50 años enfrentando la violencia: la Federación Campesina del Cauca dignifica el trabajo campesino
La decisión de permanecer en el territorio, sembrando comida, protegiendo la naturaleza y trabajando en comunidad, fue la forma en la que se convirtieron en la primera organización de Colombia certificada en prácticas de comercio justo.
La federación resiste desde el enriquecimiento y el relevo generacional en vías del desarrollo campesino. |Foto: cortesía Federación Campesina del Cauca
La Federación Campesina del Cauca (@fcc.coffe) tiene como testimonio a 380 familias integradas de su lucha desde los años 70 en contra de la violencia que incluso les ha costado la vida a muchos de sus líderes.
A pesar de ello, son ejemplo de liderazgo en la región. Para 2004 se volvieron la primera organización de Colombia certificada por sus prácticas de comercio justo. La Federación Caucana exporta café de alta calidad a países de Europa y Asia, e innova en propuesta de generación de valor para la comunidad.
La FCC está resignificando el término de campesinado, fomentando las condiciones dignas y el orgullo en el sector agricultor de la región con sus raíces y labor.
Una acción que puede ejemplificar tal intención es la de impulsar la autonomía económica de las mujeres a partir de alianzas con la ONU y el Parque Tecnológico del Café, creando el proyecto Raíces, mujeres sembradoras, con el que impacta 12 departamentos.
En un inicio, la federación se consolidó como organización social en respuesta a un violento y desarraigado contexto de violencia en el Cauca, buscando economía sostenible, para brindar oportunidades y las tierras que por derecho son campesinas.
Desde su origen, se buscó tecnificar procesos, que el negocio fuese amigable con el medio ambiente; en el 2000, lograron especializarse en producción y comercialización de cafés especiales y orgánicos.
Fieles a sus principios, en las siguientes décadas, lograron que sus productos fueran completamente libres de agrotoxicos, dieron un paso adicional creando la planta de producción de abonos orgánicos y bioinsumos, e incluyeron la siembra de yuca, maíz y otros alimentos, introduciendo la idea de soberanía alimentaria en el territorio.
Mujeres campesinas y lideresas
En ese camino, María Cecilia Tovar recuerda: “A lo largo de nuestra historia, muchas mujeres se han destacado. Hemos tenido desde presidentas de la junta hasta excelentes líderes dentro de las organizaciones sociales, que hoy son ejemplo. Tal vez estos ejercicios han permitido que cada día seamos más”, ahora a sus 40 años como coordinadora social en la federación.
Y es que otra iniciativa fue la del enfoque de género de la FCC, ya que durante su crecimiento aumentaba la presencia de mujeres. Y vieron la necesidad de implementar medidas para que, con el tiempo, ellas fueran tomando la batuta.
Actualmente, alrededor del 70% de las colaboradoras son mujeres y el 30% de las organizaciones sociales están lideradas por jefas de hogar en la federación. Al respecto, el director de la federación, Eyver Díaz, de 34 años, explica: “Una mujer será menos vulnerable si la empoderamos desde lo organizativo y económico”.
¿Hay jóvenes interesados en trabajar en el campo?
Una cosa que destaca Díaz es la planta de abonos Alejandro Jojoa, la semilla de la escuela campesina de la FCC, en la que enseñan sobre producción orgánica y agroecológica, asociatividad y cooperativismo. El presidente de la FCC explica que “queremos aprovechar la experiencia de los líderes mayores y la energía que tenemos los jóvenes”.
Con la meta de recuperar la identidad campesina, es imposible no tener en cuenta las nuevas generaciones; la escuela campesina juega el papel de llamar la curiosidad en muchos jóvenes a trabajar de forma legítima y digna en el trabajo de la tierra.
En respuesta a tal reto, han mejorado las fincas lideradas por mujeres, el acceso a la educación superior para los jóvenes y el desarrollo de proyectos alrededor del café. En este momento, muchos de los integrantes de la FCC son de la segunda o tercera generación en la organización.
Relevo generacional que cumple un rol importante; al respecto, Tovar encontró un lugar donde es parte de algo más grande. “Me quedé en la FCC porque me enamoró hacer parte de una organización en la que entendemos que podemos hacer muchísimo más juntos. Somos una comunidad capaz de trabajar por unos objetivos comunes”, cuenta.
La comunidad es una idea que reside en una parte del éxito de la federación; sin embargo, otra está en su capacidad histórica de resistir, palabra que tanto Díaz como Tovar escucharon de sus padres y líderes.
Muchas de estas personas dedicaron su vida a abrir el camino y mostrar otra cara del Cauca. “Para nosotros la resistencia es permanecer en los territorios, seguir sembrando comida, seguir protegiendo la naturaleza, seguir trabajando en comunidad”, concluye Tovar.