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La herida de la guerra se hace más profunda cada año: Natasha Ivzhenko refugiada ucraniana en España

En 6AM W estuvo Natasha Ivzhenko, ucraniana refugiada en España, para hablar de su historia tras 4 años de guerra con Rusia

La herida de la guerra se hace más profunda cada año: Natasha Ivzhenko refugiada ucraniana en España

Hace cuatro años, la vida de Natasha Ivchenko cambió para siempre. Vivía en Kiev, tenía casa, carro, estaba casada y criaba a sus dos hijos en lo que describe como una vida tranquila.

Pero una madrugada, a las cinco y media, las explosiones la despertaron. Su vivienda estaba a cinco kilómetros de un aeropuerto militar que comenzó a ser bombardeado en los primeros días de la invasión rusa liderada por Vladimir Putin contra Ucrania.

“Pensábamos que esto se arreglaría pronto”, recuerda. Sin embargo, los días se convirtieron en meses y luego en años. El conflicto, que el presidente Volodímir Zelenski ha definido como una lucha por la supervivencia nacional, terminó fragmentando también su familia.

La decisión de huir tras el bombardeo a un hospital infantil

Durante un mes, Natasha se trasladó con sus hijos a una zona más alejada de objetivos militares. No quería abandonar su país. Pero el 15 de marzo, tras ver las imágenes del bombardeo a un hospital infantil y los cuerpos de niños heridos y muertos, tomó una decisión definitiva.

“Al día siguiente, a las siete de la mañana, monté a mis hijos en el coche y me fui del país”, relata.

Eligió España porque había aprendido el idioma en Ucrania. El trayecto duró cuatro días: cruzó Ucrania hasta la frontera con Polonia, luego atravesó Polonia, Alemania, Francia y finalmente llegó a territorio español.

Cuatro días en carretera con dos niños y sin certezas

En el asiento trasero iban sus hijos: Victoria, de 12 años entonces, y Víctor, de 6. Durante el viaje evitó hablarles de la guerra. No había música ni distracciones. Les hablaba de España, de una nueva cultura, de la idea —que entonces parecía cercana— de volver pronto a casa.

“No fue así”, dice con serenidad contenida.

Hoy, cuatro años después, su hijo menor tiene 10 años y cada vez le cuesta más hablar su idioma natal. Aun así, mantienen contacto diario con familiares que siguen en Kiev. Los recuerdos sobreviven: las jornadas de pesca con su padre, la guardería, los amigos, los partidos de fútbol.

Cuando le preguntó si quería regresar a Ucrania, el niño respondió preguntando si sus amigos seguían allí. La mayoría también huyó con sus familias.

Una familia dividida por la guerra

El padre de sus hijos permanece en Ucrania. Las restricciones impuestas a los hombres en edad militar le impidieron salir del país. La distancia y la presión emocional terminaron rompiendo el matrimonio.

“El matrimonio se rompió por la guerra y por la distancia. No soy la única”, explica. Considera que esta es una de las consecuencias menos visibles del conflicto: familias separadas, proyectos de vida fracturados y mujeres obligadas a empezar de cero en otro país.

¿Volvería a Ucrania si hay un acuerdo de paz?

La pregunta sobre el regreso es la más frecuente que recibe. Su respuesta es otra pregunta: “¿Alguien me puede decir la fecha y cómo se acaba esta injusticia?”.

Aunque agradece el acogimiento en España, asegura que su alma sigue en Ucrania. La herida, afirma, no ha cicatrizado con el paso del tiempo. “Con cada año se hace aún más profunda”.

Cuatro años después de aquella madrugada de explosiones, Natasha mantiene la esperanza de que algún día pueda hablar no de exilio ni de huida, sino de victoria y regreso.

Daniela Puerto

"Periodista de la Universidad del Rosario con...