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Francisco Doglio y los tres errores que frenan a muchos negocios digitales

Es difícil trazar una línea recta entre quien graba tutoriales cortos en una cocina prestada y quien sostiene una comunidad fiel con contenidos largos y metódicos

Francisco Doglio y los tres errores que frenan a muchos negocios digitales

O entre el influencer que aparece a diario en pantalla con energía impecable y el creador de contenido que publica poco, pero cuando lo hace genera un gran impacto en su negocio.

Las cifras ayudan a dimensionar por qué esos errores importan. El negocio alrededor de los creadores de contenido se ha convertido en una industria global que ya no se explica solo por carisma o intuición. Informes citados por El País apuntan a un sector en expansión, con millones de personas intentando monetizar su presencia digital y con una distribución desigual de los ingresos.

En ese paisaje se mueve Francisco Doglio, creador de contenido uruguayo y fundador de Arcadia Media Company. Su punto de partida, según él mismo lo cuenta, fue notar un patrón que se repetía incluso entre perfiles grandes: mucha actividad, poca certeza. “Todos tenían un mismo problema: no tenían ni idea cuál era el contenido que realmente les estaba generando ventas”, dijo Doglio al explicar el momento en que decidió cambiar el enfoque y trabajar con medición y atribución.

El primer fallo, quizá el más extendido, es confundir movimiento con avance. Publicar todos los días puede sonar a disciplina, pero Doglio insiste en que no equivale a estrategia. Su idea de estrategia es menos romántica y más metódica: cada pieza debe tener intención, estar redactada con cuidado y empujar a la audiencia hacia una comprensión más clara de sus problemas y la necesidad de solucionarlos. Cuando eso no existe, el contenido se convierte en una secuencia de intentos aislados, difíciles de sostener y todavía más difíciles de mejorar.

El segundo error tiene un disfraz seductor: medir todo con “métricas de vanidad”. Likes, visualizaciones, comentarios. No es que no sirvan, pero pueden engañar. Doglio lo dice sin rodeos: el oxígeno del negocio no son los likes, son las ventas. Y aunque suene obvio, en la práctica muchos creadores siguen tomando decisiones guiados por métricas que no necesariamente explican el comportamiento de compra.

El tercer error aparece cuando el creador se enamora de la ocurrencia del día y descuida el hilo largo. Doglio lo llama falta de narrativa de marca: tratar cada publicación como si fuera independiente, cuando en realidad el público interpreta conjuntos, repeticiones, patrones. Una narrativa consistente no es un eslogan bonito; es la suma de decisiones editoriales que, con el tiempo, vuelven reconocible una voz.

Francisco Doglio repite que la claridad no nace de consumir más información, sino de ejecutar menos hipótesis al mismo tiempo, medir con precisión y ajustar. Es una postura que incomoda porque baja el volumen y sube la exigencia: pide renunciar a la ansiedad de “probarlo todo” y asumir que el progreso se ve en decisiones operativas, no en acumulación de ideas.

La economía de los creadores seguirá creciendo, y con ella seguirá creciendo el ruido. Pero esos errores, los de siempre, van a seguir separando a quienes construyen algo sostenible de quienes solo corren detrás del próximo pico de atención. Y en esa diferencia, Francisco Doglio insiste en lo mismo desde el inicio: sin medición, sin narrativa y sin intención, cualquier pieza de contenido no es más que simple ruido.

Erix Montoya Bustos

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