Salud y bienestar

El hombre detrás de Coosalud: el posible regreso de Jaime González en medio de cuestionamientos

El nombre de Jaime Miguel González Montaño vuelve al centro del sistema de salud colombiano. Y no precisamente en silencio.

Jaime Miguel González Montaño actualmente exgerente de la EPS Coosalud vuelve a ocupar un lugar central en el sistema de salud colombiano. No por una nueva apuesta de gestión ni por un cambio estructural en la EPS, sino por una decisión judicial que reabre una discusión incómoda: su posible regreso al control de una de las entidades más grandes del país.

El Tribunal Administrativo de Bolívar insistió, en un nuevo pronunciamiento, que el Gobierno debe entregar de manera inmediata la EPS a su antiguo representante legal, en cumplimiento de una orden emitida el pasado 14 de abril de 2026.

A pesar de la claridad del fallo, la entidad sigue bajo la administración del agente interventor designado por la Superintendencia de Salud, pero más allá del pulso entre el Tribunal y el Gobierno, hay una pregunta que se impone con fuerza. ¿Quién es el hombre al que la justicia ordena devolverle el manejo de una EPS con más de 3,3 millones de afiliados?

Tres décadas de control

Durante casi treinta años, González no solo fue el gerente de Coosalud. Fue, en la práctica, el eje de una estructura que concentraba distintas figuras bajo una misma dirección. Al mismo tiempo, ejerció como representante legal de la EPS, de la cooperativa propietaria y de una empresa privada vinculada al mismo grupo.

Ese esquema, que le permitió consolidar poder durante años, es hoy uno de los principales focos de cuestionamiento. La coexistencia de estructuras públicas y privadas bajo un mismo liderazgo plantea interrogantes sobre la forma en que se administraron recursos de la salud, especialmente tratándose de dineros públicos destinados a la atención de poblaciones vulnerables.

Un historial judicial que se acumula

El panorama judicial que rodea a González no es menor. Por lo menos ha enfrentado más de 36 noticias criminales en la Fiscalía General de la Nación, todas en etapa de indagación y provenientes de distintos lugares del país.

No se trata de un proceso aislado ni de una única denuncia. Son investigaciones que han sido radicadas en ciudades como Cartagena, Bogotá, Cali, Cúcuta y Bucaramanga, entre otras, y que en su mayoría comparten un mismo eje... el presunto incumplimiento de decisiones judiciales.

El delito que más se repite es el de fraude a resolución judicial, es decir, la posible desatención de órdenes emitidas por jueces.

En el contexto del sistema de salud, este punto resulta especialmente sensible. Detrás de cada fallo judicial suele haber un paciente que acudió a la justicia para reclamar un tratamiento, un medicamento o una atención urgente. Las denuncias sugieren que, en varios casos, esas órdenes no se habrían cumplido.

A este escenario se suman investigaciones por fallas en la administración, falsedad en documento privado, prevaricato por omisión. Aunque estos procesos no han derivado en condenas, sí configuran un panorama de alto escrutinio judicial.

Las alertas sobre el manejo financiero

Las dudas no se limitan al ámbito penal. También existen cuestionamientos de fondo sobre la forma en que se manejaron los recursos durante su administración.

Un macroinforme remitido a la Fiscalía y denunciado por la Superintendencia de la Economía Solidaria, advierte la posible existencia de un patrón estructural en la gestión financiera de Coosalud, caracterizado por el traslado progresivo de obligaciones entre la EPS, la cooperativa y otras empresas del grupo.

Según ese documento, se habrían utilizado distintos mecanismos financieros que, aunque pueden ser legales de manera individual, en conjunto podrían haber alterado la realidad económica de la organización.

Entre los aspectos más delicados se encuentra el uso de instrumentos como pagarés en blanco, la reorganización de pasivos a través de estructuras fiduciarias y la transformación contable de deudas en inversiones.

Uno de los hallazgos más sensibles es el relacionado con el Fondo de Aportes Sociales de la cooperativa, donde se identifica un faltante cercano a los 14.450 millones de pesos frente a lo que debería existir en ese patrimonio.

Se trata de recursos pertenecientes a los asociados, lo que introduce un elemento adicional de preocupación sobre el impacto de estas operaciones.

El deterioro y la intervención

Con el paso de los años, los problemas comenzaron a reflejarse en las cifras. Coosalud pasó de tener un patrimonio positivo a enfrentar un deterioro financiero significativo, lo que encendió las alertas de las autoridades.

La intervención por parte de la Superintendencia de Salud se dio en ese contexto, con el objetivo de proteger tanto los recursos públicos como la prestación de servicios a millones de afiliados. La medida buscaba estabilizar la entidad y garantizar la continuidad en la atención.

Sin embargo, ese escenario ahora entra en contradiccón con la orden judicial que exige devolver la EPS a su antiguo gerente.

Un choque institucional en curso

La decisión del Tribunal Administrativo de Bolívar no deja margen de interpretación. La orden debe cumplirse de manera inmediata y ya fue comunicada a entidades como la Procuraduría y la Contraloría, lo que abre la posibilidad de investigaciones por el incumplimiento.

Aun así, la Superintendencia de Salud no ha ejecutado la entrega.

Sun embargo, lo que está en juego no es únicamente el control de una EPS. Es la administración de recursos públicos de la salud, la atención de millones de usuarios y la confianza en el sistema.

El eventual regreso de González no ocurre en un vacío. Ocurre en medio de investigaciones abiertas, cuestionamientos financieros documentados y un historial que hoy está bajo revisión de las autoridades.