Más que una solución única, se plantea como un modelo demostrativo que busca comprender y transformar la realidad desde el territorio, según Colciencias.

La experiencia en Chaparral e Icononzo demuestra que la salud rural no depende únicamente de hospitales o médicos, sino de la capacidad de las comunidades para organizarse, participar y transformar su entorno.

En este tipo de modelos es imprescindible “escuchar, traducir, devolver y sostener”, afirma Lamus. Aquí se propone un cambio de enfoque: entender que la salud no empieza cuando alguien se enferma, sino en las condiciones que hacen posible la vida.

En la ruralidad marcada por el conflicto, cuidar la salud se convierte en un punto de partida para reconstruir el tejido social.