Literatura con uniforme: un puente entre los niños y la Policía
Leer y escribir son actos de libertad. En cada palabra, un niño puede encontrar una razón para transformar su vida
Foto: Policía de Bolívar.
Por: Emilio Gutiérrez Yance
En Río Viejo, al sur de Bolívar, la temporada escolar no solo se anuncia con cuadernos frescos y mochilas cargadas de sueños. También llega con libros abiertos y voces que leen en voz alta. Allí, donde el calor aprieta y el río acompaña la rutina diaria, un policía de Infancia y Adolescencia ha convertido la lectura en un acto cotidiano de cercanía.
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No hay tarimas ni discursos largos. A veces es bajo la sombra de un árbol; otras, en un aula prestada o en la pequeña biblioteca del municipio. El uniforme, lejos de imponer distancia, se vuelve un gesto de confianza. El policía se sienta al nivel de los niños, abre un libro y deja que las palabras hagan su trabajo. Pregunta, escucha, sonríe. La autoridad cambia de forma: ahora es guía, ejemplo, compañía.
Los niños se acercan con curiosidad. Algunos leen despacio, otros apenas descifran las letras, pero todos participan. Descubren que la lectura no es solo una tarea escolar, sino una puerta a mundos distintos, a personajes que se parecen a ellos o que los llevan lejos de su realidad inmediata. En cada página, aprenden a nombrar emociones y a imaginar futuros posibles.
Con el paso de las semanas, el encuentro se vuelve esperado. Los libros pasan de mano en mano como quien comparte un tesoro. Para muchos niños, es el primer vínculo real con la lectura por gusto. Para el policía, es una forma silenciosa de protección: sembrar pensamiento, curiosidad y esperanza como herramientas de vida.
La iniciativa cuenta con el respaldo institucional del comando departamental. El coronel Diego Fernando Pinzón Poveda, comandante del Departamento de Policía Bolívar, lo resume así: “Proteger a nuestros niños también significa brindarles oportunidades para crecer con valores, pensamiento crítico y sueños. Fomentar el amor por la lectura es una forma de prevención y de construcción de futuro, y por eso respaldamos estas acciones que nacen desde el territorio.”
En Río Viejo, mientras las cifras siguen su curso en los informes oficiales, queda esta escena sencilla y poderosa: un policía, un libro y un grupo de niños escuchando atentos. Porque a veces, la mejor manera de cuidar es enseñar a leer. Y porque hay historias que no solo se cuentan: también se siembran.