La minería ilegal de oro ha devastado más de 200 hectáreas de bosque en el sur del Tolima
La extracción ilegal de oro, la cual sería controlada por las disidencias de alias Iván Mordisco en el sur del Tolima, amenaza con alterar ecosistemas, contaminar ríos y extinguir especies endémicas.
Tolima
Un estudio técnico con apoyo de imágenes satelitales permitió determinar que la extracción ilícita y masiva de oro en el sur del Tolima ha devastado, hasta ahora, 232 hectáreas de cobertura vegetal, lo que ha generado afectaciones —sobre todo— en las riberas de los ríos Saldaña y Atá, en el municipio de Ataco.
De acuerdo con el estudio realizado por funcionarios de la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima), las principales coberturas afectadas corresponden a bosque ripario, bosque ripario mixto, bosque secundario, pastos arbolados y áreas forestales protectoras; estos son ecosistemas esenciales para la regulación de cauces, la estabilidad del suelo y la conectividad biológica.
El cálculo de las áreas aproximadas intervenidas por la minería ilegal se realizó mediante un análisis multitemporal en el que se usaron imágenes de satélite de resolución temporal diaria, lo que permitió a la corporación efectuar un seguimiento detallado y georreferenciado de las zonas afectadas.
“En total son 232.08 hectáreas que están siendo afectadas. De las fuentes hídricas, solo en Ataco se están impactando el río Saldaña, el río Atá y la quebrada Pole, además de los daños a la fauna. Las afectaciones se están presentando sobre todo en los recursos naturales, que es la competencia que nos corresponde, independientemente de las causales jurídicas que derivan en los procesos sancionatorios, que hasta ahora son 75”, detalló Olga Lucía Alfonso, directora de Cortolima.
El informe advierte que el ingreso y operación de maquinaria pesada en los ríos Atá y Saldaña han generado modificaciones en los cauces, incremento de la turbidez y remoción del lecho, alterando la dinámica natural de los ríos y causando daños directos sobre los ecosistemas acuáticos.
Además, el uso de motobombas y maquinaria sumergible dentro del cauce representa un riesgo de contaminación por posibles derrames de combustibles, aceites y lubricantes; sustancias que contienen hidrocarburos y compuestos tóxicos que, aunque difíciles de cuantificar en su totalidad, pueden generar efectos adversos sobre la calidad del agua, la biota acuática y los usos del recurso hídrico aguas abajo.
Adicionalmente, la sobreexplotación, la construcción de obras sin permiso ambiental en llanuras de inundación y la tala en zonas de protección incrementan la amenaza de inundaciones o avenidas torrenciales. Estas acciones, señala el informe, alteran el comportamiento natural de los ríos y elevan el nivel de riesgo para las comunidades asentadas en áreas ribereñas del municipio.
Biodiversidad en riesgo
De acuerdo con el Estudio de Evaluación Regional del Agua (ERA), un instrumento de planificación del recurso hídrico elaborado por Cortolima, en estos sistemas hídricos se han identificado aproximadamente 60 especies de ictiofauna, 112 de macroinvertebrados y 58 de perifiton. Entre ellas, al menos 12 especies de peces son endémicas; es decir, exclusivas de este territorio y sin presencia en otras regiones.
El informe técnico advierte que la remoción de sustratos rocosos, arenosos y lodosos derivada de la extracción aurífera está alterando de manera directa el hábitat y las condiciones fisicoquímicas del agua necesarias para el ciclo de vida de estas especies. La pérdida de estos microhábitats compromete procesos esenciales como la alimentación, reproducción y refugio de la fauna acuática.
Asimismo, las intervenciones en el cauce pueden generar barreras que afecten la movilidad de especies migratorias, alterando procesos ecológicos fundamentales en la cuenca. De mantenerse estas actividades, la presión sobre las poblaciones podría traducirse en una disminución de individuos, fragmentación de hábitats y el deterioro progresivo del equilibrio ecológico del sistema fluvial.
Calidad del agua bajo vigilancia
En relación con la calidad del recurso hídrico, los análisis realizados en 2026 por la Gobernación del Tolima en los principales sistemas de abastecimiento del municipio no evidenciaron presencia significativa de mercurio en el agua destinada al consumo humano. Según las verificaciones en campo, la explotación aurífera identificada se desarrolla sobre depósitos aluviales y emplea métodos físicos de clasificación y lavado, sin uso de mercurio ni procesos de amalgamación.
Sin embargo, Cortolima y la Secretaría de Salud del Tolima mantienen un monitoreo permanente ante la eventual presencia de sustancias contaminantes que puedan comprometer las fuentes abastecedoras y los acueductos municipales.